jueves, 7 de marzo de 2013

La despedida


La Biodescodificación cesó mi necesidad de escribir para liberarme, básicamente porque eliminó la palabra “necesidad” de mi interior. Necesitar implica la existencia de una carencia que queremos cubrir  y he dedicado, y dedico, mucha energía  para sentirme completa sin tener que recurrir a métodos que más que una catarsis suponen una adicción a compartir algo que por dentro me queda grande. Ya no hay sentimiento que me pueda superar. Escribir, por lo tanto, no es ya una herramienta necesaria para liberarme de algo que me oprime el pecho o que se me escapa por los dedos, sino que es una forma de entregar, con amor y libremente, un mensaje al mundo.

Diría que estos últimos meses han sido especialmente intensos, pero entonces echo la vista atrás y me doy cuenta de que he tenido una vida muy intensa de la cuál he aprendido mucho. Sin embargo, es sobre todo en estos últimos cinco años cuando más rápido se han sucedido las enormes y valiosas lecciones que he ido asimilando e integrando. ¡Qué agradecida estoy por ello!

Entre todas esas cosas que he aprendido, sin duda, lo más valioso ha sido comprender y experimentar el amor incondicional en todas sus formas y reconocer el valor de uno mismo, que al fin y al cabo, es otra forma más de amor.

He aprendido que nadie que no me valore merece mi amor, porque éste es digno de ser ganado ya que es muy grande y valioso. He aprendido a ver a mis espejos, a conocer mi sombra, y a aceptarme a mí misma con ella, pues cada uno de nosotros es un ser perfecto y mi sombra no es menos valiosa que mi luz. Todo está en equilibrio.

He aprendido a desarrollar mi intuición hasta el punto de comprender casi en todo momento qué mensaje tiene el Universo para mí y cuál es el camino que debo seguir. No necesito perderme en preocupaciones o preguntas sin respuestas, pues sé que en cada momento estoy donde tengo que estar y donde tengo una tarea asignada. Y puesto que el momento presente, el ahora, es lo único que importa, no necesito volver al pasado y mucho menos vivir con la mente en el futuro, pues aquí, en este preciso lugar y en este preciso momento, está todo lo que necesito para ser feliz.

He aprendido también que todo lo que necesito está en mi interior. Que no puedo cambiar nada de mi vida o de mi entorno, pero sí puedo cambiar yo, y todo lo demás cambiará conmigo. Por ello, una vez excluida la palabra “necesidad” de mi ser y de mi vocabulario, el apego no cumple ninguna función útil y entonces llega el momento de abrir las manos y desprenderse. Todo lo que no tenga que estar en mi vida caerá, se alejará de mí. Y yo le daré las gracias por todo cuanto aprendí de ello, porque su función fue muy importante y esencial, pero toca seguir adelante y solo continuará aquello con lo que comparta la misma sintonía, aceptación y amor incondicional.

He aprendido que el miedo, único sentimiento que existe además del amor y del que parten emociones como la rabia, la ira, la negatividad, el rencor, la tristeza, los prejuicios… no sirve para nada y por lo tanto, como todo lo que ya no es útil, hay que dejarlo ir… abrir las manos una vez más para soltarlo y desprenderse. No hay que tener miedo porque nada puede salir mal ya que todo tiene una razón de ser.

He aprendido a ser honesta conmigo misma, a no ir en contra de mis sentimientos. A decir “no” cuando por dentro siento un “no” y a decir “sí” si mi interior siente un “sí”, y vivir con esa coherencia entre sentimiento y acción, no solo me hace ser más sincera conmigo misma sino que me hace ser más honesta también con los demás. Esa honestidad nace de mí en el momento en el que me valoro, en el momento en el que me permito ser yo misma, no quien debería ser, quién mi familia o mis amigos o antiguos amigos desearían que fuera o siguiera siendo. Me permite ser yo, mostrarme como soy, y esa es mi gran valía.
He aprendido que se puede soñar con los pies en el suelo. Que se pueden cumplir los sueños, pues una vez te has librado del miedo, ya no tienes ningún obstáculo que te impida ir a por lo que deseas. El Universo te guía, entrégale tus inquietudes y camina de su mano, nunca te llevará a ningún lugar en el que no debas estar.

He aprendido que nada que no me genere ilusión, emoción, pasión… amor, merece la pena ser realizado, pues ello implicaría incoherencia conmigo misma, y dado que me acepto a mí misma totalmente, no tengo que ser nada que no quiera ser.  Además, también he aprendido a no mendigar amor, a dejar de ser la amiga que siempre está aunque tú nunca estés, la que siempre llama a tu puerta aunque tú no llames a la suya, porque ya no necesito que me quieran. Ya no necesito que me valoren, porque me siento bien conmigo misma y nadie tiene que completarme.

Cuando comprendes todo esto es más fácil querer. Pues quieres libremente, sin interés ni carencia. Quieres a una persona por lo que es no por lo que necesitas que sea para ti.

Dejar de pensar automáticamente y empezar a sentir, purificar el inconsciente y contemplar la vida desde el amor, son cosas que han hecho que deje de perderme en banalidades. Y aunque todavía, y por suerte, me espera un gran camino que andar y muchísimas cosas por aprender, al menos sé que mi intuición es mi guía y que siempre que ésta continúe de la mano del Universo las cosas fluirán, tal y como hasta ahora ha estado ocurriendo.

“Ama. No me refiero tan solo al amor hacia otra persona. Amar significa estar disponible para los milagros, para las victorias y las derrotas, para todo lo que pasa durante cada día que se nos permite caminar sobre la faz de la Tierra” (Paulo Coelho)

Este blog nació en el momento en que cerré una etapa que fue muy dura para mí. Poseo Anhelos Inmortales en mí supuso la primera página en blanco de una ansiada nueva vida llena de grandes momentos y enormes personas. Sin embargo, este rincón ya no es lo que era, su función ya ha sido realizada y por tanto, también toca desprenderse. Tengo mucho que agradecerle a este blog, pues fue el mejor consuelo cuando necesité cobijo  y el mejor confesor cuando necesité contar algo. Pero como decía al principio, ya no escribo porque necesite expulsar sentimientos de mi interior, ya no escribo porque salgan de mí a borbotones las palabras que por dentro no me caben. Puede parecer una tontería, pero cada una de estas entradas, comprendía un cúmulo de sentimientos intensos que me sobrepasaban, así que en estos cuatro años, he generado estrechos e intensos lazos que ahora toca deshacer.
Encontraré otro lugar, un nuevo espejo en el que reflejarme, pero seguiré expresándome, esta vez, para compartir un mensaje que por grande que sea, no se escapa de mí.

Gracias por todo y gracias a todos.

Verónica.

Una gran obra y una gran fuerte de inspiración “El Universo está en Ti”, de Celia Quílez.

viernes, 15 de febrero de 2013

Miguel D'Ors

Aún recuerdo, mi primer año de instituto, cuando Doña M. Justa mandó como lectura obligatoria "El diario de Paula". Lejos de suponer para mí el lastre en el que los libros endosados suelen convertirse, releí y devoré ese libro una vez al año, hasta mis diecinueve. De él extraje, además de una intensa curiosidad por conocer la costa de Cadaqués, el que se convirtió en mi fragmento literario favorito. Su autor, Miguel D'Ors. El poema completo, con mi fragmento favorito en negrita, aquí está:

"Suponte un mundo fácil.
Suponte que supieras hablar sencillamente con un árbol,
dónde tiene su cueva el viento del Oeste
o qué parte del mar han sido lágrimas de gente como yo...

Suponte que, de pronto, eres experta en nubes,
que conoces sus nombres, toda su mansedumbre,
que nosotros tenemos los ojos claros, limpios
de mirar fijamente tanto tiempo una estrella,
que te digo que tienes el corazón a pájaros
porque no estaban muertos los niños que hemos sido...

Suponte qué hojas nuevas brotarían,
qué manzanos en nuestros corazones,
si los pasos que damos fueran siempre de esperanza,
si nos nacieran alas como en sueños
y si la risa fuera de colores y no de blanco y negro...

Suponte que este canto tiene el ritmo del viento,
suponte que volviéramos a ser aquellos niños obedientes
de cada seis de enero, con balón y muñeca,
cuando aún no había caido aquella monarquía
de los tres Reyes Magos en nosotros,
suponte que tu almohada está llena de sueños
y de Caperucitas y de Pajarolocos
y que fuésemos buenos como sapitos tristes
de hace ya muchos años
o que lloviese un poco, una lluvia sencilla y como dibujada,
propia de niños buenos...

Suponte que al decir tu nombre se me llena la tarde de palomas,
que los árboles son un adorno muy fácil,
que me gritas TE QUIERO en el Valle del Eco
para que yo lo sepa mucho tiempo más tarde,
para que yo te quiera mucho tiempo más tarde...

Suponte que surcase un dedo mío el gran río nocturno de tu pelo,
suponte que me encuentras en las gotas de lluvia
o que tenemos cita en los abecedarios de una escuelita vieja
o que ya distinguimos los bosques por sus voces
o que somos dos globos de fiesta, dos globos...

Suponte que inventamos un país tan sencillo
que se parece a un sueño
y entre los dos le damos un nombre estrafalario
como AMOR, por ejemplo,

y luego lo llenamos de viento; y de caballos,
porque sé que te gustan los caballos...

Suponte que tu pelo está lleno de rosas
y yo tengo las manos empapadas de escarcha,
suponte que tú eres Blancanieves,
suponte que tú eres Mary Poppins; o la Bella Durmiente.
Suponte que tú eres, si, la Bella Durmiente, y yo el sargento Pepper
que vuelvo de la guerra con canciones,
que vuelvo de la guerra y voy a verte;
suponte que hemos hecho la cabaña en los montes
y buscas una estrella para cada ventana,
suponte cumpleaños de todos los colores,
suponte libertad de pájaro o de núbe...

Suponte solamente, te lo pido,
imagina tan sólo,
que por tu frente un beso es el Pájaro Blanco
y nunca te me vayas."

AGORA QU'INDA É TEMPO DE CIREIXAS

lunes, 28 de enero de 2013

Cambios

La naturaleza nos dice: cambia.
                                      P. Coelho

Con la entrada del 2013 no solo se liberó el caducado calendario y se repuso con uno nuevo. Sino que además, junto a la debilidad aparente que la gula y la somnolencia infinita representan, vino toda la fuerza que la libertad otorga. Y con todas las consecuencias que las libres elecciones suponen.
Que el 2012 estaba poniendo las cosas en su sitio ya se sabía, pero que la vida tenía tantos grandes y hermosos cambios reservados para mí al final de sus días, sí que me sorprendió. El año acabó como una traca de fin de fiestas; rotundo, intenso, casi ensordecedor. Alterando por completo la comodidad que otorgan las cadenas del inconsciente y el sosiego de mi zona de confort.
Él marcaba sus prioridades, que se venía conmigo a Granada decía. Y yo me tenía que escuchar y tenía que decidir. Decidir sin mendigar amor, sin pretender que todo el mundo lo comprendiera o lo aprobara, sin pensar en nada más a la hora de tomar una decisión vital, sin darle cabida al miedo, ya más que dominado. Vivamos juntos. No puede ser de otra forma, dije yo.
Los grandes proyectos se acumulan y se desarrollan con la portentosa fluidez que caracteriza a todo lo que va en sintonía con el Universo. Las manos se preparan para otra inyección de purpurina, el inconsciente empieza a verse acorralado y desintoxicado, los milagros se suceden y las señales nos refuerzan el camino que escogemos con sus gritos lazarillos.
Y las personas se mueven, y unos momentos pasan y otros llegan. Y el apego inseguro brilla. Brilla precisamente por su ausencia.
Y nuestra nueva cocina, aunque casi carente de "cocina", será testigo de grandes manjares, porque en esta nueva etapa los m2, no son valiosos por su cuantía sino por la calidad de lo que albergan.
No se puede intentar cambiar. Sin embargo, cambiar si es posible. 

lunes, 21 de enero de 2013

2013

Se avecinan cambios. Más cerca de ti. Más cerca de mí.

"Porque el camino correcto es camino de la naturaleza: en constante cambio, como las dunas del desierto"
Paulo Coelho.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Reflexión sobre el sistema educativo


Si buscas resultados diferentes, no hagas siempre lo mismo” dijo Albert Einstein. Adoptaré esa frase, para definir el sistema político de este Estado y, en especial, las numerosas reformas educativas, que si bien son diferentes, vienen todas a ser lo mismo.

A día de hoy, ni el personal docente, ni los alumnos, ni los padres, están a favor de este sistema educativo que nos imponen, tan vacuo como grande es el fracaso académico que genera y tan incapacitado que no podría crear sino la desmotivación que impera en las aulas. Y yo me pregunto… ¿En base a qué se crean y cambian las reformas en educación? ¿Cuál es la urgencia que exige tantos cambios? ¿Queda ésta resuelta?
Hay numerosos flancos abiertos por los que se puede atacar. Empecemos por las aulas. 

La desmotivación de los alumnos está más que justificada. Solo importa que los niños adquieran conocimientos, sin reflexionar sobre su contenido o utilidad. Los alumnos se preguntan la utilidad de la cantidad de información que tiene que engullir. ¿Para qué sirve la sintaxis? ¿Por qué querría yo conocer los afluentes de los ríos de España? Pero no reciben respuestas. A sus ojos, lo único que importa es escupirlo todo en un folio, que ya después serán libres de olvidar.

En la eterna cuestión de a quién le corresponde el papel de educar a los niños en cuanto a ética, moral y actitud, yo tengo la respuesta muy clara. Las familias enseñan, o mejor dicho, inculcan sus valores y creencias a los niños, haciendo de éstos copias de sí mismos, desprovistos de una identidad propia. Es decir, el niño ya llega a la escuela con unos cimientos mal construidos, pues los padres a veces constituyen el peor lastre como agente educador. Por ello, el papel del docente –y también el de la familia- debería ser el de hacerle reflexionar al alumno sobre lo que ya sabe y enseñarle todo el abanico de posibilidades y creencias que le esperan en el mundo que aún desconocen, y que así sean ellos los que reflexionen sobre qué les resulta más válido. De este modo podrán crear una personalidad con un criterio que ha nacido del debate en las aulas, de que cada vez que tengan una duda no sea el profesor quien le dé una respuesta gratuita y masticada, sino que hagan el esfuerzo de activar sus mentes y de llegar por sí mismos a resolver sus dudas. En este caso, el profesor debería ser un guía, la chispa que encienda sus curiosidades e inquietudes, aquel que les sirva de detonante para que sus ansias de saber y conocer exploten y salgan a la superficie. El alumno debería ser un ser autónomo y el encargado de satisfacer su hambre de conocimiento, y el docente y la familia, los guías que le facilitaran ese proceso.

Sin embargo, en lugar de eso, tenemos profesores que nada más entrar por la puerta critican a sus compañeros y a sus jefes. Son inquisidores disfrazados de maestros que fomentan la competición y dan la espalda a la cooperación. No diferencian entre el sobresaliente de un alumno que lleve 9 meses trabajando e interesado en aprender, y en el de otro que se meriende los apuntes la tarde de antes sin haberse esforzado a lo largo del curso, porque el sistema no funciona así. Solo importa el fin. Crean alumnos que se sienten superiores si son de ciencias mientras llaman tontos a los que les gustan las letras. ¿Qué tipo de personas esperan crear entonces?

Qué tan inútil resulta la evolución cuando no trae mejoras consigo. Qué atrás quedó la escuela de Platón que constituía un centro de reflexión.

No recuerdo, a excepción de la de filosofía, psicología y ética, ningún otro profesor o profesora que nos dejara hacer preguntas libremente, sin constreñir nuestra mínima curiosidad para “no perder el tiempo”. Lo que es bueno ya está establecido en las aulas y no interesa que los alumnos sean diferentes entre sí, sino que nos quieren hacer iguales a todos. Las mismas asignaturas con el mismo peso, sin ninguna capacidad de elección. Creo que es importante que haya asignaturas comunes que nos creen los conocimientos básicos de cultura general, pero ¿deben ser todas así? ¿No debería acaso haber asignaturas que nos permitieran elegir qué queremos ser el día de mañana, que alimentaran una vocación?

Creo que la escuela es necesaria, pero no está bien diseñada. Me parece igual de inconsciente el sistema educativo actual que la actitud abolicionista sobre los colegios –a mi parecer, existen escuelas alternativas, como las libertarias, que son una opción muy consciente y válida-. Una enseñanza en casa no cubriría las necesidades de socialización y estimulación que ofrecen las aulas a los niños, sin embargo, mal aprender a cualquier precio tampoco es una opción.

Cuantas voces experimentadas hay acalladas por los oídos sordos de políticos inexpertos. Cuantas decisiones mal tomadas por personas que no están cualificadas y que afectan a algo tan primordial como educar a una persona. El sistema está podrido de raíz, así que jamás podrá nacer una buena elección, ni en el terreno de la educación, ni en el de la sanidad, ni en ninguno, si aquellos que mandan solo buscan un beneficio propio que se aleja de la urgencia de dejar de crear canallas y generaciones perdidas. Así que antes de pretender encontrar el sistema educativo ideal, habrá que educar a los responsables de tomar tal decisión o en su defecto desbancarlos y poner en su lugar a personas aptas y preparadas. ¡Buena suerte con ello!

martes, 27 de noviembre de 2012

Libertad

De verdad, la libertad es un estado interno. Te digo que la libertad no tiene precio. ¡Que yo soy libre! ¡Yo soy libre! ¡Soy libre!

jueves, 22 de noviembre de 2012

Principales derechos asertivos básicos

Todos tenemos:
-Derecho a ser tratados con respeto.
-Derecho a equivocarnos y a hacernos responsables de nuestros propios errores.
-Derecho a tener nuestros propios valores, opiniones y creencias.
-Derecho a tener nuestras propias necesidades y que éstas sean tan importantes como las de los demás.
-Derecho a experimentar y a expresar nuestros propios sentimientos y emociones, haciéndonos responsables de ellos.
-Derecho a cambiar de opinión, de idea o de línea de actuación.
-Derecho a protestar cuando se nos trata de manera injusta.
-Derecho a cambiar lo que no nos resulta satisfactorio.
-Derecho a detenernos y pensar antes de actuar.
-Derecho a pedir lo que se quiere.
-Derecho a ser independiente.
-Derecho a decidir qué hacer con nuestro propio cuerpo, tiempo y propiedades.
-Derecho a ignorar los consejos de los demás.
-Derecho a rechazar peticiones sin sentirnos culpables o egoístas.
-Derecho a estar solos incluso cuando otras personas deseen nuestra compañía.
-Derecho a no justificarse ante los demás.
-Derecho a decidir si uno quiere o no responsabilizarse de los problemas de otros.
-Derecho a no anticiparse a las necesidades y deseos de los demás.
-Derecho a no comportarse de forma asertiva o socialmente hábil.
-Derecho a hacer cualquier cosa mientras se respeten los derechos de los demás.

domingo, 18 de noviembre de 2012

-sus, nuestros- Retazos

Supe que era ÉL en cuanto la palabra "novio" se me antojó más mediocre que nunca, llenando su vacío descriptivo una nueva etiqueta que gozaba de definir, sin vacilar, todo lo que su existencia suponía; "mi compañero de vida".

miércoles, 14 de noviembre de 2012

El regalo en forma de "Ella"

Y cuando pensaba que Granada, que mi vida universitaria, ya no tenía más flechazos guardados para mí llega la Psicología Transpersonal y, no solo me mueve por dentro, sino que además me hace otro gran regalo en forma de "Ella".
Y cuando pensaba que ya no escribía sobre personas que irrumpen en mi mundo llenándolo de luz. Justo cuando no esperaba a nadie más que despertara a todas las mariposas de mi estómago. Llega su amistad como una crisálida apunto de eclosionar, dándole la vida a algo lleno de belleza y corazón.
Que un "gracias" siempre es poco cuando la vida te pone personas así en tu camino. Personas de las que dices "no necesito más de un minuto para saber que eres importante para mí, pero si me lo concedes solo puedo confirmar que algo precioso está naciendo de aquí".
Qué bonito es el comienzo de una amistad tan sana. Qué bonito es cuando no conoces de nada a alguien pero sientes tantas cosas por dentro que no puedes sino confiar a ciegas en ella y abrirle un hueco enorme y cálido en tu vida.
El amor romántico siempre me motivó a escribir, pero pocas amistades han despertado en mí ese sentimiento de "te he encontrado y no te voy a dejar escapar". Quizás sea porque pocas venían acompañadas por la intuición y porque menos aun tenían como celestina a la energía.
Sé que compartimos las sensaciones, las ganas, la ilusión y las mariposas. Sé que esto es algo igual de especial para las dos. Pero sobre todo sé que algo muy grande nos aguarda y que vamos a estar ahí para disfrutarlo de la mano.
En estos casos, me paro a preguntarme cómo tengo tanta suerte. Cómo me pueden pasar estas cosas tan bonitas a mí. Me resulta tan especial que hasta las dudas me asaltan y me dicen... "no puede ser verdad, algo saldrá mal" Pero qué tontería... Si es precisamente todo lo contrario...que cuando las almas se encuentran, los sentimientos implosionan, y poco puedes hacer porque todo ya está escrito.
Gracias vida por cuidarme regalándome personas y momentos como este. Gracias Alicia, por nada, pero a la vez por todo. Seguiremos juntas en el camino.

martes, 16 de octubre de 2012

X.XII #1

Y después de que Marte se fuera,  de que las habitaciones se descongestionaran de la oscuridad pastosa y de que los inconfortables se quedaran enganchados en hojas ya pasadas del calendario, vuelve el calor de la noche. El no irme a dormir con la mente en mil lugares salvo en mi cuerpo, el no pasar el frío de una soledad que se me antojaba incluso abandono.
Era absurdo no reconocer Granada. Pero más absurdo fue cuando casi me sorprende que nos reencontráramos. Yo volvía a ser yo, y por consiguiente, ella volvió a ser ella. Y ahora soy otra vez esa loca que se sorprende riendo sola, sin más motivo que canalizar la alegría que se le agolpa en la garganta.
Me gustan las neveras compartidas, los "buenos días cacahuetes", el candor de la cordobesa, los delirios in college que se suceden mientras el pelo de BLANCA, pasa de ser AZUL a ser VERDE. Me gusta estar feliz de camino a casa, porque me espera un hogar y porque me esperan ellas. Me gusta que María esté aquí.
Es cierto que ni mil giros de manta, nórdico o plumón, abrigan mis noches como lo hace su cuerpo tatuado.-Él-. Que el despertar y el soñar, sin que su beso les preceda, caen precipitadamente en la vacuidad. Pero el equilibrio está haciendo su trabajo, y a los días no les queda otra que colmarse de luz. Ahora todo tiene más color. Y me lo merezco. Voy a saborearlo.


jueves, 20 de septiembre de 2012

La misma ceremonia

Una vez más. La misma ceremonia. La del empaquetar y desempaquetar. La del limpiar y el ordenar. La de coger carrerilla. La de empezar. El augurio de una nueva etapa. La cuarta. Y esta vez, más que nunca, saber que va a ser especial, que es el principio del final y hay que disfrutarlo. Que los minutos cada vez corren más deprisa y que el tiempo, que de esperar no sabe, a fuerza de lecciones demuestra que es el mejor metrónomo de la vida.
Y si hace tiempo que los "márchate" se fueron y los "quédate" se instalaron, no puedo sino degustar este momento, que es todo lo que tengo. Cerrar los ojos y jugar con mis castillos del aire porque ahora más que nunca, sé que no necesito dormir para vivir un sueño.

sábado, 18 de agosto de 2012

Paréntesis

Pudieron ser los aniversarios de una sensación, una avalancha de miedos infundados o sencillamente los días rojos de Audrey Hepburn en Desayuno con Diamantes. Menos mal que El Poder del Ahora es mi almohada y a fuerza de comprender lo absurdo me reorienta continuamente.

jueves, 12 de julio de 2012

Acción de gracias #3

Si yo lo sé. Que en algunas ocasiones necesito que me recuerden dónde está el norte, que cuando se me vuelve la energía espesa, a veces, me enredo en sinsentidos que no llevan a ninguna parte y necesito que vengas a pararme los pies. Pero sé hacerlo enseñando los dientes, sé hacerlo sonriendo a la vez y sin perder la compostura. Por eso irradio color aun cuando las horas son monocromaticamente hostiles. Y cuando hay truenos no corro a guarecerme sino que aplasto la cara en el cristal aguardando, preparada, el próximo relámpago. Pero a veces los pequeños vórtices de mi cuerpo dejan de girar impetuosamente en la dirección de las agujas del reloj, y la luz se quiere engalanar vistiendo de negro. Y yo no la dejo. Por eso doy gracias. Gracias porque tengo todos los flancos de mi bienestar cubiertos. Porque da igual donde caiga, tengo un ángel a cada costado que me ayuda a sacudirme el polvo y seguir mi camino. Gracias.

jueves, 21 de junio de 2012

Balances

Que cuando le decía "¡Cállate, cállate y márchate!" nunca se fue. Permanecia impasible ante sus palabras con la mueca de indiferencia plasmada en su semblante. Y eso a ella le crispaba, le quemaba las ganas y le helaba las ilusiones. Le decía "no te soporto, vete" y el ánimo se le reía. Se le reía tanto que sus músculos se agarrotaban y los hombros se le volvían de acero. Estuvo meses tragando días espesos, y días contando horas inmóviles. Y no se iba. Así que aprendió a escaparse. Aprendió que si ello no se iba, se iría ella. Se zafaba de su tiranía saltando a los brazos pintados que la aislaban de la realidad. Pero había que regresar, y cuando regresaba, ahí seguía estando. Se seguía riendo, y la seguía amenazando. El invierno discurrió sin paciencia y con amargor. Haciendo de fines de semana escapadas astrales y de la compañía del chico de las agujas su abstención de realidad. Pero Marte se fue en febrero y la punzante visita que ponía a prueba sus fuerzas desapaceció con él. Los hombros se volvieron laxos y los músculos se destensaron. La tormenta pasó, se fue con el frío. Los cambios se volvieron rutina y solo quedaron las lecciones aprendidas, la fuerza adquirida y las ganas de que el Sol por fin sentenciara la paz. Aprendió a dejar de escaparse y a enfrentarse con coraje a la perturbación. Los brazos pintados la abrazaron con más fuerza. Y a veces le siguen asaltando las ganas de gritar, pero hace tiempo que los "márchate" se fueron y los "quédate" se instalaron. Hace tiempo que los gritos son por exceso de felicidad y los improperios son la única forma de expresar una maravilla tan obvia.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Veganismo y radicalismo.


En más de una ocasión, a lo largo de mi pequeña trayectoria como vegana, e incluyendo el tiempo en que fui vegetariana, se me ha tachado de ser una intransigente radical por escoger esta manera de pensar y de alimentarme. Nunca he sido una persona de extremos ni me he considerado radical en la mayoría de las opciones que he tomado en mi vida. No he defendido demasiadas cosas a capa y espada porque apenas tropecé con nada que tocara de verdad mi fibra más sensible. Por otro lado, si algún adjetivo me define medianamente bien, os aseguro, que no es “intransigente”. Suelo empatizar mucho. Lo hago aun con aquellas personas cuyas ideas me parecen que escapan totalmente de las manos de la lógica y de la moral. Puedo llegar a entender por qué una persona actúa como actúa y piensa como piensa, pero que lo entienda no significa ni mucho menos que lo comparta. Pienso que cada uno de nosotros tiene una historia vital y unas condiciones que le han llevado a ser quien es, incluso aunque sus comportamientos nos resulten inexcusables. El bien y el mal son términos muy relativos que gozan de una subjetividad tan extrema que hace que sus significados se tambaleen y se vuelvan constructos difusos. Todos tenemos una idea hecha sobre lo que es correcto, a veces esas ideas gozan de radicalidad, y otras veces son algo más endebles, pero obcecar en esa idea y pretender hacerla absoluta –ahí es donde entra la intransigencia- es siempre un error, independientemente de la doctrina en la que se apoye y de los fundamentos que contenga, porque cada uno tiene derecho a vivir su vida como decida, siempre que no sea en detrimento del bienestar ajeno  –ese es el quid de la cuestión-. Yo he crecido en un entorno cómodo, en un pueblo tan aislado que no he sentido la necesidad de pensar y reflexionar sobre cómo estaba viviendo o sobre lo que ocurría en el mundo, así que durante muchos años me he limitado a vivir mi vida permaneciendo ajena a todo y a pastar del mismo pienso que el resto de los borregos. Abrir los ojos conlleva llevarse un buen bofetón de realidad y exige tener una personalidad muy equilibrada para impedir que el odio te consuma, porque sí, vivimos en un mundo fácilmente odiable y detestable. Ser radical, siempre que no vaya de la mano de la intolerancia, permite aferrarse a los valores que uno tiene y luchar por ellos de verdad. Implica comprometerse con una idea y procurar siempre obrar a favor de ella. Significa saber lo que uno quiere y lo que no quiere a ese respecto, y significa dotar de alma una decisión avalando su prosperidad con tus actos. El ser radical elimina un problema de raíz y no titubea a la hora de actuar. Pero yo comprendo que mi objeto de radicalidad no sea el tuyo, y comprendo que cada uno haya de comportarse acorde con su idea de lo que está bien o lo que está mal, la cual es enormemente subjetiva. Por eso, cuando quiero hacer algo bueno por este mundo, intento quedarme con la idea más sencilla y universal de lo que el bien representa para mí: RESPETAR A TODOS AQUELLOS CON LOS QUE CONVIVO EN ESTE MUNDO, INCLUÍDA YO MISMA, Y NO PERJUDICAR CON MIS ACTOS EGOISTAS EL BIENESTAR DE LOS DEMÁS. Ser vegano es una de las pocas acciones con las que haces algo bueno objetivamente hablando. Por eso, elegir no matar ningún tipo de animal para después comértelo, hacerte un bolso o un champú, sí, es una idea radical, pero no le veo la connotación negativa que le ponen por ningún lado. Y por eso, buscar en internet qué marcas experimentan en animales para no comprarlas es algo extremista, y además es algo correcto, porque estás a favor de la vida, porque apoyas el derecho de vivir y morir de una forma digna y actúas con coherencia haciéndolo. Por eso no me da igual que los rollitos de primavera del chino lleven “muy poquita carne, casi no se nota eh”, porque no necesito comerme un animal para disfrutar de un alimento o para estar nutrida. Y quizás, por primera vez en mi vida, soy radical en algo porque pienso que es bueno no consumir absolutamente nada de origen animal. Pero no insultes al objeto de mi radicalidad, porque yo simplemente he elegido vivir dejando vivir, y eso, es una de las pocas cosas en las que la palabra “correcto” deja de ser subjetiva.

lunes, 9 de abril de 2012

Mi anhelo más inmortal

Me resulta impactante que estando ya tocando con la punta de los dedos el octavo de los meses aun no haya presentado a mi más fiel anhelo inmortal. Supongo que en un acto de puro hedonismo y egoísmo me he querido quedar para mí todo aquello que su compañía deparaba y degustarlo como solo se puede degustar algo tan abrumadoramente agradable como es el fundir dos almas. Pido perdón por adelantado, sé que en el intento de convertir sentimientos, sensaciones y experiencias en algo puramente descriptivo caeré irremediablemente en la trampa de lo indigerible e intensamente dulce.
De echar de menos he hecho rutina, tanto es así que a veces ya ni me doy cuenta de que lo hago y es solo cuando se vuelve denso y evidente cuando reparo en la presencia constante que tiene él en mi vida. Sin embargo, como todo, lo hace de un modo que más que destructivo resulta agradable, porque él es así, hasta con sus dosis de cal sabe, finalmente, procurarme ese cosquilleo que lleva su nombre y que cuando su distancia me altera o amenaza con quitarme el sueño, llega justo a tiempo para mecerme hasta dejarme dormida.
Ya me decían quienes bien me conocían que aún no había probado un amor como este y  no me di cuenta de la gran verdad que albergaban sus palabras hasta que un día, como si de un terremoto se tratase, llegó y con su rotundidad, su fuerte personalidad y sus profundas raíces movió mi mundo entero y no aceptó sino llevarme de su mano y vivir la vida como se debe vivir. Desde entonces no he hecho otra cosa que reciclarme y abrirme al mundo que me estaba perdiendo a pesar de tenerlo frente a mí. Él no se ciñe a moldes, no se conforma con medias tintas o con soluciones que no solucionan nada. Él no se asusta si el lobo le enseña los dientes, ni siquiera si le llega a ver la campanilla. No vislumbra barreras posibles, no se sienta nunca a esperar, no hace nada sin dar menos del 100%. El esfuerzo es algo implícito en cualquiera de sus actos y vive cada día como si fuera el último. Hace malabares con el tiempo, magia con los instrumentos y milagros con sus agujas, su sabiduría, sus manos y su intuición. Se entrega sin pedir nada a cambio y el puro acto de entregarse lo valora como una recompensa anticipada. Aprende de la vida a cada instante y jamás se viene abajo –no sin venirse inmediatamente arriba- cuando ésta le lleva por senderos cuestionables. Él se vale por sí mismo y se labra con entusiasmo y fervor su personalidad. No cesa de sembrar, no solo por los frutos que pudiera recoger, sino por lo que el mismo hecho de sembrar le aporta. Él sabe cómo enriquecer su vida, tanto lo sabe que sin querer enriquece la de todo aquel que esté a su lado.
Cuando llegué a su vida me dio miedo. Miedo porque no concebía que algo tan auténtico y sano pudiera ser verdad. Miedo porque no entendía cómo podía conocerle sin conocerlo, cómo podía entenderme y leerme como si fuera un libro abierto o cómo se las iba a ingeniar para no dejar de entregarse a mí cómo se entregaba entonces. Miedo porque cuando por fin todo tiene sentido, todo sale bien y no sientes otra cosa que felicidad, piensas que no es oro todo lo que reluce y que por algún lado tiene que estar el gato bien encerrado.
Sigo sumando días a su lado y jamás alguno tuvo desperdicio. Aprender de él es un lujo, un orgullo y una suerte con la que nunca me imaginé que pudiera contar. El modo de correspondernos es una cuestión que aún se escapa de mis manos y cuya respuesta no puede ser otra que “lo que debe ser es, y fluye con esa facilidad y ligereza con la que nuestra unión se expande”.
Sé que es perfecto para mí porque me consiente no consintiéndome, porque no me da todo lo que quiero pero nunca deja que me falte nada, porque sus palabras siempre son acertadas y llegan a tiempo y sus actos gozan de un perfecto equilibrio. Sé que es perfecto para mí porque hace que mientras que a todo el mundo el amor le vuelve vulnerable, a nosotros nos vuelva fuertes, porque me cuida holísticamente en lo personal y en lo profesional. Porque su segundo nombre le define. Y porque por mucho que escribiera sobre él jamás se me agotarían las palabras.

viernes, 17 de febrero de 2012

Intimidades de color gris

A veces se necesita tocar fondo y doblar un poco las rodillas para poder impulsarte con la fuerza necesaria hacia la superficie. Es algo así como cuando, de repente, dejas de llorar desconsoladamente y te dices a ti mismo que la situación no va a poder contigo.
Suele ocurrir que se necesita acumular fracasos, pérdidas y circunstancias desfavorables para conocerse a uno mismo. Cuando ya tienes en tu haber motivos de sobra para justificar un buen berrinche y aun así la vida te sigue poniendo obstáculos en tu camino, te cabreas, te agobias, te rebelas ante su injusticia y empiezas a preguntarle qué coño le ocurre contigo y por qué parece que te tuviera tirria. Es entonces cuando conoces tus límites, tu autocontrol, tu paciencia, tus umbrales del dolor emocional, pero también conoces tu capacidad de reacción, tu saber sobreponerte a las adversidades, tu instinto de supervivencia, tu fuerza y tu coraje. Y cuando te aceptas a ti mismo con ese complejo entramado de rasgos que hacen de un gazpacho de emociones y sentimientos tu personalidad –se supone que- enfocamos cada situación desde un punto de vista más favorable que nos ofrece la templanza necesaria para escaparnos sanos y salvos de los momentos –positiva o negativamente- intensos.

¿Y cuándo los problemas se pisan los unos a los otros y giran y giran formando su bola de nieve negra? En esos casos la desesperanza es el plato principal y como lo acompañes con guarnición de inseguridad y bebas soledad de garrafón, más vale que te prepares para la indigestión que le procede. Muchas veces la pena cala hasta el fondo. No sé. No es malo. Las cosas importantes son las que grabamos a fuego en nuestra memoria y éstas construyen y modifican nuestra personalidad. Todo lo que somos se lo debemos a aquellas cosas buenas y malas que nos pasaron, y el hecho de que calaran dentro de nosotros, hizo que ahora no olvidemos cómo enfrentarnos a ciertas situaciones o cómo encarar los tortazos y caricias que nos da la vida en la cara. Así pues, mientras no nos ahoguemos en la pena, ¡qué demonios!, dejemos que nos penetre en los poros y sintamos como nos teje esa armadura que nos hace más fuertes, más indestructibles.
Lloraré siempre todo lo que tenga que llorar pero prometo no perder nunca la perspectiva, pues es quien me pone los pies en la tierra, quien me zarandea y me recuerda todo lo que tengo y todo lo que soy. Gritaré y me quejaré, pero prometo que mi queja nunca será en balde y que de ella extraeré los puntos que deseo y tengo que modificar en mi vida. Me desesperaré sin perder la esperanza y me impacientaré teniendo paciencia conmigo misma, pues no debemos dejar que la pena nuble nuestra razón y nos infeste de una negatividad que no es real y que solo quiere hacernos más daño y retenernos en su limbo particular. Y siempre que las palabras que la tristeza produce amenacen con explosionar dentro de mí, acudiré a estos renglones, porque cuando la desazón nos queda grande, la mejor opción es siempre canalizarla de un modo que nos permita, al menos por unos instantes, sentirnos en paz con nosotros mismos, siendo lo suficientemente valientes para liberar e impedir que se nos enquisten dentro todas esas intimidades que, tan solo por esta vez, están tiznadas de color gris.

jueves, 2 de febrero de 2012

B en tercera persona

Tenía un universo por dentro que amenazaba constantemente con explotarle, reventársele en su burbuja y escaparse por todos los poros como si su cuerpo hubiera contenido toda esa energía haciendo las veces de olla a presión. A veces le cogían por sorpresa esos momentos en los que las manos le emanaban purpurina, y no eran pocas las veces en las que estando desprevenida, ensimismada en cualquier otra tarea, le arrollaba una sensación energizante que hacía que su mente y su corazón se dispararan. Soñaba despierta y vivía dormida, nunca cesaba su murmullo interior ni sus ganas implacables de más y más. A veces sentía que de no ser por el tiempo, por el momento, y por la situación, estallarían en mil pedazos todas esas ansias y planes pospuestos, saldrían de su interior y comenzarían a adquirir una forma real. Si eso ocurriera, entonces correría cerca de él y simplemente se dejaría llevar por todo lo que en el fondo ya sabe que debe hacer. Aún recuerda cuando solía engañarse a sí misma, decirse cómo sería y cómo viviría. Desear mil posibilidades, todas ellas incongruentes consigo misma, y buscar por todos lados el modo de crecer en caminos opuestos. Ya poco le importa lo que ahora suceda y si eso tiene o no algo que ver con el día de mañana, porque todos esos colores, toda esa luz concentrándose y dispersándose constantemente ya le han revelado cómo será. Y ahora ella pelea con su impaciencia y se dice así misma que conocer un “cómo” y un “qué” es mucho más importante que saber un “cuándo”.