lunes, 3 de enero de 2011

Parte 7

(Continuación de la parte 6, sita en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/2011/01/parte-6.html )

- Dime Aaron, ¿tienes algo que hacer el resto de la mañana?- le pregunté mientras se acomodaba en mi salón.
- Después del almuerzo tengo que recoger a Shawn del veterinario, eso es todo, ¿por qué lo preguntas?
- Verás... quizás he leído más de lo que debiera de ese USB...de hecho, vale, lo reconozco, lo he leído todo. Pero me gustaría hablar contigo sobre un par de cosas. Son importantes así que creo que deberíamos tomarnos para ello el tiempo que merecen. Es por ello que te propongo lo siguiente...
- Soy todo oídos - contestó con una sonrisa cargada de una disposición bastante entusiasta.
- ¿Has desayunado? -le pregunté.
- Solo un café hace ya algunas horas.
- Está bien. Pues yo voy a necesitar otro, ¿quieres hacerme de cocinero Brooks? - le propuse con un sobreactuado parpadeo con misión conquistadora - Necesito darme una ducha antes de empezar con este asunto, y no creo que pueda espabilarme del todo sin un café y algo que echarle al estómago. Ayer me quedé dormida nada más llegar y... bueno, como puedes comprobar no he tenido tiempo de hacer mucho desde entonces... la intriga que despertó en mí ese USB paralizó por completo todo pensamiento de accionarme. Termino en seguida. Ahí tienes la cocina, sírvete tú mismo... Actúa como si fuera tu casa...al fin y al cabo... lo fue ¿no? - y mi voz, ya lejana al salón, se acalló tras entornar la puerta de mi habitación y meterme en mi baño.

Había ido alejándome poco a poco del hall y hablando atropelladamente como si de ese modo Aaron no tuviera más remedio que aceptar mi oferta, o al menos, no tuviera opción de reclinarla. Encendí el grifo de la ducha y me sumergí en ella, alargando el momento todo lo que pude, relegándome al confort del agua caliente resbalando por mis sienes y por mi cuerpo, y al el olor a frutas del champú.

Esa mañana me levanté temprano con una llamada de mi jefa. Se había enterado del percance del día anterior y me dio de nuevo el día libre bajo la amenaza de que más me valía reposar y no pensar en los asuntos de la redacción. Me quité los tacones con los que incluso había dormido y mientras hacía la cama encontré el USB enrollado entre mis sábanas. Sin saber de dónde había salido lo metí en el ordenador guiada por una mezcla de intriga y desconcierto, y entonces lo vi. Era de Aaron, "se debió caer del bolsillo de la chaqueta" pensé de un modo inequívoco. No pude evitarlo, leí todo lo que había, ensayos, críticas...y escuché un par de selecciones de música que tenía guardadas. Mientras estaba inmersa hasta las cejas en uno de sus ensayos él tocó la puerta y, honestamente... este Channel no me gustaba tanto como para que me hubiera tenido que ver otra vez de esa guisa.

Salí de la ducha, me desenredé el pelo y me puse un conjunto de Victoria Secret el cual formaba parte también del nuevo fondo de armario que anunciaba mi nueva vida. Entré a mi habitación, que comunica con el baño, tarareando Hotel California y olvidándome por completo de que había dejado la puerta entornada, a través de la cual, por cierto, entraba el exquisito olor de un brunch improvisado. Me puse unos vaqueros y una bonita a la par que cómoda camiseta, un look que distaba mucho de la vestimenta del día anterior, y más adecuado para la jornada de trabajo que me esperaba.
Ingenua de mí, creía que aprovecharía la mañana para desembalar cajas y empezar a construir un hogar, pero ya me empezaba a hacer a la idea de que mientras Aaron rondara cerca, más me valía estar lista para las improvisaciones.

En el salón me esperaba un sorprendente despliegue de alimentos dispuestos en la mesita que había frente al sofá. Me senté con Aaron y empezamos a degustar ese desfile de platos, con el que indudablemente me dejó atónita. Le agradecí que hubiera preparado todo eso y admiré su habilidad para crear tal manjar con una despensa aún bastante vacía. El aceptó mis halagos y sin más dilación empezamos a comer.
Decidí dejar los temas importantes para más tarde, cuando tuvieramos las bocas vacías y las manos algo más limpias, sin embargo, no pude evitar abordarle a preguntas y dar rienda suelta a mis curiosidades.
Hablamos sobre gustos musicales y resultó que Aaron se ajustaba bastante a la descripción que me había dado mi vecina de "músico extravagante". El contaba con la habilidad de tocar el saxo y el piano, pero yo, a pesar de no ser virtuosa con los instrumentos, cuento con una sensibilidad muy especial para sentir la música de la que él se percató. Resultó que las canciones de su pen-drive que yo pensé que eran de Ludovico Einaudi, en realidad eran grabaciones de él mismo tocando, y los solos de saxo que yo creía extraídos de alguna pieza de jazz, efectivamente, eran suyos también. Procuré ocultar la impresión que tal noticia me había causado, ya le había regalado los oídos instantes antes con sus dotes culinarias y lejos de dar mi frío brazo a torcer, mantuve la compostura como pude, aunque no por ello dejé de felicitarle por su destreza en lo musical. Finalmente, al mismo tiempo que bebimos el último sorbo de café, cerramos el tema de la música y redirigí la conversación.

- Verás Aaron. Tengo que empezar explicándote algo para que entiendas porqué te he dicho que tenía temas importantes de los que hablar. ¿Has oído hablar de News Corporation?
- Por supuesto Alison, recuerda que a fin de cuentas trabajamos en el mismo mundo.
- Cierto Aaron, sólo quería asegurarme. En fin, News Corporation anda buscando una nueva revista importante que añadir a su imperio. Un contrato así podría suponer mejoras que no alcanzarías a imaginar ahora mismo para Voice, que como bien sabrás es la revista para la que trabajo actualmente. Es una oportunidad que no podemos permitirnos perder puesto que últimamente el índice de ventas está decreciendo y esto nos supone un enorme problema. Monde es nuestra competencia, no es la única que tenemos pero bien es cierto que las demás no suponen ninguna amenaza. James está lamiéndole el culo a unos cuantos jefazos y ese juego sucio no nos beneficia en absoluto. Como te he dicho hace un momento, nuestro índice de ventas esta disminuyendo. Nuestros lectores quieren algo nuevo, están cansados de la dinámica de Voice y necesitan un soplo de aire fresco. Por ello me contraron, mi curriculum y mi estilo les auguraba novedades, pero no es suficiente. Yo sola no puedo redirigir el rumbo de toda una revista con décadas de experiencia a sus espaldas. Aquí es dónde tú entras Aaron. Empiezo a pensar que las casualidades no existen. No todos los días un perro irrumpe en un cóctel y se abalanza sobre mí ¿sabes?, y no sé Brooks...¿sueles dejarte USB's de contenido tan valioso en los bolsillos de todas las chaquetas?. - cambió su rostro atentó por una graciosa mueca - Verás Aaron. Ya me he confesado pecadora y te he dicho que he leído tus ensayos y tus críticas. Es un material muy bueno, ¿lo sabes?. El ensayo en el que haces una crítica social a la insensibilidad que promulgamos ante el amor, el afecto, las muestras de cariño, la facilidad con la que aceptamos la oligarquía de lo insensible... es extraordinario. Has hecho un trabajo espléndido Aaron y creo que puedes ayudar mucho en mi revista. No te haría esta propuesta sino fuera porque sé que tendrán muy en cuenta mi criterio... pero... ¿te gustaría incorporarte a Voice?- tomó aire para responderme - Espera, espera, antes de que contestes...Todavía tendrías que hacer una entrevista con mi superior, pero si vas de mi parte el trabajo es tuyo Aaron. Piénsalo... sé que antes no has trabajado como redactor oficial, pero es una oportunidad en la que tanto Voice como tú salís ganando...Sabes que lo último que quiero es poner mi salud en riesgo teniéndote cerca - me burlé de él - por lo tanto sabrás que esto es importante, ¿qué me dices?

(Continuará en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/)

domingo, 2 de enero de 2011

Parte 5

(Continuación de la parte 4, sita en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/2011/01/parte-4.html)

El hombre histérico colgó el teléfono tras una conversación que no me dejó indiferente. Pero el dolor de cabeza me estaba matando y esos alaridos solo lo incrementaban.
- Eh... hola, me llamo Aaron...
- Mire Señor...
- Brooks.
- Brooks. No sé quién es usted ni que hace en mi habitación gritando como un cosaco. De hecho, si he de serle sincera, no sé ni cómo he llegado yo misma aquí, pero dígame usted...ehh...Aaron. ¿No le enseñaron sus padres a no dar voces en un hospital mientras un paciente está descansando?
- Vaya Alison...
- Señorita Cooper si no le importa...

El chico tragó saliva y después continuó.
- Señorita Cooper había oído que es usted una mujer de carácter pero no me imaginaba semejante lucidez en una convaleciente.
- No se crea usted todo lo que oye. Ya ve que a veces la información llega incompleta.

Entre ese desconocido y yo se generó un ambiente tan rígido que opté por desviar la mirada en silencio en busca de un vaso de agua para paliar la sequedad de mi garganta. Entonces vi en mi mesita las flores...
- Pensamientos... -murmuré.
- ¿Decía algo Alis... Señorita Cooper?.
- Entonces... ¿Quién dices que eres?
- Verás... ahora viene la parte difícil...digamos que...
- Al grano Brooks.
- ¡Caray Alison! ¡Dame un respiro!
- ¡Señorita Cooper!
- Como usted quiera... digamos que soy el dueño del perro que saltó sobre si. Y me gustaría decirle que me siento terriblemente avergonzado por el incidente y quería disculparme. Si hay algo que pudiera hacer por usted...
- No debería tener perro si no es capaz de controlarlo.

Debí ser una zorra inquisitiva porque en ese momento comenzó un incómodo silencio cuya duración se me antojó eterna. Justo cuando el ambiente podía cortarse con el filo de una hoja irrumpió una enfermera en la habitación.
- ¡Oh Señora Sandler! - sí, eso dolió.- Ya se ha despertado, ¿cómo se encuentra usted?.
- Señorita Cooper por favor... Y se puede decir que he tenido despertares mejores -contesté clavando la mirada en los ojos del tal Aaron Brooks.
- De acuerdo. Le dolerá la cabeza durante unos días, así que le aconsejo que haga reposo. La buena noticia es que no ha sufrido usted ningún daño, así que en seguida le traigo el informe de alta y unas pastillas para el dolor. Puede usted ir preparándose o llamar a alguien si desea que vengan a recogerla.
- ¡Oh! ¡Yo la llevaré! - sugirió Aaron.
- ¡No! Eso sí que no. Señor Brooks, le agradezco enormemente el detalle, las flores me han encantado y acepto sus disculpas, pero creo que será mejor para ambos, por el bien de nuestra suerte, que nuestros caminos se separen aquí y ahora.
- Verás, le ruego que me deje que la lleve a casa. No puedo hacer menos después de tal incidente y no tengo prisa...como ha podido escuchar, ya no tengo que ir al trabajo...
- Ah si... Toda esa conversación...dígame. ¿Trabajaba usted para James...es decir, James Sandler?
- Así es, trabajaba, pero después de mi discurso y de la dimisión, dudo que deba volver por allí.
- Esta bien Aaron. Si le has dicho todo eso a James, ¡qué diablos!, llévame a casa.
- Me alegro señorita Cooper.
- Puedes llamarme Alison - cedí.
- Pues en marcha Alison.

Tras la sonrisa de complicidad, la enfermera, que en medio de nuestra conversación hizo mutis por el foro, me trajo todo lo que necesitaba. Me vestí con mi Channel. Había olvidado la probabilidad inminente de que esa enorme mancha de vino formara parte de su estampado, así que Aaron, aún guiado por su sentimiento de culpabilidad, me prestó su chaqueta -un tanto mordisqueada- y nos subimos en un estropeado coche rumbo a mi apartamento.
El camino aunque tenso, fue entretenido. Sinceramente, creo que fue el broche perfecto para un día de contagioso surrealismo. Finalmente llegamos a nuestro destino.
-Aquí es Aaron. El número 34. Gracias por traerme y descuida, puedo subir sola. ¡Ah! Antes de que se me olvide... si me das tu tarjeta podré mandarte la chaqueta a tu dirección...
- Alison... tú...¿vives aquí?- me interrumpió.
- Así es. Me mudé hace unos días. ¿Ocurre algo?.
- No nada... La chaqueta... puedes tirarla, o quedartela... después de los "pespuntes" que le ha dado Shawn, no creo que vuelva a ponérmela.
- De acuerdo. Gracias entonces por traerme Aaron.
- No podía hacer menos después de dejar que mi perro atentara contra tu salud.
- Muy gracioso... Me voy a casa antes de descomponerme de la risa.
- Que tengas un buen día Alison.

Le di la espalda. Entré en casa, me tomé una de esas pastillas que me habían dado y me dejé caer en la cama rendida, sin ni siquiera quitarme los tacones, y desde luego, sin ser aún consciente de todo lo que había ocurrido.

(*Continuará en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/ )

sábado, 1 de enero de 2011

Parte 3

(Continuación de la parte 2, sita en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/2010/12/parte-2.html)

Después del estrépito que mi despertador causó al sonar no tuve más remedio que ponerme en pie. La habitación estaba totalmente vacía y en el salón me aguardaba, impaciente por ser abierta, una cordillera de cajas con 34 años de recuerdos embalados. Me había mudado a un modesto apartamento en un tranquilo barrio de la ciudad porque no quise continuar en aquella casa enorme. No soportaba los susurros de las paredes y el hedor del destrozo que James causó en mi vida.
Mientras la cafetera silbaba me duché y me embutí en un bonito Channel que me regalé a mi misma para inaugurar del mejor modo posible el comienzo de una nueva etapa. Sujetando la tostada con los dientes, con una taza de café humeante en mi mano y los tacones aún desabrochados abrí la puerta disponiéndome a llamar al ascensor, cuando lo vi. El periódico tirado en mi felpudo me daba los buenos días con una portada de escándalo...como titular le acompañaba un desgarrador "Alison Cooper, de la realeza al populacho". No pude evitarlo. Tiré el periódico por el hueco de la escalera y sus hojas volaron independientemente, espero, que hasta el extravío.
En esta maldita ciudad a veces resulta imposible coger un taxi, pero al parecer, Dios decidió compensar la jugarreta del periódico y conseguí meterme en uno de esos Ford amarillos y llegar a tiempo a mi destino.
Jeffrey Goldberg ofrecía una conferencia en el hotel Greenwich, había estado meses esperando a que viniera a la ciudad, y mi nueva jefa me concedió un día libre en mi reciente puesto de redactora para que pudiera asistir. Así pues, la nueva Alison Cooper rehacía su vida con una naturalidad que ni yo misma me acabo de creer.
Me senté por delante, con los ojos bien abiertos y los oídos deseosos de empaparse de todo lo que aquel hombre dijera, y durante las dos siguientes horas, estuve absorta en ese baile de palabras.
Después del estallido de aplausos decidí quedarme en el apertivo que ofrecían en uno de los salones y así charlar con algunos viejos amigos. Daba gusto estar con personas precavidas en la elección de sus palabras, que conocían mi apellido de soltera y no se dirigían a mí con un malsonante "Señora Sandler".
La mañana discurrió sin mayores sobresaltos, hasta que un enorme golden retriever entró precipitadamente en la sala y se abalanzó sobre mí, haciendo caer mi copa de vino y una bandeja de canapés sobre el Channel que había ceñido a mi cuerpo por primera vez hacía unas horas.
¿Existía acaso alguna manera de ser más humillada en un período de tiempo tan corto?. Como si no supiera que la mayoría de esa gente me había estado mirando con el rabillo del ojo a cada instante, estudiando las expresiones de mi cara y esperando encontrar algún símbolo que les ratificara mi vergüenza y desconsuelo.
Para colmo de males ahí estaba yo, desmayada porque un perro sarnoso había hecho que me golpeara la cabeza contra el suelo.
Lo último que recuerdo: levantarme en la habitación de algún hospital con un desconocido hablando histéricamente por teléfono.
"Alison, que habilidad la tuya para abrir etapas" me dije a mí misma.

(Continuará en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com )

viernes, 31 de diciembre de 2010

Parte 1

De nuevo el estrambótico taconeo de todas esas arpías contoneando sus lánguidos cuerpos hasta posar el culo en sus sillas. Toda esa colección de fantoches tejidas con la misma tela de araña y nula consciencia de cualquier definición que se asemeje a empatía. Burdo atajo de insensibles cuyas perfectas vidas os obnubilan sin posibilidad alguna de que ningún lazarillo os llegue a orientar.
Me va a explotar la cabeza si vuelvo a escuchar el tintineo de sus collares al chocar entre si cuando se inclinan en sus mesas, insinuando el encaje del sujetador a todo aquel hombre poderoso que entre o salga por la puerta del despacho del jefe. Como lobas hambrientas de dinero, dispuestas a emprender cualquier obra de teatro con tal de captar un poco de atención y un buen ascenso, sin ningún peso en sus consciencias por la daga diaria que le incrustan a sus maridos.
Os preguntaréis que por qué tanto odio. Digamos que en algún momento de mi vida, yo fui el tipo de mujer que todas esas putas de oficina envidiaban. La media naranja de uno de esos codiciados hombres que entran en el despacho del jefe con paso firme,el semblante de un alfa y con una sonrisa a tiempo para todas. Más de una sonrisa intercambió con una de esas zorras de mala muerte. Y mientras yo componía pedazo a pedazo mi vida con él, con el mismo cariño que una abuela le teje una bufanda a su nieto, medio departamento chismorreaba sobre mi cornamenta. Los cuchicheos llegaron a las cafeterías de toda la manzana, hasta que un buen día mi taza de café estalló en mil pedazos al chocar contra el suelo, tras decirme mi marido que me dejaba por una cría 12 años menor que yo.
Y diréis "¡Menudo hijo de puta!". Pero tranquilos, aún no ha nacido un hombre en cuyas manos recaiga el poder de hundir toda mi vida...
¡Qué demonios! ¡Claro que fue por él!. Volver a la oficina fue la peor de las ideas que pude tener. Si ya era duro asimilar el affair de mi marido, - el cual era un secreto a voces -, aguantar los chismorreos, los codazos y las miradas punzantes delante de mis narices era mucho más de lo que estaba dispuesta a soportar.
Supe que me tenía que ir de allí cuando una lista de turno me dijo algo como "Oh cariño, no sabes como lo sentimos, debe ser super humillante que tu marido se haya mudado a un loft de ensueño con una de las modelos que contratamos para el reportaje del número de diciembre". En ese mismo momento me planté en el despacho del jefe para presentar la dimisión, no sin antes responderle a esa zorra con un merecidisimo resabio "Oh cielo, y yo siento mucho que luego vayas a tener que vomitar ese donut que te estás comiendo...¿es de relleno de crema verdad?"
Así pues, 3 meses sabáticos y ofertas de trabajo de 6 revistas diferentes después, aquí estoy. Alison Cooper para servíos.

Continuará en: http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/

lunes, 27 de diciembre de 2010

Para Elisa


Mi querida Elisa:
No es la primera carta que te escribo, y desde luego no va a ser la última. Hace tan solo una semana, dejaba de prestar atención en clase para rellenar con ímpetu un folio azul, adelantándome una despedida inminente por Navidad. No me voy a repetir, o al menos voy a intentar no hacerlo, pero te advierto desde ya que me cuesta disimular lo feliz que soy de que vivamos juntas y el entusiasmo que me provoca que estemos siempre la una al lado de la otra. Así pues, no te prometo que vaya a poder sostener las ganas de decirte, una y mil veces más que me alegro inmensamente de que por fin haya llegado este momento. El momento en el que no haya distancia física que nos separe. Digo física, porque no hay otro modo de alejarme de ti que no sea mandándote por tu cumpleaños a un océano de distancia de mí.
Hoy volvíamos a hablar de lo feos que son los 19 años... pero...¡qué bien te sientan a ti! Y no estoy hablando de tu obvia elegancia, puesto que eso salta a la vista sin que yo siquiera lo mencione. Hablo de cuánto has crecido por dentro y de en lo muy mujer que te estás convirtiendo. Sin embargo, tenemos todo un mundo por delante, discurriendo a nuestros pies y tentándonos a conocerlo. Ya está más que decidido ¡Vamos a vivir! Con todo lo que esas 3 palabras implican. Y me encantará poder compartir cada pasito que demos contigo, porque todo avance, por mínimo que sea, es siempre digno de celebrar.
Todavía no te he dicho la palabra mágica. Lo esencial. FELICIDADES.
Y discúlpame por haber dicho "lo esencial" no quisiera que te equivocaras y pensaras que necesito que sea tu cumpleaños para escribirte algo así...algo especial. Ambas sabemos que no necesitamos que un calendario nos diga cuando debemos tener un detalle entre nosotras. Los calendarios solo sirven para... administrar el tiempo laboral o académico. En temas de sentimientos... es un instrumento inútil.
Así que para ser justos y que haya congruencia con lo que acabo de decir. ¡Hagamos un trato! Toooda esta carta, te la escribo porque quiero. Porque un día 27 de diciembre es tan bueno como cualquier otro para decirte lo que siento. Sin embargo, el FELICIDADES, es lo que representa que hoy es el aniversario de tu nacimiento.
Así pues, ¡Feliz Cumpleaños Elisa! Felices 19 estupendos años. Te deseo que todo el tiempo venidero no sea sino mejor que el que ya has vivido. Que disfrutes este día con tu padre, en ese continente tan anhelado y que vuelvas más grande aún por dentro y con una sonrisa que no te quepa en la cara.
No te mereces menos.
Te quiero. Siempre.

Verónica

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Renovarse o morir

De nuevo otra cara para el blog. Y es que no puedo soportar no someter mi vida a continuos cambios. A mi vida, a mi imagen, a los muebles, a las costumbres... suelen ir todas de la mano, y conforman las víctimas de mi trastorno obsesivo por renovar.
Hoy es 22 de Diciembre y como tantos otros españoles me hallo enganchada a la pantalla de la televisión, con los dedos cruzados para que un simple número ofrezca otro rumbo a mi vida. Quizás de esta forma en vez de irme en coche esta tarde a Carboneras, pueda irme en...¿limusina?. ¡Pero qué digo! Con lo afortunada que soy por tener un Kia Río...
Fuera extravagancias...que me tocara una pedrea estaría muy pero que muy bien...¿no crees?
Oficialmente estamos de vacaciones de Navidad...solo son unas dos semanas y, sin embargo, siempre se me antojaron un mes...Horas muy intensas concentradas en un solo día. Dos semanas que valen por el doble.
Este año me enfrento al 2011 con energía renovada. Algunos a mi alrededor ya lo han notado. Incluso yo misma me percibo diferente.
El final de este año me ha enseñado que pedir cosas al tiempo solo me hace vivir en el futuro, vivir en un lugar inexistente. Así que por primera vez en mi vida, la lista de los propósitos de año nuevo va a ser escueta y directa. Si me preguntan, diré que solo deseo convertirme cada día en una persona mejor, no dejar de crecer y que los mios, y yo misma, gocemos de una salud impecable, y de esta manera los problemas nunca lleguen a trascender.
Deseando algo así no se puede ser otra cosa que no sea "feliz". Y con eso me sobra y me basta.
Todo lo que nos rodea funciona de el mismo modo. Se renueva. O se muere. Igual que renuevas el aire de tu habitación cada mañana, también tienes que abrir la ventana de tu cabeza, tu corazón, tu alma, tu vida... Igual que se renuevan los calendarios cada 1 de enero. Del mismo modo en que se inaugura un nuevo día cada vez que el reloj marca las 12 de la noche. Te invito a que pruebes la sensación. A que te recicles constantemente a ti mismo. Te quedes con lo bueno, tires lo malo, y sigas andando por tu propio sendero con zapatos nuevos. Aunque a veces los zapatos nuevos al principio hacen daño, no olvides nunca la ilusión que te hace el calzarlos. Porque la ilusión puede mover montañas.

Compra todos los regalos, ultima detalles y abre bien tus brazos a la época tan bonita que ya hoy ha comenzado.
Feliz 22 de Diciembre.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Autorreflexión

Ultimamente no tengo nada importante que decir, sin embargo tengo la absurda creencia, ya ineludible, de que me debo a estos posts.
No sé si te pasa, que de repente te sientas a escribir sin nada destacable que decir, sintiéndote torpe por tener una tartana de pensamientos acumulados con ruedas desgastadas que no llevan a ninguna parte, y comienzas a enlazar la pulsación de una tecla con la de otra, engarzándote en un baile cuya cadencia es casi melódica...cuyo ritmo es imparable. En cuestión de segundos estás metido hasta las rodillas en tu propio fango, buscando con ojos ciegos qué se esconde entre todo ese barro mental, intentando dar palabras a todo lo que sientes, y de este modo quizás, logres averiguar qué es lo que te hace sentir así.
Hace tiempo que abogo por dejarse llevar, sin dar más vueltas a las cosas de las que se merecen.Porque cuando te rezagas buscando razones, cuando te adormilas en justificaciones, cuando te estancas en la lista de pros y contras, te das cuenta de como ha corrido el tiempo velozmente en tu reloj y entonces ves la espalda de la oportunidad que pasó frente a ti. Esa oportunidad que en algún momento determinado tuviste cara a cara. Sin embargo, he de confesar que de un tiempo a esta parte dejé de predicar con el ejemplo. Me quedé colgada de pensamientos absurdos y autorreflexivos, pensamientos que un principio me ayudaron, pues aclararon mis ideas, me abrieron un camino, enfocaron una serie de prioridades y me otorgaron una pauta a seguir. Pero hay que saber desprenderse y no hacer de periodos diferentes hábitos rutinarios.
La cabeza de turco de todo mi malestar fui yo misma. Me sentía atrapada y por más que giraba y giraba, no veía ni un solo muro que me retuviese a mi alrededor. A veces somos nosotros los verdugos de nuestra propia felicidad, porque estamos demasiado ciegos y preocupados en preocuparnos como para sacar la valentía necesaria para afrontar lo que estamos viviendo. Es mejor enardecerse de los pequeños pasitos que damos hacia delante que consolarnos por no poder avanzar.
Que tengais un estupendo jueves. Y mañana un estupendo viernes. Y consecutivamente, podáis formar un estupendo calendario, lleno de días malos y buenos. Sobre todo buenos.