(*Continuación de la parte 10, sita en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/2011/01/parte-10.html )
- Bueno, dispara chica que no tenemos toda la noche. Cuéntame todo de ese bomboncito llamado Aaron - decía François con la impaciencia propia de una dieseisañera.
- Ya estás sacando todo de contexto, desde luego François, tú y tu manía de buscarme un hombre. Ya te lo he dicho. Aaron es sólo... un chico amable y trabajador, con un perro malvado y un talento que beneficia mucho a Voice...
- ¿Amable y trabajador? Cariño lo siento pero hay que brindar por eso... Tú hablando en términos positivos de un hombre... ¡Quién te ha visto y quién te ve!
- No sé por qué dices eso, siempre he hablado bien de ti.
- Alison... ¡he dicho de un hombre! - y nos echamos a reir - ¡Camarero! ¡Camarero! Traiga una botella de Vega Sicilia.
- No me vas a conquistar con vino François, que ya nos conocemos...- y reímos como dos niños que se olvidan de todo lo malo y se quedan solamente con los bellos momentos.
La velada transcurrió de un modo jovial y placentero. François, que es un diseñador de interiores de amplia carrera e internacional fama, había sido el mejor de los amigos que pudiera encontrar desde que me mudara a Nueva York con 18 años. Por desgracia ser una mujer de éxito no es compatible con las buenas compañías, no cuando desconoces los patrones bajo los que funciona este mundo y eres una novata como algún día lo fui yo. El interés no tiene barreras y la envidia ciega a las personas hasta límites insospechados. Manhattan me convirtió en una mujer fuerte y luchadora pero la vida me había ofrecido algunos envites de los que de no ser por amigos como François apenas me hubiera podido rehacer a mí misma.
Después del restaurante nos dirigimos a mi apartamento, François quería ver los cambios que le había dado a mi nuevo hogar y gustosamente le invité a tomar una última copa de vino en casa.
Una vez hubo hecho la crítica correspondiente y me cambió de lugar algún que otro cuadro nos desplomamos en el sofá y pasó. Puso su cara de confidente.
- Suéltalo, qué tienes en esa mente retorcida y manipuladora - le dije con el tono de confianza que la amistad me otorgaba.
- El viernes que viene inauguro el local del que te hablé. Ya está todo a punto, es un perfecto escaparate de mi trabajo y van a venir personas de todos lados, periodistas de muchas revistas de diseño y gente del mundillo. Por supuesto cuento con tu compañía... y...
- ¡Dilo ya!
- Me preguntaba si... ¿querrías dar un pequeñito discurso en la presentación? No se me ocurre nadie mejor que tú.
- ¡François! Por supuesto. ¡Será un honor!. Ya me estaba asustando con esa carita de pensamiento maquinador.
- Pequeña hay algo más... - lo miré tensamente - ¡Quiero que vengas con Aaron!
- ¡¡¡¡François!!!!
- Lo siento guapita de cara pero es mi fiesta e invito a quien yo quiera y quiero que ese bombocito venga. Así que más te vale traerlo o iré yo mismo a esa revista tuya y lo invitaré personalmente.
- Está bien, está bien. Pero te aviso de antemano pequeña maruja, ni se te ocurra intentar nada, Aaron va a venir en calidad de compañero de trabajo y sólo porque tú te has empeñado.
- Vale Alison, como quieras - cedió mientras se ponía el abrigo y abría la puerta de casa - pero ni se te ocurra ir de monjita. Con ese cuerpo que te dio tu madre y lo poco que le da la luz... ¿No ibas a darle un giro a tu vida? Deslúmbrame el viernes. ¡Te quiero! - gritó mientras la puerta del ascensor se cerraba tras su paso.
Cogí el teléfono para llamar a Aaron, quería disculparme por haberme escabullido de ese modo precipitado cuando parecía que me estaba invitando a cenar. Además así podía comentarle de un modo frío e indirecto el plan de François, pero cuando miré el reloj ya era muy tarde y tuve que esperar hasta la mañana siguiente que lo viera en el trabajo.
Cuando llegué a la redacción aún faltaban 5 minutos para que fuera la hora oficial de comienzo de la jornada, Aaron aún no había llegado. Dejé el bolso, encendí el ordenador y abrí el primer cajón de mi mesita donde guardaba un bote de J'Adore y lo pulvericé sobre mi cuello. Empecé a ponerme nerviosa, sentía como si fuera a pedirle una cita a un chico en el instituto y me sorprendí a mi misma andando de un lado a otro. Aaron entró en el edificio y yo fingí ir a servirme un vaso de agua en el dispensador que había al lado de la puerta de su despacho.
- Hola Alison - me dijo cuando pasó frente a mí.
- Buenos días ¿qué tal est... - arrastré las palabras pues ya había entrado en su despacho cuando me giré del todo.
El resto del día fue más de lo mismo, Aaron estaba más evasivo que nunca y en mis encuentros con él, más causados que casuales, como mucho lograba un intercambio de miradas. Ya no entraba a mi despacho a bombardearme a preguntas en un tiempo record, ni me tocaba en el cristal cuando pasaba frente él para saludarme de un modo rápido y fugaz. Debía estar algo ofuscado por mi retirada huidiza del día anterior y yo no era capaz de hacer acopio de todo mi valor para dirigirme a él.
Decidí dejarme de niñerias y me planté en su despacho con una invitación al evento de François en mi mano. Me hizo esperar porque estaba al teléfono y cuando por fin colgó esa llamada que se me antojo eterna se dirigió a mí.
- ¿Querías algo Alison?.
- De hecho sí... Tengo una propuesta que puede que...
- ¡¡Aaron!! - irrumpió una de las nuevas becarias en el despacho, entró sin llamar a la puerta y se acercó hasta su mesa con aires insinuantes - anoche lo pasé de lujo contigo, quería decírtelo antes de irme porque...es mi tiempo libre para almorzar algo...así que si quieres...
Las miradas de reojo que Aaron me hacía mientras esa becaria le tiraba de la corbata no bastaron para frenarme. Le dejé la invitación encima de su mesa y me retiré apresuradamente. Cuando entré en mi despacho el enrojecimiento ya era evidente, se había esparcido por todo mi rostro. ¿Qué pretendía? ¿Acaso esperaba algo de él?
Llamé a Catherine por la línea telefónica interna y le dije que iba a continuar trabajando en la calle. Terminaría mi articulo hoy mismo pero había decidido oxigenarme un poco y cambiar de entorno, para ello escogí Central Park que me pillaba a un par de manzanas de mi apartamento. Lo que supuestamente solo iba a ocupar mi mañana, acabó extendiéndose en el reloj hasta más allá de la media tarde. Mientras la batería del ordenador durase estaba dispuesta a trabajar sin cesar, el ambiente era inspirador y el conseguir centrarme en algo distraía mi mente de la vergüenza que esa misma mañana había pasado.
Gracias a Dios no tenía que volver a Voice hasta el lunes siguiente, tenía todo el fin de semana para convencer a François de que ir sola a la inauguración no era tan mala idea.
( Continua en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/ )
jueves, 6 de enero de 2011
miércoles, 5 de enero de 2011
Parte 9
( *Continuación de la parte 8, sita en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/2011/01/parte-8.html )
Aaron aceptó mi propuesta antes de marcharse y una vez se hubo ido, me senté con cuidado en el alféizar de la ventana y sentí como si el tiempo se paralizara en el mismo instante que una inmensa calma invadía por completo todo mi ser.
Sabía perfectamente que Catherine me había prohibido pensar sobre el trabajo en mi día libre, pero estaba segura por el tono de voz que puso cuando le conté todo lo que me traía entre manos, de que el haberme saltado las reglas no le disgustaba en absoluto.
Decidí aprovechar el resto del día para construir un hogar y mandar todas esas cajas de cartón a freír espárragos de una vez por todas, así que pedí algo de comida china, puse en la minicadena una recopilación de música de los 60, y al ritmo de "The Letter" comencé a desempaquetar mi vida. Fui más eficiente de lo que en un principio imaginaba y me gustaba ver como cogía con firmeza las riendas de mi vida. Cuando terminé de ordenarlo todo coloqué un jarrón con los "pensamientos" - las flores que Aaron me llevó al hospital - en la mesa donde habíamos almorzado y muy a sabiendas de que no me iba a escuchar dije en voz alta "Gracias Aaron".
Debía reconocer que ese chico despistado podía suponer la salvación de la revista y, a pesar de que hacía menos de 24 horas el altercado que provocó era para mí una fuente inagotable que emanaba ira a raudales, en ese momento mi futuro laboral imperaba sobre todo lo demás y en ese campo, había que reconocer que Aaron Brooks fue una oportunidad caída del mismo cielo.
Al día siguiente me puse en marcha bien temprano. Llegué a Voice sobre las 8 y con un riguroso escrutinio revisé el contenido de aquel USB que copié en el disco duro de mi ordenador.
Hice una selección del material que más interesante le pudiera resultar a Catherine Harper y pinché en el botón de imprimir. No mucho más tarde vino su secretaria a avisarme de que la jefa me quería en su despacho.
No se necesitó demasiado tiempo para subir a bordo a Brooks, así que mucho antes de lo previsto nos hallábamos los dos fuera del despacho con la misión de guiarle hacia su nueva "casa".
- Enhorabuena Aaron, te dije que el puesto era tuyo.
- Gracias Alison, no solo me has dado una gran oportunidad sino que además me has hecho el camino más fácil.
- Curioso es el destino, que desde el primer momento has estado poniendo mi vida patas arriba y complicándomelo todo y sin embargo, ahora... estás aquí para hacerla de algún modo más fácil - y le clavé la mirada de un modo incisivo que finalmente se tornó a una mueca y acabamos riendo - Esto es serio Aaron - me sinceré - Sólo... no me decepciones. He confiado en ti ciegamente de un modo, quizás, precipitado. No es algo que acostumbre a hacer, pero si puedes repetir algo tan bueno como lo que he leído... no me desilusionarás.
- No pienso hacerlo - afirmó con una rotunda seguridad.
- Más te vale...Este es tu despacho.
- Mi...¿despacho? ¡Vaya! No me esperaba en absoluto tener un despacho para mí.
- En Voice nos gusta cuidarnos unos a otros. Mi despacho está justo enfrente, te aconsejo que te aprendas el camino, vamos a tener que trabajar en equipo. Yo voy a seguir con lo mio, que tengas un buen día.
Y me dí la vuelta rumbo al lado opuesto del pasillo. Cuando Aaron me llamó.
- Alison, ¡espera!.
- ¿Si?
- ¿Qué es lo que más impresión te ha causado de todo lo que leíste en ese pen-drive?
- Supongo que me impactó el ímpetu con el que defiendes la indecorosa pomposidad del amor. No hay muchos hombres que aborden ese tema. No de esa manera. Pero basta ya Aaron, demasiados halagos para tan solo dos días, no me gustaría que te acostumbraras a esta adulación continua. A partir de ahora tendré que ser más dura contigo - bromeé mientras retomaba mi camino.
El resto del día lo pasé enclaustrada en mi despacho recuperando el tiempo perdido. Dejé las persianas de las cristaleras que dan al pasillo y a las oficinas abiertas para no sentirme del todo incomunicada. Sólo salí de mi despacho para ir al servicio o estirar las piernas. Para mi dosis de cafeína tenía una bonita cafetera personal con la que me obsequió Catherine - conocedora de mi vicio al café - cuando me incorporé a la revista. Siempre tiene buenos detalles con los grandes fichajes. Me pregunto que le regalará a Aaron.
Cuando me fui de la revista era tarde y ya había oscurecido. Tan sólo unos cuantos editores y periodistas seguían rondando por el edificio. La luz del despacho de Aaron estaba todavía encendida pero le hice caso omiso. Estaba demasiado cansada. Así pues, me despedí de la secretaria que discutía por teléfono sin tapujos sobre temas de su vida personal y llamé al ascensor mientras rebuscaba mi móvil en el bolso.
(Continuará en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com)
Aaron aceptó mi propuesta antes de marcharse y una vez se hubo ido, me senté con cuidado en el alféizar de la ventana y sentí como si el tiempo se paralizara en el mismo instante que una inmensa calma invadía por completo todo mi ser.
Sabía perfectamente que Catherine me había prohibido pensar sobre el trabajo en mi día libre, pero estaba segura por el tono de voz que puso cuando le conté todo lo que me traía entre manos, de que el haberme saltado las reglas no le disgustaba en absoluto.
Decidí aprovechar el resto del día para construir un hogar y mandar todas esas cajas de cartón a freír espárragos de una vez por todas, así que pedí algo de comida china, puse en la minicadena una recopilación de música de los 60, y al ritmo de "The Letter" comencé a desempaquetar mi vida. Fui más eficiente de lo que en un principio imaginaba y me gustaba ver como cogía con firmeza las riendas de mi vida. Cuando terminé de ordenarlo todo coloqué un jarrón con los "pensamientos" - las flores que Aaron me llevó al hospital - en la mesa donde habíamos almorzado y muy a sabiendas de que no me iba a escuchar dije en voz alta "Gracias Aaron".
Debía reconocer que ese chico despistado podía suponer la salvación de la revista y, a pesar de que hacía menos de 24 horas el altercado que provocó era para mí una fuente inagotable que emanaba ira a raudales, en ese momento mi futuro laboral imperaba sobre todo lo demás y en ese campo, había que reconocer que Aaron Brooks fue una oportunidad caída del mismo cielo.
Al día siguiente me puse en marcha bien temprano. Llegué a Voice sobre las 8 y con un riguroso escrutinio revisé el contenido de aquel USB que copié en el disco duro de mi ordenador.
Hice una selección del material que más interesante le pudiera resultar a Catherine Harper y pinché en el botón de imprimir. No mucho más tarde vino su secretaria a avisarme de que la jefa me quería en su despacho.
No se necesitó demasiado tiempo para subir a bordo a Brooks, así que mucho antes de lo previsto nos hallábamos los dos fuera del despacho con la misión de guiarle hacia su nueva "casa".
- Enhorabuena Aaron, te dije que el puesto era tuyo.
- Gracias Alison, no solo me has dado una gran oportunidad sino que además me has hecho el camino más fácil.
- Curioso es el destino, que desde el primer momento has estado poniendo mi vida patas arriba y complicándomelo todo y sin embargo, ahora... estás aquí para hacerla de algún modo más fácil - y le clavé la mirada de un modo incisivo que finalmente se tornó a una mueca y acabamos riendo - Esto es serio Aaron - me sinceré - Sólo... no me decepciones. He confiado en ti ciegamente de un modo, quizás, precipitado. No es algo que acostumbre a hacer, pero si puedes repetir algo tan bueno como lo que he leído... no me desilusionarás.
- No pienso hacerlo - afirmó con una rotunda seguridad.
- Más te vale...Este es tu despacho.
- Mi...¿despacho? ¡Vaya! No me esperaba en absoluto tener un despacho para mí.
- En Voice nos gusta cuidarnos unos a otros. Mi despacho está justo enfrente, te aconsejo que te aprendas el camino, vamos a tener que trabajar en equipo. Yo voy a seguir con lo mio, que tengas un buen día.
Y me dí la vuelta rumbo al lado opuesto del pasillo. Cuando Aaron me llamó.
- Alison, ¡espera!.
- ¿Si?
- ¿Qué es lo que más impresión te ha causado de todo lo que leíste en ese pen-drive?
- Supongo que me impactó el ímpetu con el que defiendes la indecorosa pomposidad del amor. No hay muchos hombres que aborden ese tema. No de esa manera. Pero basta ya Aaron, demasiados halagos para tan solo dos días, no me gustaría que te acostumbraras a esta adulación continua. A partir de ahora tendré que ser más dura contigo - bromeé mientras retomaba mi camino.
El resto del día lo pasé enclaustrada en mi despacho recuperando el tiempo perdido. Dejé las persianas de las cristaleras que dan al pasillo y a las oficinas abiertas para no sentirme del todo incomunicada. Sólo salí de mi despacho para ir al servicio o estirar las piernas. Para mi dosis de cafeína tenía una bonita cafetera personal con la que me obsequió Catherine - conocedora de mi vicio al café - cuando me incorporé a la revista. Siempre tiene buenos detalles con los grandes fichajes. Me pregunto que le regalará a Aaron.
Cuando me fui de la revista era tarde y ya había oscurecido. Tan sólo unos cuantos editores y periodistas seguían rondando por el edificio. La luz del despacho de Aaron estaba todavía encendida pero le hice caso omiso. Estaba demasiado cansada. Así pues, me despedí de la secretaria que discutía por teléfono sin tapujos sobre temas de su vida personal y llamé al ascensor mientras rebuscaba mi móvil en el bolso.
(Continuará en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com)
lunes, 3 de enero de 2011
Parte 7
(Continuación de la parte 6, sita en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/2011/01/parte-6.html )
- Dime Aaron, ¿tienes algo que hacer el resto de la mañana?- le pregunté mientras se acomodaba en mi salón.
- Después del almuerzo tengo que recoger a Shawn del veterinario, eso es todo, ¿por qué lo preguntas?
- Verás... quizás he leído más de lo que debiera de ese USB...de hecho, vale, lo reconozco, lo he leído todo. Pero me gustaría hablar contigo sobre un par de cosas. Son importantes así que creo que deberíamos tomarnos para ello el tiempo que merecen. Es por ello que te propongo lo siguiente...
- Soy todo oídos - contestó con una sonrisa cargada de una disposición bastante entusiasta.
- ¿Has desayunado? -le pregunté.
- Solo un café hace ya algunas horas.
- Está bien. Pues yo voy a necesitar otro, ¿quieres hacerme de cocinero Brooks? - le propuse con un sobreactuado parpadeo con misión conquistadora - Necesito darme una ducha antes de empezar con este asunto, y no creo que pueda espabilarme del todo sin un café y algo que echarle al estómago. Ayer me quedé dormida nada más llegar y... bueno, como puedes comprobar no he tenido tiempo de hacer mucho desde entonces... la intriga que despertó en mí ese USB paralizó por completo todo pensamiento de accionarme. Termino en seguida. Ahí tienes la cocina, sírvete tú mismo... Actúa como si fuera tu casa...al fin y al cabo... lo fue ¿no? - y mi voz, ya lejana al salón, se acalló tras entornar la puerta de mi habitación y meterme en mi baño.
Había ido alejándome poco a poco del hall y hablando atropelladamente como si de ese modo Aaron no tuviera más remedio que aceptar mi oferta, o al menos, no tuviera opción de reclinarla. Encendí el grifo de la ducha y me sumergí en ella, alargando el momento todo lo que pude, relegándome al confort del agua caliente resbalando por mis sienes y por mi cuerpo, y al el olor a frutas del champú.
Esa mañana me levanté temprano con una llamada de mi jefa. Se había enterado del percance del día anterior y me dio de nuevo el día libre bajo la amenaza de que más me valía reposar y no pensar en los asuntos de la redacción. Me quité los tacones con los que incluso había dormido y mientras hacía la cama encontré el USB enrollado entre mis sábanas. Sin saber de dónde había salido lo metí en el ordenador guiada por una mezcla de intriga y desconcierto, y entonces lo vi. Era de Aaron, "se debió caer del bolsillo de la chaqueta" pensé de un modo inequívoco. No pude evitarlo, leí todo lo que había, ensayos, críticas...y escuché un par de selecciones de música que tenía guardadas. Mientras estaba inmersa hasta las cejas en uno de sus ensayos él tocó la puerta y, honestamente... este Channel no me gustaba tanto como para que me hubiera tenido que ver otra vez de esa guisa.
Salí de la ducha, me desenredé el pelo y me puse un conjunto de Victoria Secret el cual formaba parte también del nuevo fondo de armario que anunciaba mi nueva vida. Entré a mi habitación, que comunica con el baño, tarareando Hotel California y olvidándome por completo de que había dejado la puerta entornada, a través de la cual, por cierto, entraba el exquisito olor de un brunch improvisado. Me puse unos vaqueros y una bonita a la par que cómoda camiseta, un look que distaba mucho de la vestimenta del día anterior, y más adecuado para la jornada de trabajo que me esperaba.
Ingenua de mí, creía que aprovecharía la mañana para desembalar cajas y empezar a construir un hogar, pero ya me empezaba a hacer a la idea de que mientras Aaron rondara cerca, más me valía estar lista para las improvisaciones.
En el salón me esperaba un sorprendente despliegue de alimentos dispuestos en la mesita que había frente al sofá. Me senté con Aaron y empezamos a degustar ese desfile de platos, con el que indudablemente me dejó atónita. Le agradecí que hubiera preparado todo eso y admiré su habilidad para crear tal manjar con una despensa aún bastante vacía. El aceptó mis halagos y sin más dilación empezamos a comer.
Decidí dejar los temas importantes para más tarde, cuando tuvieramos las bocas vacías y las manos algo más limpias, sin embargo, no pude evitar abordarle a preguntas y dar rienda suelta a mis curiosidades.
Hablamos sobre gustos musicales y resultó que Aaron se ajustaba bastante a la descripción que me había dado mi vecina de "músico extravagante". El contaba con la habilidad de tocar el saxo y el piano, pero yo, a pesar de no ser virtuosa con los instrumentos, cuento con una sensibilidad muy especial para sentir la música de la que él se percató. Resultó que las canciones de su pen-drive que yo pensé que eran de Ludovico Einaudi, en realidad eran grabaciones de él mismo tocando, y los solos de saxo que yo creía extraídos de alguna pieza de jazz, efectivamente, eran suyos también. Procuré ocultar la impresión que tal noticia me había causado, ya le había regalado los oídos instantes antes con sus dotes culinarias y lejos de dar mi frío brazo a torcer, mantuve la compostura como pude, aunque no por ello dejé de felicitarle por su destreza en lo musical. Finalmente, al mismo tiempo que bebimos el último sorbo de café, cerramos el tema de la música y redirigí la conversación.
- Verás Aaron. Tengo que empezar explicándote algo para que entiendas porqué te he dicho que tenía temas importantes de los que hablar. ¿Has oído hablar de News Corporation?
- Por supuesto Alison, recuerda que a fin de cuentas trabajamos en el mismo mundo.
- Cierto Aaron, sólo quería asegurarme. En fin, News Corporation anda buscando una nueva revista importante que añadir a su imperio. Un contrato así podría suponer mejoras que no alcanzarías a imaginar ahora mismo para Voice, que como bien sabrás es la revista para la que trabajo actualmente. Es una oportunidad que no podemos permitirnos perder puesto que últimamente el índice de ventas está decreciendo y esto nos supone un enorme problema. Monde es nuestra competencia, no es la única que tenemos pero bien es cierto que las demás no suponen ninguna amenaza. James está lamiéndole el culo a unos cuantos jefazos y ese juego sucio no nos beneficia en absoluto. Como te he dicho hace un momento, nuestro índice de ventas esta disminuyendo. Nuestros lectores quieren algo nuevo, están cansados de la dinámica de Voice y necesitan un soplo de aire fresco. Por ello me contraron, mi curriculum y mi estilo les auguraba novedades, pero no es suficiente. Yo sola no puedo redirigir el rumbo de toda una revista con décadas de experiencia a sus espaldas. Aquí es dónde tú entras Aaron. Empiezo a pensar que las casualidades no existen. No todos los días un perro irrumpe en un cóctel y se abalanza sobre mí ¿sabes?, y no sé Brooks...¿sueles dejarte USB's de contenido tan valioso en los bolsillos de todas las chaquetas?. - cambió su rostro atentó por una graciosa mueca - Verás Aaron. Ya me he confesado pecadora y te he dicho que he leído tus ensayos y tus críticas. Es un material muy bueno, ¿lo sabes?. El ensayo en el que haces una crítica social a la insensibilidad que promulgamos ante el amor, el afecto, las muestras de cariño, la facilidad con la que aceptamos la oligarquía de lo insensible... es extraordinario. Has hecho un trabajo espléndido Aaron y creo que puedes ayudar mucho en mi revista. No te haría esta propuesta sino fuera porque sé que tendrán muy en cuenta mi criterio... pero... ¿te gustaría incorporarte a Voice?- tomó aire para responderme - Espera, espera, antes de que contestes...Todavía tendrías que hacer una entrevista con mi superior, pero si vas de mi parte el trabajo es tuyo Aaron. Piénsalo... sé que antes no has trabajado como redactor oficial, pero es una oportunidad en la que tanto Voice como tú salís ganando...Sabes que lo último que quiero es poner mi salud en riesgo teniéndote cerca - me burlé de él - por lo tanto sabrás que esto es importante, ¿qué me dices?
(Continuará en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/)
- Dime Aaron, ¿tienes algo que hacer el resto de la mañana?- le pregunté mientras se acomodaba en mi salón.
- Después del almuerzo tengo que recoger a Shawn del veterinario, eso es todo, ¿por qué lo preguntas?
- Verás... quizás he leído más de lo que debiera de ese USB...de hecho, vale, lo reconozco, lo he leído todo. Pero me gustaría hablar contigo sobre un par de cosas. Son importantes así que creo que deberíamos tomarnos para ello el tiempo que merecen. Es por ello que te propongo lo siguiente...
- Soy todo oídos - contestó con una sonrisa cargada de una disposición bastante entusiasta.
- ¿Has desayunado? -le pregunté.
- Solo un café hace ya algunas horas.
- Está bien. Pues yo voy a necesitar otro, ¿quieres hacerme de cocinero Brooks? - le propuse con un sobreactuado parpadeo con misión conquistadora - Necesito darme una ducha antes de empezar con este asunto, y no creo que pueda espabilarme del todo sin un café y algo que echarle al estómago. Ayer me quedé dormida nada más llegar y... bueno, como puedes comprobar no he tenido tiempo de hacer mucho desde entonces... la intriga que despertó en mí ese USB paralizó por completo todo pensamiento de accionarme. Termino en seguida. Ahí tienes la cocina, sírvete tú mismo... Actúa como si fuera tu casa...al fin y al cabo... lo fue ¿no? - y mi voz, ya lejana al salón, se acalló tras entornar la puerta de mi habitación y meterme en mi baño.
Había ido alejándome poco a poco del hall y hablando atropelladamente como si de ese modo Aaron no tuviera más remedio que aceptar mi oferta, o al menos, no tuviera opción de reclinarla. Encendí el grifo de la ducha y me sumergí en ella, alargando el momento todo lo que pude, relegándome al confort del agua caliente resbalando por mis sienes y por mi cuerpo, y al el olor a frutas del champú.
Esa mañana me levanté temprano con una llamada de mi jefa. Se había enterado del percance del día anterior y me dio de nuevo el día libre bajo la amenaza de que más me valía reposar y no pensar en los asuntos de la redacción. Me quité los tacones con los que incluso había dormido y mientras hacía la cama encontré el USB enrollado entre mis sábanas. Sin saber de dónde había salido lo metí en el ordenador guiada por una mezcla de intriga y desconcierto, y entonces lo vi. Era de Aaron, "se debió caer del bolsillo de la chaqueta" pensé de un modo inequívoco. No pude evitarlo, leí todo lo que había, ensayos, críticas...y escuché un par de selecciones de música que tenía guardadas. Mientras estaba inmersa hasta las cejas en uno de sus ensayos él tocó la puerta y, honestamente... este Channel no me gustaba tanto como para que me hubiera tenido que ver otra vez de esa guisa.
Salí de la ducha, me desenredé el pelo y me puse un conjunto de Victoria Secret el cual formaba parte también del nuevo fondo de armario que anunciaba mi nueva vida. Entré a mi habitación, que comunica con el baño, tarareando Hotel California y olvidándome por completo de que había dejado la puerta entornada, a través de la cual, por cierto, entraba el exquisito olor de un brunch improvisado. Me puse unos vaqueros y una bonita a la par que cómoda camiseta, un look que distaba mucho de la vestimenta del día anterior, y más adecuado para la jornada de trabajo que me esperaba.
Ingenua de mí, creía que aprovecharía la mañana para desembalar cajas y empezar a construir un hogar, pero ya me empezaba a hacer a la idea de que mientras Aaron rondara cerca, más me valía estar lista para las improvisaciones.
En el salón me esperaba un sorprendente despliegue de alimentos dispuestos en la mesita que había frente al sofá. Me senté con Aaron y empezamos a degustar ese desfile de platos, con el que indudablemente me dejó atónita. Le agradecí que hubiera preparado todo eso y admiré su habilidad para crear tal manjar con una despensa aún bastante vacía. El aceptó mis halagos y sin más dilación empezamos a comer.
Decidí dejar los temas importantes para más tarde, cuando tuvieramos las bocas vacías y las manos algo más limpias, sin embargo, no pude evitar abordarle a preguntas y dar rienda suelta a mis curiosidades.
Hablamos sobre gustos musicales y resultó que Aaron se ajustaba bastante a la descripción que me había dado mi vecina de "músico extravagante". El contaba con la habilidad de tocar el saxo y el piano, pero yo, a pesar de no ser virtuosa con los instrumentos, cuento con una sensibilidad muy especial para sentir la música de la que él se percató. Resultó que las canciones de su pen-drive que yo pensé que eran de Ludovico Einaudi, en realidad eran grabaciones de él mismo tocando, y los solos de saxo que yo creía extraídos de alguna pieza de jazz, efectivamente, eran suyos también. Procuré ocultar la impresión que tal noticia me había causado, ya le había regalado los oídos instantes antes con sus dotes culinarias y lejos de dar mi frío brazo a torcer, mantuve la compostura como pude, aunque no por ello dejé de felicitarle por su destreza en lo musical. Finalmente, al mismo tiempo que bebimos el último sorbo de café, cerramos el tema de la música y redirigí la conversación.
- Verás Aaron. Tengo que empezar explicándote algo para que entiendas porqué te he dicho que tenía temas importantes de los que hablar. ¿Has oído hablar de News Corporation?
- Por supuesto Alison, recuerda que a fin de cuentas trabajamos en el mismo mundo.
- Cierto Aaron, sólo quería asegurarme. En fin, News Corporation anda buscando una nueva revista importante que añadir a su imperio. Un contrato así podría suponer mejoras que no alcanzarías a imaginar ahora mismo para Voice, que como bien sabrás es la revista para la que trabajo actualmente. Es una oportunidad que no podemos permitirnos perder puesto que últimamente el índice de ventas está decreciendo y esto nos supone un enorme problema. Monde es nuestra competencia, no es la única que tenemos pero bien es cierto que las demás no suponen ninguna amenaza. James está lamiéndole el culo a unos cuantos jefazos y ese juego sucio no nos beneficia en absoluto. Como te he dicho hace un momento, nuestro índice de ventas esta disminuyendo. Nuestros lectores quieren algo nuevo, están cansados de la dinámica de Voice y necesitan un soplo de aire fresco. Por ello me contraron, mi curriculum y mi estilo les auguraba novedades, pero no es suficiente. Yo sola no puedo redirigir el rumbo de toda una revista con décadas de experiencia a sus espaldas. Aquí es dónde tú entras Aaron. Empiezo a pensar que las casualidades no existen. No todos los días un perro irrumpe en un cóctel y se abalanza sobre mí ¿sabes?, y no sé Brooks...¿sueles dejarte USB's de contenido tan valioso en los bolsillos de todas las chaquetas?. - cambió su rostro atentó por una graciosa mueca - Verás Aaron. Ya me he confesado pecadora y te he dicho que he leído tus ensayos y tus críticas. Es un material muy bueno, ¿lo sabes?. El ensayo en el que haces una crítica social a la insensibilidad que promulgamos ante el amor, el afecto, las muestras de cariño, la facilidad con la que aceptamos la oligarquía de lo insensible... es extraordinario. Has hecho un trabajo espléndido Aaron y creo que puedes ayudar mucho en mi revista. No te haría esta propuesta sino fuera porque sé que tendrán muy en cuenta mi criterio... pero... ¿te gustaría incorporarte a Voice?- tomó aire para responderme - Espera, espera, antes de que contestes...Todavía tendrías que hacer una entrevista con mi superior, pero si vas de mi parte el trabajo es tuyo Aaron. Piénsalo... sé que antes no has trabajado como redactor oficial, pero es una oportunidad en la que tanto Voice como tú salís ganando...Sabes que lo último que quiero es poner mi salud en riesgo teniéndote cerca - me burlé de él - por lo tanto sabrás que esto es importante, ¿qué me dices?
(Continuará en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/)
domingo, 2 de enero de 2011
Parte 5
(Continuación de la parte 4, sita en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/2011/01/parte-4.html)
El hombre histérico colgó el teléfono tras una conversación que no me dejó indiferente. Pero el dolor de cabeza me estaba matando y esos alaridos solo lo incrementaban.
- Eh... hola, me llamo Aaron...
- Mire Señor...
- Brooks.
- Brooks. No sé quién es usted ni que hace en mi habitación gritando como un cosaco. De hecho, si he de serle sincera, no sé ni cómo he llegado yo misma aquí, pero dígame usted...ehh...Aaron. ¿No le enseñaron sus padres a no dar voces en un hospital mientras un paciente está descansando?
- Vaya Alison...
- Señorita Cooper si no le importa...
El chico tragó saliva y después continuó.
- Señorita Cooper había oído que es usted una mujer de carácter pero no me imaginaba semejante lucidez en una convaleciente.
- No se crea usted todo lo que oye. Ya ve que a veces la información llega incompleta.
Entre ese desconocido y yo se generó un ambiente tan rígido que opté por desviar la mirada en silencio en busca de un vaso de agua para paliar la sequedad de mi garganta. Entonces vi en mi mesita las flores...
- Pensamientos... -murmuré.
- ¿Decía algo Alis... Señorita Cooper?.
- Entonces... ¿Quién dices que eres?
- Verás... ahora viene la parte difícil...digamos que...
- Al grano Brooks.
- ¡Caray Alison! ¡Dame un respiro!
- ¡Señorita Cooper!
- Como usted quiera... digamos que soy el dueño del perro que saltó sobre si. Y me gustaría decirle que me siento terriblemente avergonzado por el incidente y quería disculparme. Si hay algo que pudiera hacer por usted...
- No debería tener perro si no es capaz de controlarlo.
Debí ser una zorra inquisitiva porque en ese momento comenzó un incómodo silencio cuya duración se me antojó eterna. Justo cuando el ambiente podía cortarse con el filo de una hoja irrumpió una enfermera en la habitación.
- ¡Oh Señora Sandler! - sí, eso dolió.- Ya se ha despertado, ¿cómo se encuentra usted?.
- Señorita Cooper por favor... Y se puede decir que he tenido despertares mejores -contesté clavando la mirada en los ojos del tal Aaron Brooks.
- De acuerdo. Le dolerá la cabeza durante unos días, así que le aconsejo que haga reposo. La buena noticia es que no ha sufrido usted ningún daño, así que en seguida le traigo el informe de alta y unas pastillas para el dolor. Puede usted ir preparándose o llamar a alguien si desea que vengan a recogerla.
- ¡Oh! ¡Yo la llevaré! - sugirió Aaron.
- ¡No! Eso sí que no. Señor Brooks, le agradezco enormemente el detalle, las flores me han encantado y acepto sus disculpas, pero creo que será mejor para ambos, por el bien de nuestra suerte, que nuestros caminos se separen aquí y ahora.
- Verás, le ruego que me deje que la lleve a casa. No puedo hacer menos después de tal incidente y no tengo prisa...como ha podido escuchar, ya no tengo que ir al trabajo...
- Ah si... Toda esa conversación...dígame. ¿Trabajaba usted para James...es decir, James Sandler?
- Así es, trabajaba, pero después de mi discurso y de la dimisión, dudo que deba volver por allí.
- Esta bien Aaron. Si le has dicho todo eso a James, ¡qué diablos!, llévame a casa.
- Me alegro señorita Cooper.
- Puedes llamarme Alison - cedí.
- Pues en marcha Alison.
Tras la sonrisa de complicidad, la enfermera, que en medio de nuestra conversación hizo mutis por el foro, me trajo todo lo que necesitaba. Me vestí con mi Channel. Había olvidado la probabilidad inminente de que esa enorme mancha de vino formara parte de su estampado, así que Aaron, aún guiado por su sentimiento de culpabilidad, me prestó su chaqueta -un tanto mordisqueada- y nos subimos en un estropeado coche rumbo a mi apartamento.
El camino aunque tenso, fue entretenido. Sinceramente, creo que fue el broche perfecto para un día de contagioso surrealismo. Finalmente llegamos a nuestro destino.
-Aquí es Aaron. El número 34. Gracias por traerme y descuida, puedo subir sola. ¡Ah! Antes de que se me olvide... si me das tu tarjeta podré mandarte la chaqueta a tu dirección...
- Alison... tú...¿vives aquí?- me interrumpió.
- Así es. Me mudé hace unos días. ¿Ocurre algo?.
- No nada... La chaqueta... puedes tirarla, o quedartela... después de los "pespuntes" que le ha dado Shawn, no creo que vuelva a ponérmela.
- De acuerdo. Gracias entonces por traerme Aaron.
- No podía hacer menos después de dejar que mi perro atentara contra tu salud.
- Muy gracioso... Me voy a casa antes de descomponerme de la risa.
- Que tengas un buen día Alison.
Le di la espalda. Entré en casa, me tomé una de esas pastillas que me habían dado y me dejé caer en la cama rendida, sin ni siquiera quitarme los tacones, y desde luego, sin ser aún consciente de todo lo que había ocurrido.
(*Continuará en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/ )
El hombre histérico colgó el teléfono tras una conversación que no me dejó indiferente. Pero el dolor de cabeza me estaba matando y esos alaridos solo lo incrementaban.
- Eh... hola, me llamo Aaron...
- Mire Señor...
- Brooks.
- Brooks. No sé quién es usted ni que hace en mi habitación gritando como un cosaco. De hecho, si he de serle sincera, no sé ni cómo he llegado yo misma aquí, pero dígame usted...ehh...Aaron. ¿No le enseñaron sus padres a no dar voces en un hospital mientras un paciente está descansando?
- Vaya Alison...
- Señorita Cooper si no le importa...
El chico tragó saliva y después continuó.
- Señorita Cooper había oído que es usted una mujer de carácter pero no me imaginaba semejante lucidez en una convaleciente.
- No se crea usted todo lo que oye. Ya ve que a veces la información llega incompleta.
Entre ese desconocido y yo se generó un ambiente tan rígido que opté por desviar la mirada en silencio en busca de un vaso de agua para paliar la sequedad de mi garganta. Entonces vi en mi mesita las flores...
- Pensamientos... -murmuré.
- ¿Decía algo Alis... Señorita Cooper?.
- Entonces... ¿Quién dices que eres?
- Verás... ahora viene la parte difícil...digamos que...
- Al grano Brooks.
- ¡Caray Alison! ¡Dame un respiro!
- ¡Señorita Cooper!
- Como usted quiera... digamos que soy el dueño del perro que saltó sobre si. Y me gustaría decirle que me siento terriblemente avergonzado por el incidente y quería disculparme. Si hay algo que pudiera hacer por usted...
- No debería tener perro si no es capaz de controlarlo.
Debí ser una zorra inquisitiva porque en ese momento comenzó un incómodo silencio cuya duración se me antojó eterna. Justo cuando el ambiente podía cortarse con el filo de una hoja irrumpió una enfermera en la habitación.
- ¡Oh Señora Sandler! - sí, eso dolió.- Ya se ha despertado, ¿cómo se encuentra usted?.
- Señorita Cooper por favor... Y se puede decir que he tenido despertares mejores -contesté clavando la mirada en los ojos del tal Aaron Brooks.
- De acuerdo. Le dolerá la cabeza durante unos días, así que le aconsejo que haga reposo. La buena noticia es que no ha sufrido usted ningún daño, así que en seguida le traigo el informe de alta y unas pastillas para el dolor. Puede usted ir preparándose o llamar a alguien si desea que vengan a recogerla.
- ¡Oh! ¡Yo la llevaré! - sugirió Aaron.
- ¡No! Eso sí que no. Señor Brooks, le agradezco enormemente el detalle, las flores me han encantado y acepto sus disculpas, pero creo que será mejor para ambos, por el bien de nuestra suerte, que nuestros caminos se separen aquí y ahora.
- Verás, le ruego que me deje que la lleve a casa. No puedo hacer menos después de tal incidente y no tengo prisa...como ha podido escuchar, ya no tengo que ir al trabajo...
- Ah si... Toda esa conversación...dígame. ¿Trabajaba usted para James...es decir, James Sandler?
- Así es, trabajaba, pero después de mi discurso y de la dimisión, dudo que deba volver por allí.
- Esta bien Aaron. Si le has dicho todo eso a James, ¡qué diablos!, llévame a casa.
- Me alegro señorita Cooper.
- Puedes llamarme Alison - cedí.
- Pues en marcha Alison.
Tras la sonrisa de complicidad, la enfermera, que en medio de nuestra conversación hizo mutis por el foro, me trajo todo lo que necesitaba. Me vestí con mi Channel. Había olvidado la probabilidad inminente de que esa enorme mancha de vino formara parte de su estampado, así que Aaron, aún guiado por su sentimiento de culpabilidad, me prestó su chaqueta -un tanto mordisqueada- y nos subimos en un estropeado coche rumbo a mi apartamento.
El camino aunque tenso, fue entretenido. Sinceramente, creo que fue el broche perfecto para un día de contagioso surrealismo. Finalmente llegamos a nuestro destino.
-Aquí es Aaron. El número 34. Gracias por traerme y descuida, puedo subir sola. ¡Ah! Antes de que se me olvide... si me das tu tarjeta podré mandarte la chaqueta a tu dirección...
- Alison... tú...¿vives aquí?- me interrumpió.
- Así es. Me mudé hace unos días. ¿Ocurre algo?.
- No nada... La chaqueta... puedes tirarla, o quedartela... después de los "pespuntes" que le ha dado Shawn, no creo que vuelva a ponérmela.
- De acuerdo. Gracias entonces por traerme Aaron.
- No podía hacer menos después de dejar que mi perro atentara contra tu salud.
- Muy gracioso... Me voy a casa antes de descomponerme de la risa.
- Que tengas un buen día Alison.
Le di la espalda. Entré en casa, me tomé una de esas pastillas que me habían dado y me dejé caer en la cama rendida, sin ni siquiera quitarme los tacones, y desde luego, sin ser aún consciente de todo lo que había ocurrido.
(*Continuará en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/ )
sábado, 1 de enero de 2011
Parte 3
(Continuación de la parte 2, sita en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/2010/12/parte-2.html)
Después del estrépito que mi despertador causó al sonar no tuve más remedio que ponerme en pie. La habitación estaba totalmente vacía y en el salón me aguardaba, impaciente por ser abierta, una cordillera de cajas con 34 años de recuerdos embalados. Me había mudado a un modesto apartamento en un tranquilo barrio de la ciudad porque no quise continuar en aquella casa enorme. No soportaba los susurros de las paredes y el hedor del destrozo que James causó en mi vida.
Mientras la cafetera silbaba me duché y me embutí en un bonito Channel que me regalé a mi misma para inaugurar del mejor modo posible el comienzo de una nueva etapa. Sujetando la tostada con los dientes, con una taza de café humeante en mi mano y los tacones aún desabrochados abrí la puerta disponiéndome a llamar al ascensor, cuando lo vi. El periódico tirado en mi felpudo me daba los buenos días con una portada de escándalo...como titular le acompañaba un desgarrador "Alison Cooper, de la realeza al populacho". No pude evitarlo. Tiré el periódico por el hueco de la escalera y sus hojas volaron independientemente, espero, que hasta el extravío.
En esta maldita ciudad a veces resulta imposible coger un taxi, pero al parecer, Dios decidió compensar la jugarreta del periódico y conseguí meterme en uno de esos Ford amarillos y llegar a tiempo a mi destino.
Jeffrey Goldberg ofrecía una conferencia en el hotel Greenwich, había estado meses esperando a que viniera a la ciudad, y mi nueva jefa me concedió un día libre en mi reciente puesto de redactora para que pudiera asistir. Así pues, la nueva Alison Cooper rehacía su vida con una naturalidad que ni yo misma me acabo de creer.
Me senté por delante, con los ojos bien abiertos y los oídos deseosos de empaparse de todo lo que aquel hombre dijera, y durante las dos siguientes horas, estuve absorta en ese baile de palabras.
Después del estallido de aplausos decidí quedarme en el apertivo que ofrecían en uno de los salones y así charlar con algunos viejos amigos. Daba gusto estar con personas precavidas en la elección de sus palabras, que conocían mi apellido de soltera y no se dirigían a mí con un malsonante "Señora Sandler".
La mañana discurrió sin mayores sobresaltos, hasta que un enorme golden retriever entró precipitadamente en la sala y se abalanzó sobre mí, haciendo caer mi copa de vino y una bandeja de canapés sobre el Channel que había ceñido a mi cuerpo por primera vez hacía unas horas.
¿Existía acaso alguna manera de ser más humillada en un período de tiempo tan corto?. Como si no supiera que la mayoría de esa gente me había estado mirando con el rabillo del ojo a cada instante, estudiando las expresiones de mi cara y esperando encontrar algún símbolo que les ratificara mi vergüenza y desconsuelo.
Para colmo de males ahí estaba yo, desmayada porque un perro sarnoso había hecho que me golpeara la cabeza contra el suelo.
Lo último que recuerdo: levantarme en la habitación de algún hospital con un desconocido hablando histéricamente por teléfono.
"Alison, que habilidad la tuya para abrir etapas" me dije a mí misma.
(Continuará en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com )
Después del estrépito que mi despertador causó al sonar no tuve más remedio que ponerme en pie. La habitación estaba totalmente vacía y en el salón me aguardaba, impaciente por ser abierta, una cordillera de cajas con 34 años de recuerdos embalados. Me había mudado a un modesto apartamento en un tranquilo barrio de la ciudad porque no quise continuar en aquella casa enorme. No soportaba los susurros de las paredes y el hedor del destrozo que James causó en mi vida.
Mientras la cafetera silbaba me duché y me embutí en un bonito Channel que me regalé a mi misma para inaugurar del mejor modo posible el comienzo de una nueva etapa. Sujetando la tostada con los dientes, con una taza de café humeante en mi mano y los tacones aún desabrochados abrí la puerta disponiéndome a llamar al ascensor, cuando lo vi. El periódico tirado en mi felpudo me daba los buenos días con una portada de escándalo...como titular le acompañaba un desgarrador "Alison Cooper, de la realeza al populacho". No pude evitarlo. Tiré el periódico por el hueco de la escalera y sus hojas volaron independientemente, espero, que hasta el extravío.
En esta maldita ciudad a veces resulta imposible coger un taxi, pero al parecer, Dios decidió compensar la jugarreta del periódico y conseguí meterme en uno de esos Ford amarillos y llegar a tiempo a mi destino.
Jeffrey Goldberg ofrecía una conferencia en el hotel Greenwich, había estado meses esperando a que viniera a la ciudad, y mi nueva jefa me concedió un día libre en mi reciente puesto de redactora para que pudiera asistir. Así pues, la nueva Alison Cooper rehacía su vida con una naturalidad que ni yo misma me acabo de creer.
Me senté por delante, con los ojos bien abiertos y los oídos deseosos de empaparse de todo lo que aquel hombre dijera, y durante las dos siguientes horas, estuve absorta en ese baile de palabras.
Después del estallido de aplausos decidí quedarme en el apertivo que ofrecían en uno de los salones y así charlar con algunos viejos amigos. Daba gusto estar con personas precavidas en la elección de sus palabras, que conocían mi apellido de soltera y no se dirigían a mí con un malsonante "Señora Sandler".
La mañana discurrió sin mayores sobresaltos, hasta que un enorme golden retriever entró precipitadamente en la sala y se abalanzó sobre mí, haciendo caer mi copa de vino y una bandeja de canapés sobre el Channel que había ceñido a mi cuerpo por primera vez hacía unas horas.
¿Existía acaso alguna manera de ser más humillada en un período de tiempo tan corto?. Como si no supiera que la mayoría de esa gente me había estado mirando con el rabillo del ojo a cada instante, estudiando las expresiones de mi cara y esperando encontrar algún símbolo que les ratificara mi vergüenza y desconsuelo.
Para colmo de males ahí estaba yo, desmayada porque un perro sarnoso había hecho que me golpeara la cabeza contra el suelo.
Lo último que recuerdo: levantarme en la habitación de algún hospital con un desconocido hablando histéricamente por teléfono.
"Alison, que habilidad la tuya para abrir etapas" me dije a mí misma.
(Continuará en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com )
viernes, 31 de diciembre de 2010
Parte 1
De nuevo el estrambótico taconeo de todas esas arpías contoneando sus lánguidos cuerpos hasta posar el culo en sus sillas. Toda esa colección de fantoches tejidas con la misma tela de araña y nula consciencia de cualquier definición que se asemeje a empatía. Burdo atajo de insensibles cuyas perfectas vidas os obnubilan sin posibilidad alguna de que ningún lazarillo os llegue a orientar.
Me va a explotar la cabeza si vuelvo a escuchar el tintineo de sus collares al chocar entre si cuando se inclinan en sus mesas, insinuando el encaje del sujetador a todo aquel hombre poderoso que entre o salga por la puerta del despacho del jefe. Como lobas hambrientas de dinero, dispuestas a emprender cualquier obra de teatro con tal de captar un poco de atención y un buen ascenso, sin ningún peso en sus consciencias por la daga diaria que le incrustan a sus maridos.
Os preguntaréis que por qué tanto odio. Digamos que en algún momento de mi vida, yo fui el tipo de mujer que todas esas putas de oficina envidiaban. La media naranja de uno de esos codiciados hombres que entran en el despacho del jefe con paso firme,el semblante de un alfa y con una sonrisa a tiempo para todas. Más de una sonrisa intercambió con una de esas zorras de mala muerte. Y mientras yo componía pedazo a pedazo mi vida con él, con el mismo cariño que una abuela le teje una bufanda a su nieto, medio departamento chismorreaba sobre mi cornamenta. Los cuchicheos llegaron a las cafeterías de toda la manzana, hasta que un buen día mi taza de café estalló en mil pedazos al chocar contra el suelo, tras decirme mi marido que me dejaba por una cría 12 años menor que yo.
Y diréis "¡Menudo hijo de puta!". Pero tranquilos, aún no ha nacido un hombre en cuyas manos recaiga el poder de hundir toda mi vida...
¡Qué demonios! ¡Claro que fue por él!. Volver a la oficina fue la peor de las ideas que pude tener. Si ya era duro asimilar el affair de mi marido, - el cual era un secreto a voces -, aguantar los chismorreos, los codazos y las miradas punzantes delante de mis narices era mucho más de lo que estaba dispuesta a soportar.
Supe que me tenía que ir de allí cuando una lista de turno me dijo algo como "Oh cariño, no sabes como lo sentimos, debe ser super humillante que tu marido se haya mudado a un loft de ensueño con una de las modelos que contratamos para el reportaje del número de diciembre". En ese mismo momento me planté en el despacho del jefe para presentar la dimisión, no sin antes responderle a esa zorra con un merecidisimo resabio "Oh cielo, y yo siento mucho que luego vayas a tener que vomitar ese donut que te estás comiendo...¿es de relleno de crema verdad?"
Así pues, 3 meses sabáticos y ofertas de trabajo de 6 revistas diferentes después, aquí estoy. Alison Cooper para servíos.
Continuará en: http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/
Me va a explotar la cabeza si vuelvo a escuchar el tintineo de sus collares al chocar entre si cuando se inclinan en sus mesas, insinuando el encaje del sujetador a todo aquel hombre poderoso que entre o salga por la puerta del despacho del jefe. Como lobas hambrientas de dinero, dispuestas a emprender cualquier obra de teatro con tal de captar un poco de atención y un buen ascenso, sin ningún peso en sus consciencias por la daga diaria que le incrustan a sus maridos.
Os preguntaréis que por qué tanto odio. Digamos que en algún momento de mi vida, yo fui el tipo de mujer que todas esas putas de oficina envidiaban. La media naranja de uno de esos codiciados hombres que entran en el despacho del jefe con paso firme,el semblante de un alfa y con una sonrisa a tiempo para todas. Más de una sonrisa intercambió con una de esas zorras de mala muerte. Y mientras yo componía pedazo a pedazo mi vida con él, con el mismo cariño que una abuela le teje una bufanda a su nieto, medio departamento chismorreaba sobre mi cornamenta. Los cuchicheos llegaron a las cafeterías de toda la manzana, hasta que un buen día mi taza de café estalló en mil pedazos al chocar contra el suelo, tras decirme mi marido que me dejaba por una cría 12 años menor que yo.
Y diréis "¡Menudo hijo de puta!". Pero tranquilos, aún no ha nacido un hombre en cuyas manos recaiga el poder de hundir toda mi vida...
¡Qué demonios! ¡Claro que fue por él!. Volver a la oficina fue la peor de las ideas que pude tener. Si ya era duro asimilar el affair de mi marido, - el cual era un secreto a voces -, aguantar los chismorreos, los codazos y las miradas punzantes delante de mis narices era mucho más de lo que estaba dispuesta a soportar.
Supe que me tenía que ir de allí cuando una lista de turno me dijo algo como "Oh cariño, no sabes como lo sentimos, debe ser super humillante que tu marido se haya mudado a un loft de ensueño con una de las modelos que contratamos para el reportaje del número de diciembre". En ese mismo momento me planté en el despacho del jefe para presentar la dimisión, no sin antes responderle a esa zorra con un merecidisimo resabio "Oh cielo, y yo siento mucho que luego vayas a tener que vomitar ese donut que te estás comiendo...¿es de relleno de crema verdad?"
Así pues, 3 meses sabáticos y ofertas de trabajo de 6 revistas diferentes después, aquí estoy. Alison Cooper para servíos.
Continuará en: http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/
lunes, 27 de diciembre de 2010
Para Elisa
Mi querida Elisa:
No es la primera carta que te escribo, y desde luego no va a ser la última. Hace tan solo una semana, dejaba de prestar atención en clase para rellenar con ímpetu un folio azul, adelantándome una despedida inminente por Navidad. No me voy a repetir, o al menos voy a intentar no hacerlo, pero te advierto desde ya que me cuesta disimular lo feliz que soy de que vivamos juntas y el entusiasmo que me provoca que estemos siempre la una al lado de la otra. Así pues, no te prometo que vaya a poder sostener las ganas de decirte, una y mil veces más que me alegro inmensamente de que por fin haya llegado este momento. El momento en el que no haya distancia física que nos separe. Digo física, porque no hay otro modo de alejarme de ti que no sea mandándote por tu cumpleaños a un océano de distancia de mí.
Hoy volvíamos a hablar de lo feos que son los 19 años... pero...¡qué bien te sientan a ti! Y no estoy hablando de tu obvia elegancia, puesto que eso salta a la vista sin que yo siquiera lo mencione. Hablo de cuánto has crecido por dentro y de en lo muy mujer que te estás convirtiendo. Sin embargo, tenemos todo un mundo por delante, discurriendo a nuestros pies y tentándonos a conocerlo. Ya está más que decidido ¡Vamos a vivir! Con todo lo que esas 3 palabras implican. Y me encantará poder compartir cada pasito que demos contigo, porque todo avance, por mínimo que sea, es siempre digno de celebrar.
Todavía no te he dicho la palabra mágica. Lo esencial. FELICIDADES.
Y discúlpame por haber dicho "lo esencial" no quisiera que te equivocaras y pensaras que necesito que sea tu cumpleaños para escribirte algo así...algo especial. Ambas sabemos que no necesitamos que un calendario nos diga cuando debemos tener un detalle entre nosotras. Los calendarios solo sirven para... administrar el tiempo laboral o académico. En temas de sentimientos... es un instrumento inútil.
Así que para ser justos y que haya congruencia con lo que acabo de decir. ¡Hagamos un trato! Toooda esta carta, te la escribo porque quiero. Porque un día 27 de diciembre es tan bueno como cualquier otro para decirte lo que siento. Sin embargo, el FELICIDADES, es lo que representa que hoy es el aniversario de tu nacimiento.
Así pues, ¡Feliz Cumpleaños Elisa! Felices 19 estupendos años. Te deseo que todo el tiempo venidero no sea sino mejor que el que ya has vivido. Que disfrutes este día con tu padre, en ese continente tan anhelado y que vuelvas más grande aún por dentro y con una sonrisa que no te quepa en la cara.
No te mereces menos.
Te quiero. Siempre.
Verónica
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