(Continuación de la parte 20, mitad 2, sita en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/2011/02/parte-20-mitad-2.html )
¿Os acordáis de ese sentimiento de niña del que os hablé en alguna otra ocasión?
Pues una vez más volvía a visitarme, empezaba a sentirme como una adolescente indecisa entre dos chicos, que hace malabares con uno y otro para evitarlos, cuando realmente lo que desea es llamar su atención. Un sentimiento digno de ser contado en el patio del instituto durante algún recreo.
Parecía que todas las intervenciones masculinas en mi vida me descolocaban por completo, desbancando casi en su totalidad a esa persona con las riendas bien cogidas que me consideraba.
Obviamente no tuve valor para rechazar una cita en la cumbre del Empire State, uno de los edificios más emblemáticos de toda la ciudad de Nueva York. Adam debió haber puesto mucho empeño para conseguir una mesa, ya que la lista de espera podría tenerte esperando durante semanas tachando días de tu calendario.
Por otro lado, no dejaba de sentirme culpable por desobedecer con tal prontitud las estrictas órdenes de Catherine y rechazar, una vez más, una cena con Aaron.
El mal sabor de boca se disipó tan pronto como me vi a mi misma del brazo de un Adam que parecía recién sacado de un catálogo, con su traje inmaculado y tendiéndome una orquídea con su mano. Decía que ni la flor más deslumbrante alcanzaba a irradiar la belleza que yo poseía esa noche.
La velada transcurrió ajena al mundo que se hacía parado a nuestro alrededor. Absorta en su conversación, me empapé de su voz y olvidé la música de fondo. Me deje llevar en su baile de palabras, donde me describía un Adam lleno de características que se hallaban en total consonancia conmigo misma. Una sintonía de personalidades que avanzaban al unísono.
Bebimos el vino más caro, me contó sus secretos más íntimos y me hizo enrojecer numerosas veces. Cuando me vine a dar cuenta, estábamos en su limusina, besándonos como dos seres hambrientos de una noche de amor y dejándonos llevar por las caricias. El traje impecable ya no cubría su cuerpo y pude observar unos brazos fuertes y un trabajado abdomen. Mis medias, se deslizaban piernas abajo. La oxitocina, después de meses de vacaciones, volvía al trabajo y subía intensamente.
Un casto beso en la mejilla, incongruente con el resto de la noche, fue toda la despedida que recibí ante la puerta de mi edificio.
La resaca emocional del día siguiente me mantuvo, hasta que llegué de la oficina a casa, con un mal presentimiento. El pertinente cuestionario que me esperó al llegar a casa por parte de Sophie me sirvió para exteriorizar mis sentimientos, y de paso para mí, ponerlos en orden.
Muchos de mis sentimientos eran incoherentes entre sí y eran tan cambiantes como mi conversación con Sophie. Comenzó con una regañina un tanto forzada. A ella le seguía pareciendo muy extraño ese abanico de coincidencias repentinas entre Adam y yo, y como era de esperar, no le parecía bien en absoluto la ausencia de una interposición de límites por mi parte. Fue solo cuando acepté que mi comportamiento había sido impropio de mí, que me había dejado llevar demasiado rápido por el momento y que la situación no me permitió ser tan racional como acostumbraba, cuando Sophie hizo que me relajara y, dándole la vuelta a la tortilla con la maestría de un chef, me hizo sentir merecedora de una noche de pasión tras tantos meses de absentismo sexual. Eso no fue todo, me hizo prometerle que de ahora en adelante andaría con más ojo con respecto a Adam ya que sus malas intuiciones con respecto a él, no las disipaba ni el Empire State.
Esa misma tarde nos pusimos rumbo al partido de los Knicks. No se trataba de hacerle un favor a Sophie y de acompañarla como amiga solterona a una cita a ciegas. No. Yo sentía pasión por el baloncesto puesto que mi padre me lo inculcó desde bien pequeñita. Así se lo hice saber a Aaron. Sí. Aaron era mi cita a ciegas.
-¿Tú sabías que era él verdad Sophie?- la abordé disimuladamente en un despiste por parte del resto del grupo.
-¡En absoluto! Y recuerda Alison… ¡Las casualidades no existen!
Esta vez me sentí plenamente cómoda. Habló él. Hablé yo. Y entonces me di cuenta de que apenas había participado en la conversación con Adam, era él quien la dirigió, otorgándose a si mismo la autoridad con la misma ligereza que James lo hacía, y con ese absolutismo que mi ex marido se adjudicaba. Así pues, una vez consciente de esto, decidí apartar de mi cabeza todo pensamiento ajeno a aquel momento.
No quería que la noche acabara, y sin embargo, las horas no dejaban de contar con una rapidez pasmosa. Cuando Aaron me besó y una oleada de sensaciones inundó mi cuerpo, todo ese muro que había construido y preservado con sumo cuidado entre él y yo, se derrumbó por completo. Y así lo debió notar él.
Cuando el teléfono sonó creí que fuera el despertador que anunciaba el final de un sueño. Algo parecido fue ya que tuvimos que aplazar nuestros planes colmados de lujuria e ir hasta Voice. Catherine me había avisado de que alguien se había colado en la sala de impresión. Habían saboteado varias máquinas y el empleado de seguridad estaba inconsciente. La policía iba de camino.
Cuando llegamos a las oficinas nos encontramos con cerraduras forzadas y un caos imperante en los despachos más importantes. El de Catherine, Aaron y el mío propio. Como nos habían anunciado las máquinas no funcionaban y una nube de humo invadía toda la sala. No necesitamos decirlo en voz alta porque en la mente de los tres nació de repente el mismo pensamiento. Todo lo que había ocurrido tenía un claro sello. Monde. Y un claro cabeza de turco, James Sandler.
La policía, nos ofreció ver los videos de seguridad al día siguiente, pero primero deberían analizarlos ellos.
A la mañana siguiente, nos citaron en una sala de nuestra misma sede de oficinas. Todos llegamos puntuales. La desesperación se podía leer en el rostro de mi jefa. Cuando el corresponsal de la oficina llegó, abrió su maletín y mientras sacaba un sinfín de papeles y su ordenador, no dejó de hablar ni un instante.
-Hemos identificado al individuo que sale en las cintas de seguridad que a continuación os mostraré. Se trata de Kevin Hoffman. No tiene un claro oficio, pero analizando sus patrones de actuación podemos involucrarlo en otros casos parecidos. Suele trabajar para grandes empresas o personajes muy adinerados, que lo contratan, por su suma discreción y sutileza para la copia de archivos importantes o la filtración de documentos importantes. No le hemos pillado hasta ahora porque pocos se pueden permitir el contratarle así que sus actuaciones son escasas. Apenas tenemos imágenes de él, sin contar con el hecho de que suele cambiar de estado y de aspecto físico continuamente, sin embargo, nuestro equipo ha sido eficaz y ha logrado identificarlo. A pesar de lo dicho le ofrecemos la garantía de que se trata de este tipo. En cuanto a quién lo ha contratado, es un trabajo mucho más difícil y ambiguo, pero teniendo en cuenta los destrozos de que ha causado y los archivos que ha filtrado, además de vuestra participación en la candidatura para ser adquiridos por News Corporation, somos conscientes de que podría ser acertado vaticinar que Monde está detrás de todo esto. Sabemos el poder que maneja James Sandler y su habilidad para cruzar los límites de la ley pasando desapercibido. Sin más dilación, aquí tenéis la grabación correspondiente.
Me pareció muy extraño que me resultara tan familiar el rostro y el aspecto físico de ese ladronzuelo de mala muerte. Tuve que pedir al agente que pausara un video en una escena que se dio justo antes de que el delincuente desconectara la cámara y la imagen desapareciera. De repente mi mano apretó con una fuerza correspondida la de Aaron cuando exclamé:
-¡Adam!
-¿Adam? ¿Lo conoces Alison? – me instó a contestar Catherine.
-Maldito hijo de puta. Tengo que salir…
-Pero Alison…- continuó Catherine.
Dejé con la carga de narrar los escasos detalles que conocía a Aaron, y le mandé un mensaje en el buzón de voz a Sophie donde le pedía que fuera a Voice y le contara a Catherine todo lo que sabía sobre Adam, o mejor dicho, Kevin Hoffman.
Decidí tomar la venganza por mi propia mano. Llamé a mi amigo François y le puse al tanto de todo, le pedí que me prestara uno de sus locales y que creara un escenario hollywoodense, para revivir un conjunto de las escenas de esas películas antiguas con las que supuestamente mi Adam ficticio había crecido. En el medio de todo ese escenario, habría una mesa para cenar y un catering contratado que preparase comida italiana y española, puesto que “Adam” tenía antepasados en esos países. El siguiente paso, comprarme un vestido largo ceñido al cuerpo, negro y con un escote frontal que terminaba encima del ombligo y realzaba mis pechos. Previo paso por la peluquería para hacerme un recogido bajo, dejé un mensaje en el buzón de voz de “Adam” fingiendo con una destreza merecedora de un Oscar: ¡Hola! ¿Qué tal va todo? Espero que mejor que a mi… he tenido un día muy duro en la oficina y necesito desconectar. Me toca a mí devolverte la maravillosa velada de la otra noche así que esta vez te invito yo a cenar. Te mando por email la dirección y la hora. Estoy deseando verte y que me lleves de nuevo a tu limusina... Un beso.
Mi cupo de humillaciones estaba completo. Lo más ruin que me podían hacer era volver a burlarse de mí, con tácticas estudiadas como si yo fuera un tablero de ajedrez. Ahora comprendía todos esos rasgos en común. Ahora sabía cómo había sido tan acertado con sus palabras, sus movimientos, su forma de hacer el amor. Pero lo rastrero no venía de su mano, Kevil Hoffman era solo un peón que hacía su trabajo. Era James el que necesitaba un escarmiento, y lo demoledor era no poder ser yo quien se lo diera. No por ahora.
Llamé a Aaron, a Catherine y les puse al tanto de mis planes. Les pedí que no hicieran nada hasta nueva orden. Ninguno de los dos estuvo de acuerdo con mis maneras pero ambos confiaban en mí. Aaron se mostró reticente y protector, y me atrevería a decir que incluso celoso aun siendo consciente de que todo era una farsa.
Todo estaba apunto cuando Kevin llegó. Me mentalicé de que debía actuar sin vacilar ni dejarme llevar por la rabia contenida, y así procuré hacerlo en todo momento. “Adam” volvió a llegar con otra orquídea que yo acepté con una entremezclada, a la par que fingida, inocencia y dulzura.
La velada transcurrió como siempre, con Adam centrado en sí mismo y procurando parecer perfecto. Se notaba que ya no necesitaba esforzarse tanto en sus mentiras, a partir de ese momento, donde ya tenían prácticamente todo lo que buscaban, yo me había convertido en un buen polvo que sería divertido mantener el poco tiempo que le quedara en esa ciudad.
En uno de los lados de esa preciosa habitación, que como era de esperar, causó una mal actuada sorpresa en él –al cual en realidad las películas de Hollywood se la traían al pairo- había una enorme cama con una colcha de seda roja que contrastaba con el blanco y negro de los cuadros antiguos que colgaban de las paredes. Poco tardó en arrastrarme hasta ella. Tuve que morderme los labios cuando comenzó a deslizar su mano por mi cintura.
-Tengo una idea Adam –le propuse- qué tal si hacemos más excitante este momento…
-¿Más aún? –contestó.
-Toda esta temática del cine me ha dado una idea… podríamos actuar un poco…
-Soy todo oídos…
-He traído esto… -saqué unas esposas y comencé a desabrocharme el vestido por la espalda - ¿me dejarás que las use contigo?
-Soy todo tuyo nena –me dijo mientras me besaba enérgicamente (lo cual me resultaba repugnante).
Cuando le desvestí y lo esposé al cabecero de la cama retomé la palabra…
-Tengo otra sorpresa para ti – su rostro reflejaba lo que sus calzoncillos me constataban- pero antes déjame decirte una cosa…- se hizo una pausa y… - no me gustan las orquídeas Kevin.
En ese momento cuatro policías entraron por la puerta y la cara de Kevin Hoffman dejó de actuar para reflejar la mirada malvada de ese ladrón de clase alta.
Continuará en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/
martes, 22 de febrero de 2011
jueves, 10 de febrero de 2011
Parte 19
(Continuación de la parte 18, sita en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/2011/01/parte-18.html )
Sophie decidió invitarme a cenar para compensar, lo que según ella, suponía la carga de hospedarla mientras encontraba un buen piso donde mudarse. Distaba mucho de ser una molestia el tener de nuevo a Sophie a mi lado. Su sola presencia inundaba cualquier habitación de recuerdos, algunos cargados de dolor, otros ligeramente vergonzosos y la gran mayoría, inmensamente exquisitos. Mientras nos embriagábamos con el sabor del vino y el furor que causaban nuestras conversaciones, los platos desfilaban por delante de nosotras dos, que los engullíamos sin apenas mirarlos.
Partiendo de la premisa de que cualquier nimiedad que hubiéramos vivido era considerada de vital importancia, nos narramos de un modo incansable nuestros últimos ocho años. Habíamos mantenido el contacto pero ninguna de nuestras cartas contaba con demasiados detalles. Sophie me confesó que tenía en una carpeta guardados todos los titulares de prensa en los que salí, y todos los artículos que escribí que llegaron a sus manos. Incluso tenía dos de mis libros que me pidió, les firmara. Había intentado con ahínco seguir mi trayectoria desde la distancia y me había tenido presente en todo momento. Así, no era de extrañar que me sintiera una mala amiga cuando me contó su trayectoria profesional tan destacable, en la cual, yo no había participado de modo alguno.
Empezó estudiando Historia del Arte en la bella París. Los primeros tres años vivió en un hotel de prestigio, frecuentó las boutiques más caras y se hizo con pasmosa facilidad a la vida parisina; pronto dejó salir su parte más bohemia y se mudó a un gran ático que le hacía las veces de estudio, y no tardó en llenarlo de lienzos con su sello personal. Expuso sus obras numerosas veces, consiguió hacerse un nombre y cuando empezó a escalar la montaña del éxito, se dio cuenta de que no tenía nadie a su lado con quien realmente deseara compartir ese triunfo. Así pues, decidió volver a su natal Nueva York y abandonar de nuevo sus raíces, para así estar al lado de aquellas personas que jamás dejaron de estar presentes, a pesar de encontrarse a miles y miles de kilómetros de distancia.
Íbamos en taxi rumbo a mi apartamento cuando mi teléfono empezó a sonar.
-¡Es Aaron! – dijo Sophie dándome un codazo.
Curiosa exploré mi bolso hasta que logré dar con el móvil. Mientras tanto los nervios empezaban a alcanzar mi estómago. Miré la pantalla y…
-Es Adam.
-¿Adam?- dijo extrañada mi amiga.
-Hola Adam – contesté tapándole la boca con la mano mientras ella intentaba zafarse.
-¿Has visto la noche tan mala que hace? – decía su voz al otro lado del teléfono.
-Sí… está cayendo un buen chaparrón – contesté mirando a través de la ventana del Ford amarillo.
-Sería estupendo que la noche de mañana, por el contrario fuera estupenda ¿verdad?
-Mmm… sí… supongo.
-¡Perfecto! Pues que te aparece si te recojo sobre las ocho.
-¿A las ocho? ¿Mañana? – contesté contrariada.
Mientras tanto Sophie, movía enérgicamente su cabeza con un signo de negación.
-A las ocho es perfecto.
Ya estábamos metidas en la cama y Sophie no dejaba de renegar por haber aceptado la invitación. Todo argumento que me daba en defensa a su reticencia era que ese tal Adam, le causaba malas vibraciones.
-Que te lo digo yo Alison… confía en mí.
-Créeme, lo haría si lo conocieras o si tuvieras algo sólido sobre lo que basarte para decirme que no salga con él, pero me temo que lo único que te molesta es que Adam no es Aaron… y eso me lleva a la siguiente cuestión, ¿qué te ha dado a ti con Aaron?
-Que no cambies de tema, no hay nada más sólido que el hecho de que no me dé buena espina. Confía en mi, cabezota. Soy buena con esto de las intuiciones.
-Vale, igualmente voy a quedar con él, puesto que al contrario de lo que piensas, he dejado de ser una cabezota que se aferra a su vieja idea de que no hay que confiar en el primero que se te cruce, pero Adam… ha sido todo muy extraño desde el principio… ¿no te parecen demasiadas casualidades? Igual quiere decir algo…
-Las casualidades no existen, y precisamente ese saco ficticio de cosas en común, el que por primera vez en tu vida te roben y de modo inmediato aparezca tu príncipe azul…todo eso que tú llamas casualidades…yo lo califico de “sospechoso”
-Está bien… y porqué el modo en el que entró Aaron en mi vida no te parecen una serie de casualidades, que una tras otra nos han traido hasta el día de hoy...
-Porque tras un encuentro inesperado en común todo lo que se dio entre vosotros fueron causalidades, ¿entiendes la diferencia? CAUSALIDADES.
-A mí me parece lo mismo dicho con otras palabras…
Y así estuvimos discutiendo hasta que con un almohadazo en la cara de mi amiga, decidí dar por zanjada la conversación.
A la mañana siguiente todos los altos cargos de Voice estábamos en sala de reuniones, frente a Catherine, que nos comunicaba los últimos acontecimientos de la revista.
-Está bien equipo. Quedan menos de tres semanas para la fecha decisiva y Monde nos está pisando los talones. Sin embargo vamos a la cabeza y debemos mantener este puesto.
>> En una semana ocultan los porcentajes de venta para evitar conflictos entre las revistas que compiten por el puesto, así que andaremos a ciegas hasta el día de la gala. No podemos permitirnos despistarnos bajo ningún concepto. Os quiero a todos con los cinco sentidos, que digo con los cinco sentidos, con veinte si hace falta, todos puestos en esta revista. Nos hemos dejado la piel en hacer algo que valga la pena, algo que nuestros ciudadanos disfruten, algo que quieran tener en sus manos y amenice sus vidas cada vez que pasen una página. Algo que enseñe, entretenga, comprenda y anime a nuestros lectores. Es el último empujón… Sé que todos tenemos familia, una pareja, algunos hijos, y toda una vida llena de otras obligaciones a parte de venir a trabajar a estas oficinas cada mañana. Pero merece la pena. Vaya que si merece la pena. En cuatro días quiero todo el material del siguiente número encima de mesa.
>>Aaron. Alison – nos miró – os quiero más juntos que nunca. Comed juntos, escribid juntos, opinad juntos, decidid juntos, respirar el mismo aire si hace falta, y dormir juntos si eso va a hacer que la próxima entrega de Voice ponga los pelos de punta a este país. ¿Lo habéis pillado?
-Por supuesto Catherine, así será – contestó Aaron.
Cuando la reunión terminó y todo el mundo salió de la sala Aaron se acercó a mí.
-Catherine ha sido bastante clara y tajante. Habrá que acatar sus normas… - decía sonriendo- ¿qué te parece si empezamos cenando juntos?
-Me encantaría, de verdad, pero… tengo planes.
-Es cosa mía o parece que evitas cenar conmigo siempre. Te prometo que mastico con la boca cerrada…y créeme…puedo ser bastante educado. Si te hace sentir más cómoda, incluso evitaré poner los codos en la mesa.
-¿Sabes qué? No debería descentrarme, como has dicho, Catherine ha sido bastante clara. Déjame que haga una llamada desde mi despacho y arreglo lo de esta noche, solo tengo que llamar a…
-¿Adam?
-Eh…sí. Adam… Nos vemos en un rato.
-Hecho. – sonrió satisfecho.
Entré en mi despacho para llamar por teléfono a Adam y así cancelar la cita de esa noche cuando vi que tenía dos mensajes en el buzón de voz, los escuché antes de hacer esa llamada.
“Me estoy enamorando de este apartamento, como no encuentre algo pronto voy a tener que quedarme aquí a vivir… ¡Es bromaaa! ¿Qué tal tu reunión? Espero que genial ¿Estaba Aaron? Sí ¿verdad?... vale, vale, voy al grano, ¡que te estoy leyendo la mente! ¿Recuerdas a Vince? El chico del que te hablé… va a comprar entradas para ir a ver a los Knicks, quiere presentarme a sus amigos, ¿has oído eso? ¡Suena a presentación oficial! La cosa es que uno de sus colegas va con pareja y el otro…no, así que he pensado que tú podrías venir conmigo, así me servirás de apoyo. Además es baloncesto…sé que no te puedes negar. No hay más que hablar ¡Gracias! ¡Eres una amiga estupenda!”
-Esta Sophie…-pensé a mí misma sonriendo por tener otra vez esa fuente de vida a mi lado. Y pulsé para escuchar el siguiente mensaje.
“¿Alguna vez has cenado en lo más alto del Empire Ali?...” – ¡Adam!- “…espero que no, así esta noche podrá ser tu primera vez… que tengas un buen día.”
Continuará en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/
Sophie decidió invitarme a cenar para compensar, lo que según ella, suponía la carga de hospedarla mientras encontraba un buen piso donde mudarse. Distaba mucho de ser una molestia el tener de nuevo a Sophie a mi lado. Su sola presencia inundaba cualquier habitación de recuerdos, algunos cargados de dolor, otros ligeramente vergonzosos y la gran mayoría, inmensamente exquisitos. Mientras nos embriagábamos con el sabor del vino y el furor que causaban nuestras conversaciones, los platos desfilaban por delante de nosotras dos, que los engullíamos sin apenas mirarlos.
Partiendo de la premisa de que cualquier nimiedad que hubiéramos vivido era considerada de vital importancia, nos narramos de un modo incansable nuestros últimos ocho años. Habíamos mantenido el contacto pero ninguna de nuestras cartas contaba con demasiados detalles. Sophie me confesó que tenía en una carpeta guardados todos los titulares de prensa en los que salí, y todos los artículos que escribí que llegaron a sus manos. Incluso tenía dos de mis libros que me pidió, les firmara. Había intentado con ahínco seguir mi trayectoria desde la distancia y me había tenido presente en todo momento. Así, no era de extrañar que me sintiera una mala amiga cuando me contó su trayectoria profesional tan destacable, en la cual, yo no había participado de modo alguno.
Empezó estudiando Historia del Arte en la bella París. Los primeros tres años vivió en un hotel de prestigio, frecuentó las boutiques más caras y se hizo con pasmosa facilidad a la vida parisina; pronto dejó salir su parte más bohemia y se mudó a un gran ático que le hacía las veces de estudio, y no tardó en llenarlo de lienzos con su sello personal. Expuso sus obras numerosas veces, consiguió hacerse un nombre y cuando empezó a escalar la montaña del éxito, se dio cuenta de que no tenía nadie a su lado con quien realmente deseara compartir ese triunfo. Así pues, decidió volver a su natal Nueva York y abandonar de nuevo sus raíces, para así estar al lado de aquellas personas que jamás dejaron de estar presentes, a pesar de encontrarse a miles y miles de kilómetros de distancia.
Íbamos en taxi rumbo a mi apartamento cuando mi teléfono empezó a sonar.
-¡Es Aaron! – dijo Sophie dándome un codazo.
Curiosa exploré mi bolso hasta que logré dar con el móvil. Mientras tanto los nervios empezaban a alcanzar mi estómago. Miré la pantalla y…
-Es Adam.
-¿Adam?- dijo extrañada mi amiga.
-Hola Adam – contesté tapándole la boca con la mano mientras ella intentaba zafarse.
-¿Has visto la noche tan mala que hace? – decía su voz al otro lado del teléfono.
-Sí… está cayendo un buen chaparrón – contesté mirando a través de la ventana del Ford amarillo.
-Sería estupendo que la noche de mañana, por el contrario fuera estupenda ¿verdad?
-Mmm… sí… supongo.
-¡Perfecto! Pues que te aparece si te recojo sobre las ocho.
-¿A las ocho? ¿Mañana? – contesté contrariada.
Mientras tanto Sophie, movía enérgicamente su cabeza con un signo de negación.
-A las ocho es perfecto.
Ya estábamos metidas en la cama y Sophie no dejaba de renegar por haber aceptado la invitación. Todo argumento que me daba en defensa a su reticencia era que ese tal Adam, le causaba malas vibraciones.
-Que te lo digo yo Alison… confía en mí.
-Créeme, lo haría si lo conocieras o si tuvieras algo sólido sobre lo que basarte para decirme que no salga con él, pero me temo que lo único que te molesta es que Adam no es Aaron… y eso me lleva a la siguiente cuestión, ¿qué te ha dado a ti con Aaron?
-Que no cambies de tema, no hay nada más sólido que el hecho de que no me dé buena espina. Confía en mi, cabezota. Soy buena con esto de las intuiciones.
-Vale, igualmente voy a quedar con él, puesto que al contrario de lo que piensas, he dejado de ser una cabezota que se aferra a su vieja idea de que no hay que confiar en el primero que se te cruce, pero Adam… ha sido todo muy extraño desde el principio… ¿no te parecen demasiadas casualidades? Igual quiere decir algo…
-Las casualidades no existen, y precisamente ese saco ficticio de cosas en común, el que por primera vez en tu vida te roben y de modo inmediato aparezca tu príncipe azul…todo eso que tú llamas casualidades…yo lo califico de “sospechoso”
-Está bien… y porqué el modo en el que entró Aaron en mi vida no te parecen una serie de casualidades, que una tras otra nos han traido hasta el día de hoy...
-Porque tras un encuentro inesperado en común todo lo que se dio entre vosotros fueron causalidades, ¿entiendes la diferencia? CAUSALIDADES.
-A mí me parece lo mismo dicho con otras palabras…
Y así estuvimos discutiendo hasta que con un almohadazo en la cara de mi amiga, decidí dar por zanjada la conversación.
A la mañana siguiente todos los altos cargos de Voice estábamos en sala de reuniones, frente a Catherine, que nos comunicaba los últimos acontecimientos de la revista.
-Está bien equipo. Quedan menos de tres semanas para la fecha decisiva y Monde nos está pisando los talones. Sin embargo vamos a la cabeza y debemos mantener este puesto.
>> En una semana ocultan los porcentajes de venta para evitar conflictos entre las revistas que compiten por el puesto, así que andaremos a ciegas hasta el día de la gala. No podemos permitirnos despistarnos bajo ningún concepto. Os quiero a todos con los cinco sentidos, que digo con los cinco sentidos, con veinte si hace falta, todos puestos en esta revista. Nos hemos dejado la piel en hacer algo que valga la pena, algo que nuestros ciudadanos disfruten, algo que quieran tener en sus manos y amenice sus vidas cada vez que pasen una página. Algo que enseñe, entretenga, comprenda y anime a nuestros lectores. Es el último empujón… Sé que todos tenemos familia, una pareja, algunos hijos, y toda una vida llena de otras obligaciones a parte de venir a trabajar a estas oficinas cada mañana. Pero merece la pena. Vaya que si merece la pena. En cuatro días quiero todo el material del siguiente número encima de mesa.
>>Aaron. Alison – nos miró – os quiero más juntos que nunca. Comed juntos, escribid juntos, opinad juntos, decidid juntos, respirar el mismo aire si hace falta, y dormir juntos si eso va a hacer que la próxima entrega de Voice ponga los pelos de punta a este país. ¿Lo habéis pillado?
-Por supuesto Catherine, así será – contestó Aaron.
Cuando la reunión terminó y todo el mundo salió de la sala Aaron se acercó a mí.
-Catherine ha sido bastante clara y tajante. Habrá que acatar sus normas… - decía sonriendo- ¿qué te parece si empezamos cenando juntos?
-Me encantaría, de verdad, pero… tengo planes.
-Es cosa mía o parece que evitas cenar conmigo siempre. Te prometo que mastico con la boca cerrada…y créeme…puedo ser bastante educado. Si te hace sentir más cómoda, incluso evitaré poner los codos en la mesa.
-¿Sabes qué? No debería descentrarme, como has dicho, Catherine ha sido bastante clara. Déjame que haga una llamada desde mi despacho y arreglo lo de esta noche, solo tengo que llamar a…
-¿Adam?
-Eh…sí. Adam… Nos vemos en un rato.
-Hecho. – sonrió satisfecho.
Entré en mi despacho para llamar por teléfono a Adam y así cancelar la cita de esa noche cuando vi que tenía dos mensajes en el buzón de voz, los escuché antes de hacer esa llamada.
“Me estoy enamorando de este apartamento, como no encuentre algo pronto voy a tener que quedarme aquí a vivir… ¡Es bromaaa! ¿Qué tal tu reunión? Espero que genial ¿Estaba Aaron? Sí ¿verdad?... vale, vale, voy al grano, ¡que te estoy leyendo la mente! ¿Recuerdas a Vince? El chico del que te hablé… va a comprar entradas para ir a ver a los Knicks, quiere presentarme a sus amigos, ¿has oído eso? ¡Suena a presentación oficial! La cosa es que uno de sus colegas va con pareja y el otro…no, así que he pensado que tú podrías venir conmigo, así me servirás de apoyo. Además es baloncesto…sé que no te puedes negar. No hay más que hablar ¡Gracias! ¡Eres una amiga estupenda!”
-Esta Sophie…-pensé a mí misma sonriendo por tener otra vez esa fuente de vida a mi lado. Y pulsé para escuchar el siguiente mensaje.
“¿Alguna vez has cenado en lo más alto del Empire Ali?...” – ¡Adam!- “…espero que no, así esta noche podrá ser tu primera vez… que tengas un buen día.”
Continuará en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/
viernes, 28 de enero de 2011
Parte 17
(*Continuación de la parte 16, sita en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/2011/01/parte-16.html )
"Buenos días Manhattan, es día 1 de Abril y estrenamos este nuevo mes con un sol escondido tras las nubes y unas aceras mojadas por la lluvia. Tengan cuidado de no resbalarse, pasen un magnífico día,y por mi parte, os dejo disfrutando al son del mítico Sweet child of mine..."
Como ya había anunciado la radio esa misma mañana, era día 1 de abril y tan solo nos separaban 22 días, 528 horas, 31.680 segundos de la gala donde se anunciaría el nuevo apadrinaje de News Corporation. Los mensajes con infinitas promesas de amor por parte de James, atestaban mi buzón de voz y el vertedero municipal debía estar repoblado por los numerosos ramos de flores que no dejaban de llegar a mi piso por cortesía de mi ex marido. Por eso, cuando la secretaria llamó a mi despacho anunciando que tenía visita y que el caballero que me esperaba llevaba una flor escondida en su chaqueta, creía que era otra maniobra de James con la que despistarme.
Lejos de estar en lo cierto, el hombre que entró por mi puerta era bastante más atractivo y algo más agradable.
- ¡Caray! ¿Adam Parker? –le estreché la mano.
- El mismo.
- Esto sí que no me lo esperaba. ¿Cómo…cómo me has localizado?
- Después de nuestro encuentro fortuito me dije a mi mismo que tenía que volver a verte…así que, bueno, es un poco vergonzoso…-bajó la cabeza- pero introduje tu nombre en un servidor de internet con la esperanza de encontrar algo sobre ti y…
- ¿Y…? – le insté a continuar esperando alguna mención de los artículos hablando sobre mi cornamenta.
- Y me sentí un estúpido por no haber reconocido a la mujer que me puso los pelos de punta en sus tantas publicaciones en Nowadays – contestó clavándome sus enormes iris verdes y con un ligero esbozo de sonrisa que me insinuaba su blanca y perfecta dentadura.
- Vaya… gracias.
- Me he tomado la libertad de traerte una orquídea.
- Gracias de nuevo pues…- sonreí.
A pesar de que Voice no tenía tiempo que perder pasé más de una hora –que luego debería recuperar- charlando con Adam. Resultó ser un arquitecto de Los Ángeles que apenas llevaba un mes en la ciudad. Su lugar de origen justificaba su bronceado y, su éxito, el Rolex que vestía en la muñeca derecha. Creía que yo era la única que llevaba el reloj en esa muñeca.
-Alison, me encantaría continuar la conversación en otro momento, pero ahora debo ir a una cita…
- Entiendo… – dije un poco contrariada mientras la acompañaba fuera de mi despacho.
- Oh…no, nono, no es esa clase de cita – sonrió – soy voluntario en un orfanato de Brooklyn y mi labor es entretener a esos niños un par de horas a la semana. Hoy vamos a enseñar a Charlie a jugar al baloncesto y no puedo hacerle esperar – esos dientes blancos asomaron otra vez.
Me quedé anonadada. De no sé porque en un día no le pudo haber dado tiempo a estudiarse mi vida, hubiera jurado que ese hombre sabía perfectamente lo que quería oír, ya que después de una conversación llena de rasgos en común, resultó que compartía mi debilidad por la ayuda humanitaria, aún si haber escuchado aparentemente, sobre mis sonadas donaciones a distintas asociaciones.
-No hagas esperar a Charlie entonces.
- Ha sido un placer verte de nuevo.
-Igualmente Adam, me alegro de haber estado en esta ocasión sentada en una silla y no tirada en el suelo- reímos ambos.
- Hasta otra Ali – únicamente James me llamaba así…- por cierto, te dejaron muy guapa en ese salón de belleza…
Aaron pasó por nuestro lado.
-Bueno, hasta otra Alison.
-Hasta otra Adam... Ah, hola Aaron.-le dije.
-Alison.-inclinó la cabeza y siguió su camino sin pararse.
Tuve que llamar a Carry, mi íntima amiga, y a François para cancelar nuestra cena de esa noche puesto que iba a tener que recuperar el tiempo perdido y trabajar hasta tarde. Fue entonces, cuando me obligaron a narrarles los últimos acontecimientos ocurridos en una llamada a 3, cuando me di cuenta de que mi vida cada vez se parecía más a la de una adolescente y de que los hombres, definitivamente, volvían a mí.
- Qué le vamos a hacer querida… -decía François- el amor es una enfermedad crónica de la que no hay forma alguna de desvincularse…
- Siempre te acaba encontrando… –apuntó Carry.
- Amén –puntualicé, y todos reímos.
Era tarde, apenas cuatro despachos mantenían las luces encendidas. Uno de ellos era el de Aaron. Lo observé a través de los cristales, parecía descentrado a la par que divertido. No paraba de hacer bolas de papel que más tarde encestaba, con un tiro limpio, en la papelera.
Preparé dos tazas de café y me acerqué a su despacho para ofrecerle una. Toqué a la puerta y tras recibir su permiso entré.
-¿Un día duro? – le pregunté mientras le tendía su taza de café.
-Eso creo… -contestó con un semblante más apagado que de costumbre- No sé, desde luego no tan divertido como tu número de esta mañana con Lily –sonreí- ni tan perfecto como el olor a tostadas y café del desayuno…
- “Cuando pienso que todo cuanto crece, dura en su perfección un breve instante, como de la mañana el sol radiante que, al avanzar la tarde se oscurece…”
-¿Shakespeare?
- El mismo.
Nuestras miradas llena de complicidad sostuvieron unos instantes de silencio.
- Vámonos ya a casa Aaron.
- ¿A la tuya o a la mía? – sonrió esta vez.
- Cada uno a la suya –le contesté devolviéndole la sonrisa.
Cuando llegué a casa, el evidente cansancio físico no era capaz de borrar la sonrisa que se asentó en mi cara. Cada vez se hacía más notable el gran cambio que mi vida había dado. Todo lo que tenía previsto para mi vida se desplomo, los esquemas se resquebrajaron, pero ya no me sentía desdichada. Todo lo que estaba sucediendo era nuevo para mí, o al menos, llevaba desde la universidad sin coquetear con hombres, sin dejarme besar por alguien que no estuviera unido a mí sentimentalmente, sin pensar en mi misma de forma individualista. Ahora definitivamente tenía cogido este barco por el timón y a veces, me sorprendía a mí misma soltando el mando y dejándome llevar por esta marea inestable que la vida resulta ser.
Estaba preparándome para dormir cuando alguien tocó el timbre.
- ¿Si?
- ¿Alison?
- Sí, soy yo.
- Alison, ¡Soy Sophie!
- Sophie… ¿mi pequeña aventurera?
- ¡La misma!
- ¿Pero qué haces ahí abajo enana? ¡Sube ahora mismo y entra en casa!
Sophie, era la hermana pequeña de una íntima amiga de la infancia, de esas que sientes como si llevaran tu propia sangre. Su hermana falleció cuando tan solo teníamos 16 años y desde entonces Sophie extrapoló sus admiraciones propias de la más pequeña de la casa y sus ojos con tendencia a idealizar hasta mí. Me convertí en su mentora, su hermana mayor y su firme defensora. La chica, que tenía antepasados franceses, decidió irse a estudiar a la capital del amor, Paris, y desde entonces, toda la relación que tuvimos fue a través de cartas y correos electrónicos. Cuando me despedí de la pequeña Sophie tenía tan solo 18 años y ahora venía reconvertida en una mujer de 26, con unos ojos marrones que albergaban todavía la sencillez y la ilusión de una niña con ansias de vivir amando todo lo que encontraba a su paso.
Nos pusimos al día muy por encima y dormimos abrazadas como casi 20 años atrás.
(Continuará en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com)
"Buenos días Manhattan, es día 1 de Abril y estrenamos este nuevo mes con un sol escondido tras las nubes y unas aceras mojadas por la lluvia. Tengan cuidado de no resbalarse, pasen un magnífico día,y por mi parte, os dejo disfrutando al son del mítico Sweet child of mine..."
Como ya había anunciado la radio esa misma mañana, era día 1 de abril y tan solo nos separaban 22 días, 528 horas, 31.680 segundos de la gala donde se anunciaría el nuevo apadrinaje de News Corporation. Los mensajes con infinitas promesas de amor por parte de James, atestaban mi buzón de voz y el vertedero municipal debía estar repoblado por los numerosos ramos de flores que no dejaban de llegar a mi piso por cortesía de mi ex marido. Por eso, cuando la secretaria llamó a mi despacho anunciando que tenía visita y que el caballero que me esperaba llevaba una flor escondida en su chaqueta, creía que era otra maniobra de James con la que despistarme.
Lejos de estar en lo cierto, el hombre que entró por mi puerta era bastante más atractivo y algo más agradable.
- ¡Caray! ¿Adam Parker? –le estreché la mano.
- El mismo.
- Esto sí que no me lo esperaba. ¿Cómo…cómo me has localizado?
- Después de nuestro encuentro fortuito me dije a mi mismo que tenía que volver a verte…así que, bueno, es un poco vergonzoso…-bajó la cabeza- pero introduje tu nombre en un servidor de internet con la esperanza de encontrar algo sobre ti y…
- ¿Y…? – le insté a continuar esperando alguna mención de los artículos hablando sobre mi cornamenta.
- Y me sentí un estúpido por no haber reconocido a la mujer que me puso los pelos de punta en sus tantas publicaciones en Nowadays – contestó clavándome sus enormes iris verdes y con un ligero esbozo de sonrisa que me insinuaba su blanca y perfecta dentadura.
- Vaya… gracias.
- Me he tomado la libertad de traerte una orquídea.
- Gracias de nuevo pues…- sonreí.
A pesar de que Voice no tenía tiempo que perder pasé más de una hora –que luego debería recuperar- charlando con Adam. Resultó ser un arquitecto de Los Ángeles que apenas llevaba un mes en la ciudad. Su lugar de origen justificaba su bronceado y, su éxito, el Rolex que vestía en la muñeca derecha. Creía que yo era la única que llevaba el reloj en esa muñeca.
-Alison, me encantaría continuar la conversación en otro momento, pero ahora debo ir a una cita…
- Entiendo… – dije un poco contrariada mientras la acompañaba fuera de mi despacho.
- Oh…no, nono, no es esa clase de cita – sonrió – soy voluntario en un orfanato de Brooklyn y mi labor es entretener a esos niños un par de horas a la semana. Hoy vamos a enseñar a Charlie a jugar al baloncesto y no puedo hacerle esperar – esos dientes blancos asomaron otra vez.
Me quedé anonadada. De no sé porque en un día no le pudo haber dado tiempo a estudiarse mi vida, hubiera jurado que ese hombre sabía perfectamente lo que quería oír, ya que después de una conversación llena de rasgos en común, resultó que compartía mi debilidad por la ayuda humanitaria, aún si haber escuchado aparentemente, sobre mis sonadas donaciones a distintas asociaciones.
-No hagas esperar a Charlie entonces.
- Ha sido un placer verte de nuevo.
-Igualmente Adam, me alegro de haber estado en esta ocasión sentada en una silla y no tirada en el suelo- reímos ambos.
- Hasta otra Ali – únicamente James me llamaba así…- por cierto, te dejaron muy guapa en ese salón de belleza…
Aaron pasó por nuestro lado.
-Bueno, hasta otra Alison.
-Hasta otra Adam... Ah, hola Aaron.-le dije.
-Alison.-inclinó la cabeza y siguió su camino sin pararse.
Tuve que llamar a Carry, mi íntima amiga, y a François para cancelar nuestra cena de esa noche puesto que iba a tener que recuperar el tiempo perdido y trabajar hasta tarde. Fue entonces, cuando me obligaron a narrarles los últimos acontecimientos ocurridos en una llamada a 3, cuando me di cuenta de que mi vida cada vez se parecía más a la de una adolescente y de que los hombres, definitivamente, volvían a mí.
- Qué le vamos a hacer querida… -decía François- el amor es una enfermedad crónica de la que no hay forma alguna de desvincularse…
- Siempre te acaba encontrando… –apuntó Carry.
- Amén –puntualicé, y todos reímos.
Era tarde, apenas cuatro despachos mantenían las luces encendidas. Uno de ellos era el de Aaron. Lo observé a través de los cristales, parecía descentrado a la par que divertido. No paraba de hacer bolas de papel que más tarde encestaba, con un tiro limpio, en la papelera.
Preparé dos tazas de café y me acerqué a su despacho para ofrecerle una. Toqué a la puerta y tras recibir su permiso entré.
-¿Un día duro? – le pregunté mientras le tendía su taza de café.
-Eso creo… -contestó con un semblante más apagado que de costumbre- No sé, desde luego no tan divertido como tu número de esta mañana con Lily –sonreí- ni tan perfecto como el olor a tostadas y café del desayuno…
- “Cuando pienso que todo cuanto crece, dura en su perfección un breve instante, como de la mañana el sol radiante que, al avanzar la tarde se oscurece…”
-¿Shakespeare?
- El mismo.
Nuestras miradas llena de complicidad sostuvieron unos instantes de silencio.
- Vámonos ya a casa Aaron.
- ¿A la tuya o a la mía? – sonrió esta vez.
- Cada uno a la suya –le contesté devolviéndole la sonrisa.
Cuando llegué a casa, el evidente cansancio físico no era capaz de borrar la sonrisa que se asentó en mi cara. Cada vez se hacía más notable el gran cambio que mi vida había dado. Todo lo que tenía previsto para mi vida se desplomo, los esquemas se resquebrajaron, pero ya no me sentía desdichada. Todo lo que estaba sucediendo era nuevo para mí, o al menos, llevaba desde la universidad sin coquetear con hombres, sin dejarme besar por alguien que no estuviera unido a mí sentimentalmente, sin pensar en mi misma de forma individualista. Ahora definitivamente tenía cogido este barco por el timón y a veces, me sorprendía a mí misma soltando el mando y dejándome llevar por esta marea inestable que la vida resulta ser.
Estaba preparándome para dormir cuando alguien tocó el timbre.
- ¿Si?
- ¿Alison?
- Sí, soy yo.
- Alison, ¡Soy Sophie!
- Sophie… ¿mi pequeña aventurera?
- ¡La misma!
- ¿Pero qué haces ahí abajo enana? ¡Sube ahora mismo y entra en casa!
Sophie, era la hermana pequeña de una íntima amiga de la infancia, de esas que sientes como si llevaran tu propia sangre. Su hermana falleció cuando tan solo teníamos 16 años y desde entonces Sophie extrapoló sus admiraciones propias de la más pequeña de la casa y sus ojos con tendencia a idealizar hasta mí. Me convertí en su mentora, su hermana mayor y su firme defensora. La chica, que tenía antepasados franceses, decidió irse a estudiar a la capital del amor, Paris, y desde entonces, toda la relación que tuvimos fue a través de cartas y correos electrónicos. Cuando me despedí de la pequeña Sophie tenía tan solo 18 años y ahora venía reconvertida en una mujer de 26, con unos ojos marrones que albergaban todavía la sencillez y la ilusión de una niña con ansias de vivir amando todo lo que encontraba a su paso.
Nos pusimos al día muy por encima y dormimos abrazadas como casi 20 años atrás.
(Continuará en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com)
miércoles, 12 de enero de 2011
Parte 15
(*Continuación de la parte 15, sita en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/2011/01/parte-14.html)
Todo el trayecto de vuelta a casa lo pasamos en silencio, tímidos ante los momentos tan cercanos que habíamos compartido hacía unas horas. A pesar de que fueron interrumpidos me sentía más mucho ligada a él que al comienzo de la noche, y ese hecho ruborizaba ligeramente mis mejillas. La noche fue una velada magnífica que nos permitió conocer a unos Aaron Brooks y Alison Cooper muy diferentes fuera del ambiente de trabajo, lo cual resultó ser una sorpresa agradable para ambos.
Estábamos doblando la esquina de Lexington Avenue cuando mis dedos empezaron a jugar, nerviosos, con el asa del bolso, y mi pie derecho, se escondía desconcertado tras el izquierdo. Aaron estacionó su Escalade frente a mi portal y sin parar el motor me miró y sonrió, quizás esperando una invitación que prolongara la noche un poco más.
- Gracias por una noche estupenda Aaron.
- Gracias a ti por haber sucumbido a los deseos de François y llevarme como tu acompañante - bromeó a sabiendas de que ya poco tenía que ver todo esto con François.
- Bueno... Supongo que nos vemos el lunes, así que pasa un buen fin de semana y aprovecha para descansar.
Aaron me sonreía divertido, supongo que notaba mis nervios y dudas pero prefería entretenerse observando cómo me desenvolvía ante la tensa situación.
- Buenas noches Aaron - me despedí con un beso en la mejilla y me di la vuelta sin mirar atrás y sin dejarle contestar.
Entré en el edificio y llamé al ascensor con la tentación de girarme y ver si su coche continuaba ahí aparcado, pero fría como el témpano me metí dentro del ascensor y solamente entonces me di la vuelta. No supe cómo reaccionar cuando Aaron entró corriendo en él y antes de que se cerraran las puertas y volviera a salir, me dio un impetuoso y dulce beso en los labios y entonces dijo "Buenas noches a ti también Alison". Tras esa frase, el ascensor comenzó a ascender e incluso llegó hasta mi planta sin que yo hubiera vuelto a parpadear.
Entré zombi a mi apartamento con la ligereza de una niña con 20 años menos que yo, que no se termina de creer los últimos acontecimientos de su vida. Una niña sin planes y con mucha vida, sintiéndome ingenua y un poco novata en estas tesituras.
Me puse el pijama aún caminando en la nube de la prudencia y me metí en la cama mirando con los ojos como platos al techo. Entonces me hice consciente de mi comportamiento y estallé en una carcajada que me acompañó hasta que el cansancio me venció.
El sábado amaneció tranquilo, y por la ventana se asomaba el sol resplandeciente que bañaba la ciudad. Ese fin de semana era todo lo que tenía para descansar, puesto que el lunes debía volver a estar a la altura de las circunstancias en las que Voice se encontraba. Así pues, me preparé un desayuno ligero, saqué de mi armario la ropa de hacer deporte y pasé gran parte de la mañana corriendo por Central Park. Antes de volver a casa compré algunas velas aromáticas, sales de baño y una botella de vino, pensaba abandonarme a los pequeños placeres, dejar que mi piel se arrugara durante horas, que mi paladar disfrutara de un sabor que adoraba e intentar que se fuera por el desagüe toda la tensión que acumulaba en los hombros. Antes de meterme en la bañera puse como música de fondo una copia de música que extraje del PEN-drive de Aaron.
Sumergida en una paz llena de olores, agua, espuma, vino y penumbra, escuché varias veces como el teléfono sonaba, enclaustrado aún dentro de mi bolso, pidiéndome a gritos que volviera a la realidad. Decidí hacer caso omiso, si eran asuntos de trabajo, ya me pondrían al día el lunes durante mi jornada y si alguien me buscaba, ya le atendería más tarde.
Cuando salí de la bañera el CD ya había dejado de sonar y las yemas de mis dedos aparentaban 30 años más. Siendo fiel a mi propósito de dedicar el día a mis cuidados decidí ir a un centro de belleza donde me arreglaron las uñas y le dieron algo de forma a mi melena.
Estaba empezando a anochecer cuando puse rumbo a mi apartamento y a la salida de una boca de metro un chico algo más bajo que yo, que ocultaba a malas penas su rostro con un gorro y un pañuelo, pegó un tirón de mi bolso y me empujó hasta dejarme tirada en el suelo. Como era de esperar el vándalo salió corriendo con su botín y yo me quedé en estado de shock tirada en el suelo.
Tuve suerte cuando un amable y apuesto caballero pasó por mi lado y me tendió su mano.
- ¿Se encuentra bien señorita? - me dijo mientras sus pupilas verdes expresaban una sincera preocupación.
- Si... Bueno no. ¿Me acaban de robar? - contesté aún sin dar crédito.
- Eso parece... ¿Puedo ayudarle en algo?
- No... no... Gracias.
- ¿Dónde vive usted señorita...? - dijo mientras buscaba un anillo en mi mano.
- Cooper. En Lexington Avenue.
- Está bien, le ofrecería llevarla a casa en mi coche y para mí sería un placer - notó la negativa en mi expresión - pero comprendo que después de lo que le acaba de suceder le puede resultar algo difícil confiar en un desconocido -está vez si que sonreí como signo de aprobación- así qué le parece si le pido un taxi y continúa usted su trayecto de un modo más seguro.
De buena gana le hubiera dicho "Pues me parece que eso lo puedo hacer yo misma, así que no se preocupe" pero a fin de cuentas ese hombre -el cual me atrevería a decir que era muy atractivo de no ser porque las circunstancias me hacían tener la mente en otras cuestiones- me había tendido una mano después de haber sido atracada.
- Pues me parece que es usted muy amable señor...
- Parker. Adam Parker.
Tras una fugaz, inesperada y diferente conversación con un desconocido, puse la pertinente denuncia a mi robo, y localicé a mi casero para que me diera una copia de la llave del apartamento. Sin cartera, sin móvil y con un bolso menos en mi armario, puse fin a un día que decidió torcerse y muy al contrario que la noche de la inauguración, esta vez, me fui a dormir con un mal sabor de boca.
Cuando el lunes llegué a la redacción apenas recordaba el beso de Aaron. Continuaba aturdida por los últimos acontecimientos y fue sólo al verlo a través del cristal y dar mi estómago un vuelco, cuando recordé dónde estaba y quién tenía su despacho tan cerca, entonces la niña de los 20 años menos que yo volvió a instalarse dentro de mí.
Aún con esa sensación infantil dentro de mi cuerpo, venía con una especial predisposición al mal humor que intenté disipar de camino al despacho de Aaron.
Toqué la puerta y su voz de fondo me indicó que pasara.
- Buenos días Aaron.
- Buenas noches a ti también Alison. ¡Vaya! Quería decir buenos días…debía tener la mente en algún otro lugar, o quizás en algún otro momento…
Bajé algo tímida la mirada y ambos reímos.
- ¿Acostumbras a decir la última palabra de ese modo en todas tus citas?
- ¡Ah! No sabía que lo del viernes fuera una cita, creía que me llevabas obligado por François...
Lily, como no podía ser de otro modo, irrumpió en el despacho con intención de marcar territorio.
- Hola Aaron. ¿Sabes qué? El fin de semana se me ha hecho eterno, no veía el momento de volver a la oficina.
Y rompiendo los esquemas de todos los que estábamos en aquella habitación –incluso los míos propios- respondí del mejor modo posible ante la situación:
- ¡Lily! Siempre es una alegría verte por aquí para nosotros también. Yo ya me marchaba así que os dejo hablando tranquilamente, solo una última cosa Aaron, por supuesto que fue una cita encantadora y en cuanto a la despedida…me encantó que me besaras.- le guiñé un ojo y cerré la puerta.
Me quedé apoyada en la pared de fuera divirtiéndome por mi alarde de pícara, la niña 20 años menor que yo había aflorado con muchas ganas de imponerse y ya estaban surtiendo sus efectos.
(Continuará en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com)
Todo el trayecto de vuelta a casa lo pasamos en silencio, tímidos ante los momentos tan cercanos que habíamos compartido hacía unas horas. A pesar de que fueron interrumpidos me sentía más mucho ligada a él que al comienzo de la noche, y ese hecho ruborizaba ligeramente mis mejillas. La noche fue una velada magnífica que nos permitió conocer a unos Aaron Brooks y Alison Cooper muy diferentes fuera del ambiente de trabajo, lo cual resultó ser una sorpresa agradable para ambos.
Estábamos doblando la esquina de Lexington Avenue cuando mis dedos empezaron a jugar, nerviosos, con el asa del bolso, y mi pie derecho, se escondía desconcertado tras el izquierdo. Aaron estacionó su Escalade frente a mi portal y sin parar el motor me miró y sonrió, quizás esperando una invitación que prolongara la noche un poco más.
- Gracias por una noche estupenda Aaron.
- Gracias a ti por haber sucumbido a los deseos de François y llevarme como tu acompañante - bromeó a sabiendas de que ya poco tenía que ver todo esto con François.
- Bueno... Supongo que nos vemos el lunes, así que pasa un buen fin de semana y aprovecha para descansar.
Aaron me sonreía divertido, supongo que notaba mis nervios y dudas pero prefería entretenerse observando cómo me desenvolvía ante la tensa situación.
- Buenas noches Aaron - me despedí con un beso en la mejilla y me di la vuelta sin mirar atrás y sin dejarle contestar.
Entré en el edificio y llamé al ascensor con la tentación de girarme y ver si su coche continuaba ahí aparcado, pero fría como el témpano me metí dentro del ascensor y solamente entonces me di la vuelta. No supe cómo reaccionar cuando Aaron entró corriendo en él y antes de que se cerraran las puertas y volviera a salir, me dio un impetuoso y dulce beso en los labios y entonces dijo "Buenas noches a ti también Alison". Tras esa frase, el ascensor comenzó a ascender e incluso llegó hasta mi planta sin que yo hubiera vuelto a parpadear.
Entré zombi a mi apartamento con la ligereza de una niña con 20 años menos que yo, que no se termina de creer los últimos acontecimientos de su vida. Una niña sin planes y con mucha vida, sintiéndome ingenua y un poco novata en estas tesituras.
Me puse el pijama aún caminando en la nube de la prudencia y me metí en la cama mirando con los ojos como platos al techo. Entonces me hice consciente de mi comportamiento y estallé en una carcajada que me acompañó hasta que el cansancio me venció.
El sábado amaneció tranquilo, y por la ventana se asomaba el sol resplandeciente que bañaba la ciudad. Ese fin de semana era todo lo que tenía para descansar, puesto que el lunes debía volver a estar a la altura de las circunstancias en las que Voice se encontraba. Así pues, me preparé un desayuno ligero, saqué de mi armario la ropa de hacer deporte y pasé gran parte de la mañana corriendo por Central Park. Antes de volver a casa compré algunas velas aromáticas, sales de baño y una botella de vino, pensaba abandonarme a los pequeños placeres, dejar que mi piel se arrugara durante horas, que mi paladar disfrutara de un sabor que adoraba e intentar que se fuera por el desagüe toda la tensión que acumulaba en los hombros. Antes de meterme en la bañera puse como música de fondo una copia de música que extraje del PEN-drive de Aaron.
Sumergida en una paz llena de olores, agua, espuma, vino y penumbra, escuché varias veces como el teléfono sonaba, enclaustrado aún dentro de mi bolso, pidiéndome a gritos que volviera a la realidad. Decidí hacer caso omiso, si eran asuntos de trabajo, ya me pondrían al día el lunes durante mi jornada y si alguien me buscaba, ya le atendería más tarde.
Cuando salí de la bañera el CD ya había dejado de sonar y las yemas de mis dedos aparentaban 30 años más. Siendo fiel a mi propósito de dedicar el día a mis cuidados decidí ir a un centro de belleza donde me arreglaron las uñas y le dieron algo de forma a mi melena.
Estaba empezando a anochecer cuando puse rumbo a mi apartamento y a la salida de una boca de metro un chico algo más bajo que yo, que ocultaba a malas penas su rostro con un gorro y un pañuelo, pegó un tirón de mi bolso y me empujó hasta dejarme tirada en el suelo. Como era de esperar el vándalo salió corriendo con su botín y yo me quedé en estado de shock tirada en el suelo.
Tuve suerte cuando un amable y apuesto caballero pasó por mi lado y me tendió su mano.
- ¿Se encuentra bien señorita? - me dijo mientras sus pupilas verdes expresaban una sincera preocupación.
- Si... Bueno no. ¿Me acaban de robar? - contesté aún sin dar crédito.
- Eso parece... ¿Puedo ayudarle en algo?
- No... no... Gracias.
- ¿Dónde vive usted señorita...? - dijo mientras buscaba un anillo en mi mano.
- Cooper. En Lexington Avenue.
- Está bien, le ofrecería llevarla a casa en mi coche y para mí sería un placer - notó la negativa en mi expresión - pero comprendo que después de lo que le acaba de suceder le puede resultar algo difícil confiar en un desconocido -está vez si que sonreí como signo de aprobación- así qué le parece si le pido un taxi y continúa usted su trayecto de un modo más seguro.
De buena gana le hubiera dicho "Pues me parece que eso lo puedo hacer yo misma, así que no se preocupe" pero a fin de cuentas ese hombre -el cual me atrevería a decir que era muy atractivo de no ser porque las circunstancias me hacían tener la mente en otras cuestiones- me había tendido una mano después de haber sido atracada.
- Pues me parece que es usted muy amable señor...
- Parker. Adam Parker.
Tras una fugaz, inesperada y diferente conversación con un desconocido, puse la pertinente denuncia a mi robo, y localicé a mi casero para que me diera una copia de la llave del apartamento. Sin cartera, sin móvil y con un bolso menos en mi armario, puse fin a un día que decidió torcerse y muy al contrario que la noche de la inauguración, esta vez, me fui a dormir con un mal sabor de boca.
Cuando el lunes llegué a la redacción apenas recordaba el beso de Aaron. Continuaba aturdida por los últimos acontecimientos y fue sólo al verlo a través del cristal y dar mi estómago un vuelco, cuando recordé dónde estaba y quién tenía su despacho tan cerca, entonces la niña de los 20 años menos que yo volvió a instalarse dentro de mí.
Aún con esa sensación infantil dentro de mi cuerpo, venía con una especial predisposición al mal humor que intenté disipar de camino al despacho de Aaron.
Toqué la puerta y su voz de fondo me indicó que pasara.
- Buenos días Aaron.
- Buenas noches a ti también Alison. ¡Vaya! Quería decir buenos días…debía tener la mente en algún otro lugar, o quizás en algún otro momento…
Bajé algo tímida la mirada y ambos reímos.
- ¿Acostumbras a decir la última palabra de ese modo en todas tus citas?
- ¡Ah! No sabía que lo del viernes fuera una cita, creía que me llevabas obligado por François...
Lily, como no podía ser de otro modo, irrumpió en el despacho con intención de marcar territorio.
- Hola Aaron. ¿Sabes qué? El fin de semana se me ha hecho eterno, no veía el momento de volver a la oficina.
Y rompiendo los esquemas de todos los que estábamos en aquella habitación –incluso los míos propios- respondí del mejor modo posible ante la situación:
- ¡Lily! Siempre es una alegría verte por aquí para nosotros también. Yo ya me marchaba así que os dejo hablando tranquilamente, solo una última cosa Aaron, por supuesto que fue una cita encantadora y en cuanto a la despedida…me encantó que me besaras.- le guiñé un ojo y cerré la puerta.
Me quedé apoyada en la pared de fuera divirtiéndome por mi alarde de pícara, la niña 20 años menor que yo había aflorado con muchas ganas de imponerse y ya estaban surtiendo sus efectos.
(Continuará en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com)
viernes, 7 de enero de 2011
Parte 13
(Continuación de la parte 12, sita en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/2011/01/parte-12.html )
- Llevaba mucho tiempo esperando este momento Alison - me dijo Aaron con un tono entrecortado mientras se acercaban tímidos nuestros cuerpos.
Y entonces posó su mano izquierda lentamente en mi nuca, me llevó hacia él y nos fundimos en un largo y dulce beso. Cuando su mano derecha comenzaba a deslizarse por mi pierna el timbrazo del despertador me hizo dar un brinco de la cama. "Otra vez ese maldito sueño" me dije a mi misma.
La semana estaba transcurriendo lentamente . El trabajo se amontonaba y los días se hacían interminables. Cada mañana en el mismo instante en que posaba el pie en el suelo ponía rumbo al trabajo y así pasaban horas y horas hasta que invertía el trayecto, vuelta desde la oficina hasta a la cama.
Sólo quedaban dos números de Voice antes del esperado 23 de abril. Las publicaciones eran mensuales y si normalmente la última quincena de cada mes siempre cursaba con estrepitosa agilidad, desde que estuviéramos en el ojo de mira de News Corporation cada día era una carrera hacia la meta. Ese mismo lunes había salido el primero de los dos números definitivos y en las oficinas se podía palpar la tensión que causaba la expectación sobre los índices de venta. El mismo jueves tendríamos los resultados y hasta entonces el ambiente irradiaba un nerviosismo que se reflejaba con un silencio sepulcral. Nadie se atrevía a decir nada y todo el mundo tenía lo mismo en mente. Necesitabamos causar sensación con ese número.
Para que Voice cobrara más tirón decidimos intentar ampliar el público al que la revista iba destinado, rejuvenecer el estilo de escritura, innovar en temática, reestructurar el formato, crear nuevos diseños y darle una personalidad diferente a la portada. Todos estos cambios suponían un riesgo. La nueva Voice podía gustar más y adquirir nuevos lectores o ser una catástrofe y perder los que ya teníamos.
Cuando llegó el jueves Aaron y yo eramos los flanes que más temblaban de toda la bandeja que se hallaba en la sala de juntas. Los minutos que transcurrieron mientras Catherine recibía la noticia se nos antojaron lustros y cuando empezaron a salir fonemas por su boca, yo sólo pensaba en arrancarle las palabras para que soltara de una vez por todas el desenlace de la historia.
- Chicos, que lo que os voy a decir a continuación no cambie vuestra dinámica de trabajo. Digan lo que digan ahí fuera hemos trabajado de un modo ejemplar, con cariño y dedicación y pensando en todo momento en qué quiere nuestro público. Por y para ellos nos hemos entregado con tesón y hemos conseguido darle un giro brutal a esta revista y eso mismo es con lo que nos tenemos que quedar. - tomó aire y... - Monde ha incrementado en un 22% sus ventas este mes... - toda la sala tragó saliva - y nosotros, que íbamos ligeramente por debajo de ellos, tan solo las hemos incrementado un 15% - la decepción se hizo notable, Aaron y yo nos dedicamos una sonrisa de compasión cuando Catherine prosiguió - ¡¡Un 15% por encima de Monde!! Enhorabuena a todos, ¡hemos batido record de ventas!.
El estallido de aplausos se debió escuchar en toda Nueva York. Aaron y yo nos dimos un abrazo que la tal Lily interrumpió tan pronto como pudo. Catherine nos dio a todos el resto del día libre y para cuando llegué a mi despacho para recoger mis cosas tenía dos regalos aguardándome en mi mesa. Un ramo de flores y una pequeña cajita. Lo primero que abrí fue la caja y el brillo de una preciosa joya me deslumbró. Era una pulsera fascinante de Cartier con una nota adjunta que decía así:
Querida Alison:
Acepta este detalle como un agradecimiento anticipado por tu presencia y discurso de mañana. Espero que deslumbres como la estrella que eres. Gracias por estar en todo momento a mi lado.
François Lévon
"François..." y sonreí con cariño por el bonito gesto que una vez más tuvo conmigo. Di por hecho que las flores también corrían de su cuenta y me las lleve a casa sin leer la tarjeta que venía en ellas. Cuando el taxi estaba llegando a mi portal recordé que debía comprarme un vestido para la inauguración del día siguiente y pedí al taxista que cambiara el rumbo, aún con las flores, hacia una boutique que solía frecuentar para este tipo de eventos.
Escogí un vestido color tierra con un pronunciado escote, ceñido al cuerpo, prudentemente corto y con piedrecitas en las mangas. Mientras la dependienta lo empaquetaba y yo recogía del probador mis cosas, cayó al suelo la tarjeta que acompañaba a las flores y entonces decidí leer lo que François me hubiera puesto en ella. Por sorpresa para mí no fue François el mensajero que había detrás de ese ramo silvestre sino James. James Sandler. Sí, mi ex-marido. Decía así:
"Enhorabuena por tus éxitos. Voice empieza a darse cuenta de la joya que ha conseguido al mismo tiempo que yo reconozco al tesoro que perdí"
Nada en el mundo podría haberme resultado más inesperado que eso. Cuando recobré el sentido y logré situarme en el tiempo y el espacio las piernas empezaron a tambalearse. Emprendí una carrera de vuelta a casa en medio de la cual me encontré un pobre mendigo al que regalé mis flores. Tan pronto como le di la espalda ese hombre las tiró al suelo, pero no me importó, de no haberlo hecho él lo hubiera hecho yo misma.
Entré en mi apartamento dando un portazo y me sumergí en un baño de agua caliente para meditar. Conocía perfectamente a James, eran muchos años observando como ese hombre jugaba sus cartas y esto no podía ser más que una táctica para despistarme. Si. El eco de nuestro éxito había llegado a sus oídos y él, que no quiere perder la oportunidad de ser apadrinado por News Corporation, emprendió la estrategia más ruin del mundo: "despistar a Alison Cooper puesto que sobre sus hombros recae gran parte de la responsabilidad de Voice". Y la verdad qué mejor manera de despistarme que ésa.
Sin embargo, aunque he de reconocer que el improvisto me trastocó, supe sobreponerme e intenté olvidar el "altercado" y pasar página, así que abrí una botella de vino, me preparé algo de cenar y me senté frente a la televisión a disfrutar de un partido de baloncesto.
El viernes por la noche llegó sin más dilación. Me enfundé en mi vestido, me solté el pelo previamente perfumado - ya que siempre solía llevarlo recogido - y me calcé unos zapatos que eran tan altos como nervios tenía. Mi patológico sentido de la puntualidad hacía que tuviera estrechamente controlado el reloj, Aaron pasaría a buscarme a las 8 y a falta de un minuto para que llegara el momento, mi timbre sonó. Bajé hasta la puerta donde él me esperaba, procuré disimular la impresión que me había causado el verle tan favorecido con ese traje negro, sin embargo, podría haber descubierto tales pensamientos por mi expresión de no ser porque él debió quedarse tan sorprendido como yo.
- Wow, perdone señorita, ¿ha visto a usted a una tal Alison por ahí dentro? - reimos los dos.
- Me lo tomaré como un cumplido apuesto caballero.
Me abrió cortesmente la puerta de su ya reparado Escalde y pusimos rumbo al local de François.
(Continuará en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com )
- Llevaba mucho tiempo esperando este momento Alison - me dijo Aaron con un tono entrecortado mientras se acercaban tímidos nuestros cuerpos.
Y entonces posó su mano izquierda lentamente en mi nuca, me llevó hacia él y nos fundimos en un largo y dulce beso. Cuando su mano derecha comenzaba a deslizarse por mi pierna el timbrazo del despertador me hizo dar un brinco de la cama. "Otra vez ese maldito sueño" me dije a mi misma.
La semana estaba transcurriendo lentamente . El trabajo se amontonaba y los días se hacían interminables. Cada mañana en el mismo instante en que posaba el pie en el suelo ponía rumbo al trabajo y así pasaban horas y horas hasta que invertía el trayecto, vuelta desde la oficina hasta a la cama.
Sólo quedaban dos números de Voice antes del esperado 23 de abril. Las publicaciones eran mensuales y si normalmente la última quincena de cada mes siempre cursaba con estrepitosa agilidad, desde que estuviéramos en el ojo de mira de News Corporation cada día era una carrera hacia la meta. Ese mismo lunes había salido el primero de los dos números definitivos y en las oficinas se podía palpar la tensión que causaba la expectación sobre los índices de venta. El mismo jueves tendríamos los resultados y hasta entonces el ambiente irradiaba un nerviosismo que se reflejaba con un silencio sepulcral. Nadie se atrevía a decir nada y todo el mundo tenía lo mismo en mente. Necesitabamos causar sensación con ese número.
Para que Voice cobrara más tirón decidimos intentar ampliar el público al que la revista iba destinado, rejuvenecer el estilo de escritura, innovar en temática, reestructurar el formato, crear nuevos diseños y darle una personalidad diferente a la portada. Todos estos cambios suponían un riesgo. La nueva Voice podía gustar más y adquirir nuevos lectores o ser una catástrofe y perder los que ya teníamos.
Cuando llegó el jueves Aaron y yo eramos los flanes que más temblaban de toda la bandeja que se hallaba en la sala de juntas. Los minutos que transcurrieron mientras Catherine recibía la noticia se nos antojaron lustros y cuando empezaron a salir fonemas por su boca, yo sólo pensaba en arrancarle las palabras para que soltara de una vez por todas el desenlace de la historia.
- Chicos, que lo que os voy a decir a continuación no cambie vuestra dinámica de trabajo. Digan lo que digan ahí fuera hemos trabajado de un modo ejemplar, con cariño y dedicación y pensando en todo momento en qué quiere nuestro público. Por y para ellos nos hemos entregado con tesón y hemos conseguido darle un giro brutal a esta revista y eso mismo es con lo que nos tenemos que quedar. - tomó aire y... - Monde ha incrementado en un 22% sus ventas este mes... - toda la sala tragó saliva - y nosotros, que íbamos ligeramente por debajo de ellos, tan solo las hemos incrementado un 15% - la decepción se hizo notable, Aaron y yo nos dedicamos una sonrisa de compasión cuando Catherine prosiguió - ¡¡Un 15% por encima de Monde!! Enhorabuena a todos, ¡hemos batido record de ventas!.
El estallido de aplausos se debió escuchar en toda Nueva York. Aaron y yo nos dimos un abrazo que la tal Lily interrumpió tan pronto como pudo. Catherine nos dio a todos el resto del día libre y para cuando llegué a mi despacho para recoger mis cosas tenía dos regalos aguardándome en mi mesa. Un ramo de flores y una pequeña cajita. Lo primero que abrí fue la caja y el brillo de una preciosa joya me deslumbró. Era una pulsera fascinante de Cartier con una nota adjunta que decía así:
Querida Alison:
Acepta este detalle como un agradecimiento anticipado por tu presencia y discurso de mañana. Espero que deslumbres como la estrella que eres. Gracias por estar en todo momento a mi lado.
François Lévon
"François..." y sonreí con cariño por el bonito gesto que una vez más tuvo conmigo. Di por hecho que las flores también corrían de su cuenta y me las lleve a casa sin leer la tarjeta que venía en ellas. Cuando el taxi estaba llegando a mi portal recordé que debía comprarme un vestido para la inauguración del día siguiente y pedí al taxista que cambiara el rumbo, aún con las flores, hacia una boutique que solía frecuentar para este tipo de eventos.
Escogí un vestido color tierra con un pronunciado escote, ceñido al cuerpo, prudentemente corto y con piedrecitas en las mangas. Mientras la dependienta lo empaquetaba y yo recogía del probador mis cosas, cayó al suelo la tarjeta que acompañaba a las flores y entonces decidí leer lo que François me hubiera puesto en ella. Por sorpresa para mí no fue François el mensajero que había detrás de ese ramo silvestre sino James. James Sandler. Sí, mi ex-marido. Decía así:
"Enhorabuena por tus éxitos. Voice empieza a darse cuenta de la joya que ha conseguido al mismo tiempo que yo reconozco al tesoro que perdí"
Nada en el mundo podría haberme resultado más inesperado que eso. Cuando recobré el sentido y logré situarme en el tiempo y el espacio las piernas empezaron a tambalearse. Emprendí una carrera de vuelta a casa en medio de la cual me encontré un pobre mendigo al que regalé mis flores. Tan pronto como le di la espalda ese hombre las tiró al suelo, pero no me importó, de no haberlo hecho él lo hubiera hecho yo misma.
Entré en mi apartamento dando un portazo y me sumergí en un baño de agua caliente para meditar. Conocía perfectamente a James, eran muchos años observando como ese hombre jugaba sus cartas y esto no podía ser más que una táctica para despistarme. Si. El eco de nuestro éxito había llegado a sus oídos y él, que no quiere perder la oportunidad de ser apadrinado por News Corporation, emprendió la estrategia más ruin del mundo: "despistar a Alison Cooper puesto que sobre sus hombros recae gran parte de la responsabilidad de Voice". Y la verdad qué mejor manera de despistarme que ésa.
Sin embargo, aunque he de reconocer que el improvisto me trastocó, supe sobreponerme e intenté olvidar el "altercado" y pasar página, así que abrí una botella de vino, me preparé algo de cenar y me senté frente a la televisión a disfrutar de un partido de baloncesto.
El viernes por la noche llegó sin más dilación. Me enfundé en mi vestido, me solté el pelo previamente perfumado - ya que siempre solía llevarlo recogido - y me calcé unos zapatos que eran tan altos como nervios tenía. Mi patológico sentido de la puntualidad hacía que tuviera estrechamente controlado el reloj, Aaron pasaría a buscarme a las 8 y a falta de un minuto para que llegara el momento, mi timbre sonó. Bajé hasta la puerta donde él me esperaba, procuré disimular la impresión que me había causado el verle tan favorecido con ese traje negro, sin embargo, podría haber descubierto tales pensamientos por mi expresión de no ser porque él debió quedarse tan sorprendido como yo.
- Wow, perdone señorita, ¿ha visto a usted a una tal Alison por ahí dentro? - reimos los dos.
- Me lo tomaré como un cumplido apuesto caballero.
Me abrió cortesmente la puerta de su ya reparado Escalde y pusimos rumbo al local de François.
(Continuará en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com )
jueves, 6 de enero de 2011
Parte 11
(*Continuación de la parte 10, sita en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/2011/01/parte-10.html )
- Bueno, dispara chica que no tenemos toda la noche. Cuéntame todo de ese bomboncito llamado Aaron - decía François con la impaciencia propia de una dieseisañera.
- Ya estás sacando todo de contexto, desde luego François, tú y tu manía de buscarme un hombre. Ya te lo he dicho. Aaron es sólo... un chico amable y trabajador, con un perro malvado y un talento que beneficia mucho a Voice...
- ¿Amable y trabajador? Cariño lo siento pero hay que brindar por eso... Tú hablando en términos positivos de un hombre... ¡Quién te ha visto y quién te ve!
- No sé por qué dices eso, siempre he hablado bien de ti.
- Alison... ¡he dicho de un hombre! - y nos echamos a reir - ¡Camarero! ¡Camarero! Traiga una botella de Vega Sicilia.
- No me vas a conquistar con vino François, que ya nos conocemos...- y reímos como dos niños que se olvidan de todo lo malo y se quedan solamente con los bellos momentos.
La velada transcurrió de un modo jovial y placentero. François, que es un diseñador de interiores de amplia carrera e internacional fama, había sido el mejor de los amigos que pudiera encontrar desde que me mudara a Nueva York con 18 años. Por desgracia ser una mujer de éxito no es compatible con las buenas compañías, no cuando desconoces los patrones bajo los que funciona este mundo y eres una novata como algún día lo fui yo. El interés no tiene barreras y la envidia ciega a las personas hasta límites insospechados. Manhattan me convirtió en una mujer fuerte y luchadora pero la vida me había ofrecido algunos envites de los que de no ser por amigos como François apenas me hubiera podido rehacer a mí misma.
Después del restaurante nos dirigimos a mi apartamento, François quería ver los cambios que le había dado a mi nuevo hogar y gustosamente le invité a tomar una última copa de vino en casa.
Una vez hubo hecho la crítica correspondiente y me cambió de lugar algún que otro cuadro nos desplomamos en el sofá y pasó. Puso su cara de confidente.
- Suéltalo, qué tienes en esa mente retorcida y manipuladora - le dije con el tono de confianza que la amistad me otorgaba.
- El viernes que viene inauguro el local del que te hablé. Ya está todo a punto, es un perfecto escaparate de mi trabajo y van a venir personas de todos lados, periodistas de muchas revistas de diseño y gente del mundillo. Por supuesto cuento con tu compañía... y...
- ¡Dilo ya!
- Me preguntaba si... ¿querrías dar un pequeñito discurso en la presentación? No se me ocurre nadie mejor que tú.
- ¡François! Por supuesto. ¡Será un honor!. Ya me estaba asustando con esa carita de pensamiento maquinador.
- Pequeña hay algo más... - lo miré tensamente - ¡Quiero que vengas con Aaron!
- ¡¡¡¡François!!!!
- Lo siento guapita de cara pero es mi fiesta e invito a quien yo quiera y quiero que ese bombocito venga. Así que más te vale traerlo o iré yo mismo a esa revista tuya y lo invitaré personalmente.
- Está bien, está bien. Pero te aviso de antemano pequeña maruja, ni se te ocurra intentar nada, Aaron va a venir en calidad de compañero de trabajo y sólo porque tú te has empeñado.
- Vale Alison, como quieras - cedió mientras se ponía el abrigo y abría la puerta de casa - pero ni se te ocurra ir de monjita. Con ese cuerpo que te dio tu madre y lo poco que le da la luz... ¿No ibas a darle un giro a tu vida? Deslúmbrame el viernes. ¡Te quiero! - gritó mientras la puerta del ascensor se cerraba tras su paso.
Cogí el teléfono para llamar a Aaron, quería disculparme por haberme escabullido de ese modo precipitado cuando parecía que me estaba invitando a cenar. Además así podía comentarle de un modo frío e indirecto el plan de François, pero cuando miré el reloj ya era muy tarde y tuve que esperar hasta la mañana siguiente que lo viera en el trabajo.
Cuando llegué a la redacción aún faltaban 5 minutos para que fuera la hora oficial de comienzo de la jornada, Aaron aún no había llegado. Dejé el bolso, encendí el ordenador y abrí el primer cajón de mi mesita donde guardaba un bote de J'Adore y lo pulvericé sobre mi cuello. Empecé a ponerme nerviosa, sentía como si fuera a pedirle una cita a un chico en el instituto y me sorprendí a mi misma andando de un lado a otro. Aaron entró en el edificio y yo fingí ir a servirme un vaso de agua en el dispensador que había al lado de la puerta de su despacho.
- Hola Alison - me dijo cuando pasó frente a mí.
- Buenos días ¿qué tal est... - arrastré las palabras pues ya había entrado en su despacho cuando me giré del todo.
El resto del día fue más de lo mismo, Aaron estaba más evasivo que nunca y en mis encuentros con él, más causados que casuales, como mucho lograba un intercambio de miradas. Ya no entraba a mi despacho a bombardearme a preguntas en un tiempo record, ni me tocaba en el cristal cuando pasaba frente él para saludarme de un modo rápido y fugaz. Debía estar algo ofuscado por mi retirada huidiza del día anterior y yo no era capaz de hacer acopio de todo mi valor para dirigirme a él.
Decidí dejarme de niñerias y me planté en su despacho con una invitación al evento de François en mi mano. Me hizo esperar porque estaba al teléfono y cuando por fin colgó esa llamada que se me antojo eterna se dirigió a mí.
- ¿Querías algo Alison?.
- De hecho sí... Tengo una propuesta que puede que...
- ¡¡Aaron!! - irrumpió una de las nuevas becarias en el despacho, entró sin llamar a la puerta y se acercó hasta su mesa con aires insinuantes - anoche lo pasé de lujo contigo, quería decírtelo antes de irme porque...es mi tiempo libre para almorzar algo...así que si quieres...
Las miradas de reojo que Aaron me hacía mientras esa becaria le tiraba de la corbata no bastaron para frenarme. Le dejé la invitación encima de su mesa y me retiré apresuradamente. Cuando entré en mi despacho el enrojecimiento ya era evidente, se había esparcido por todo mi rostro. ¿Qué pretendía? ¿Acaso esperaba algo de él?
Llamé a Catherine por la línea telefónica interna y le dije que iba a continuar trabajando en la calle. Terminaría mi articulo hoy mismo pero había decidido oxigenarme un poco y cambiar de entorno, para ello escogí Central Park que me pillaba a un par de manzanas de mi apartamento. Lo que supuestamente solo iba a ocupar mi mañana, acabó extendiéndose en el reloj hasta más allá de la media tarde. Mientras la batería del ordenador durase estaba dispuesta a trabajar sin cesar, el ambiente era inspirador y el conseguir centrarme en algo distraía mi mente de la vergüenza que esa misma mañana había pasado.
Gracias a Dios no tenía que volver a Voice hasta el lunes siguiente, tenía todo el fin de semana para convencer a François de que ir sola a la inauguración no era tan mala idea.
( Continua en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/ )
- Bueno, dispara chica que no tenemos toda la noche. Cuéntame todo de ese bomboncito llamado Aaron - decía François con la impaciencia propia de una dieseisañera.
- Ya estás sacando todo de contexto, desde luego François, tú y tu manía de buscarme un hombre. Ya te lo he dicho. Aaron es sólo... un chico amable y trabajador, con un perro malvado y un talento que beneficia mucho a Voice...
- ¿Amable y trabajador? Cariño lo siento pero hay que brindar por eso... Tú hablando en términos positivos de un hombre... ¡Quién te ha visto y quién te ve!
- No sé por qué dices eso, siempre he hablado bien de ti.
- Alison... ¡he dicho de un hombre! - y nos echamos a reir - ¡Camarero! ¡Camarero! Traiga una botella de Vega Sicilia.
- No me vas a conquistar con vino François, que ya nos conocemos...- y reímos como dos niños que se olvidan de todo lo malo y se quedan solamente con los bellos momentos.
La velada transcurrió de un modo jovial y placentero. François, que es un diseñador de interiores de amplia carrera e internacional fama, había sido el mejor de los amigos que pudiera encontrar desde que me mudara a Nueva York con 18 años. Por desgracia ser una mujer de éxito no es compatible con las buenas compañías, no cuando desconoces los patrones bajo los que funciona este mundo y eres una novata como algún día lo fui yo. El interés no tiene barreras y la envidia ciega a las personas hasta límites insospechados. Manhattan me convirtió en una mujer fuerte y luchadora pero la vida me había ofrecido algunos envites de los que de no ser por amigos como François apenas me hubiera podido rehacer a mí misma.
Después del restaurante nos dirigimos a mi apartamento, François quería ver los cambios que le había dado a mi nuevo hogar y gustosamente le invité a tomar una última copa de vino en casa.
Una vez hubo hecho la crítica correspondiente y me cambió de lugar algún que otro cuadro nos desplomamos en el sofá y pasó. Puso su cara de confidente.
- Suéltalo, qué tienes en esa mente retorcida y manipuladora - le dije con el tono de confianza que la amistad me otorgaba.
- El viernes que viene inauguro el local del que te hablé. Ya está todo a punto, es un perfecto escaparate de mi trabajo y van a venir personas de todos lados, periodistas de muchas revistas de diseño y gente del mundillo. Por supuesto cuento con tu compañía... y...
- ¡Dilo ya!
- Me preguntaba si... ¿querrías dar un pequeñito discurso en la presentación? No se me ocurre nadie mejor que tú.
- ¡François! Por supuesto. ¡Será un honor!. Ya me estaba asustando con esa carita de pensamiento maquinador.
- Pequeña hay algo más... - lo miré tensamente - ¡Quiero que vengas con Aaron!
- ¡¡¡¡François!!!!
- Lo siento guapita de cara pero es mi fiesta e invito a quien yo quiera y quiero que ese bombocito venga. Así que más te vale traerlo o iré yo mismo a esa revista tuya y lo invitaré personalmente.
- Está bien, está bien. Pero te aviso de antemano pequeña maruja, ni se te ocurra intentar nada, Aaron va a venir en calidad de compañero de trabajo y sólo porque tú te has empeñado.
- Vale Alison, como quieras - cedió mientras se ponía el abrigo y abría la puerta de casa - pero ni se te ocurra ir de monjita. Con ese cuerpo que te dio tu madre y lo poco que le da la luz... ¿No ibas a darle un giro a tu vida? Deslúmbrame el viernes. ¡Te quiero! - gritó mientras la puerta del ascensor se cerraba tras su paso.
Cogí el teléfono para llamar a Aaron, quería disculparme por haberme escabullido de ese modo precipitado cuando parecía que me estaba invitando a cenar. Además así podía comentarle de un modo frío e indirecto el plan de François, pero cuando miré el reloj ya era muy tarde y tuve que esperar hasta la mañana siguiente que lo viera en el trabajo.
Cuando llegué a la redacción aún faltaban 5 minutos para que fuera la hora oficial de comienzo de la jornada, Aaron aún no había llegado. Dejé el bolso, encendí el ordenador y abrí el primer cajón de mi mesita donde guardaba un bote de J'Adore y lo pulvericé sobre mi cuello. Empecé a ponerme nerviosa, sentía como si fuera a pedirle una cita a un chico en el instituto y me sorprendí a mi misma andando de un lado a otro. Aaron entró en el edificio y yo fingí ir a servirme un vaso de agua en el dispensador que había al lado de la puerta de su despacho.
- Hola Alison - me dijo cuando pasó frente a mí.
- Buenos días ¿qué tal est... - arrastré las palabras pues ya había entrado en su despacho cuando me giré del todo.
El resto del día fue más de lo mismo, Aaron estaba más evasivo que nunca y en mis encuentros con él, más causados que casuales, como mucho lograba un intercambio de miradas. Ya no entraba a mi despacho a bombardearme a preguntas en un tiempo record, ni me tocaba en el cristal cuando pasaba frente él para saludarme de un modo rápido y fugaz. Debía estar algo ofuscado por mi retirada huidiza del día anterior y yo no era capaz de hacer acopio de todo mi valor para dirigirme a él.
Decidí dejarme de niñerias y me planté en su despacho con una invitación al evento de François en mi mano. Me hizo esperar porque estaba al teléfono y cuando por fin colgó esa llamada que se me antojo eterna se dirigió a mí.
- ¿Querías algo Alison?.
- De hecho sí... Tengo una propuesta que puede que...
- ¡¡Aaron!! - irrumpió una de las nuevas becarias en el despacho, entró sin llamar a la puerta y se acercó hasta su mesa con aires insinuantes - anoche lo pasé de lujo contigo, quería decírtelo antes de irme porque...es mi tiempo libre para almorzar algo...así que si quieres...
Las miradas de reojo que Aaron me hacía mientras esa becaria le tiraba de la corbata no bastaron para frenarme. Le dejé la invitación encima de su mesa y me retiré apresuradamente. Cuando entré en mi despacho el enrojecimiento ya era evidente, se había esparcido por todo mi rostro. ¿Qué pretendía? ¿Acaso esperaba algo de él?
Llamé a Catherine por la línea telefónica interna y le dije que iba a continuar trabajando en la calle. Terminaría mi articulo hoy mismo pero había decidido oxigenarme un poco y cambiar de entorno, para ello escogí Central Park que me pillaba a un par de manzanas de mi apartamento. Lo que supuestamente solo iba a ocupar mi mañana, acabó extendiéndose en el reloj hasta más allá de la media tarde. Mientras la batería del ordenador durase estaba dispuesta a trabajar sin cesar, el ambiente era inspirador y el conseguir centrarme en algo distraía mi mente de la vergüenza que esa misma mañana había pasado.
Gracias a Dios no tenía que volver a Voice hasta el lunes siguiente, tenía todo el fin de semana para convencer a François de que ir sola a la inauguración no era tan mala idea.
( Continua en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/ )
miércoles, 5 de enero de 2011
Parte 9
( *Continuación de la parte 8, sita en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/2011/01/parte-8.html )
Aaron aceptó mi propuesta antes de marcharse y una vez se hubo ido, me senté con cuidado en el alféizar de la ventana y sentí como si el tiempo se paralizara en el mismo instante que una inmensa calma invadía por completo todo mi ser.
Sabía perfectamente que Catherine me había prohibido pensar sobre el trabajo en mi día libre, pero estaba segura por el tono de voz que puso cuando le conté todo lo que me traía entre manos, de que el haberme saltado las reglas no le disgustaba en absoluto.
Decidí aprovechar el resto del día para construir un hogar y mandar todas esas cajas de cartón a freír espárragos de una vez por todas, así que pedí algo de comida china, puse en la minicadena una recopilación de música de los 60, y al ritmo de "The Letter" comencé a desempaquetar mi vida. Fui más eficiente de lo que en un principio imaginaba y me gustaba ver como cogía con firmeza las riendas de mi vida. Cuando terminé de ordenarlo todo coloqué un jarrón con los "pensamientos" - las flores que Aaron me llevó al hospital - en la mesa donde habíamos almorzado y muy a sabiendas de que no me iba a escuchar dije en voz alta "Gracias Aaron".
Debía reconocer que ese chico despistado podía suponer la salvación de la revista y, a pesar de que hacía menos de 24 horas el altercado que provocó era para mí una fuente inagotable que emanaba ira a raudales, en ese momento mi futuro laboral imperaba sobre todo lo demás y en ese campo, había que reconocer que Aaron Brooks fue una oportunidad caída del mismo cielo.
Al día siguiente me puse en marcha bien temprano. Llegué a Voice sobre las 8 y con un riguroso escrutinio revisé el contenido de aquel USB que copié en el disco duro de mi ordenador.
Hice una selección del material que más interesante le pudiera resultar a Catherine Harper y pinché en el botón de imprimir. No mucho más tarde vino su secretaria a avisarme de que la jefa me quería en su despacho.
No se necesitó demasiado tiempo para subir a bordo a Brooks, así que mucho antes de lo previsto nos hallábamos los dos fuera del despacho con la misión de guiarle hacia su nueva "casa".
- Enhorabuena Aaron, te dije que el puesto era tuyo.
- Gracias Alison, no solo me has dado una gran oportunidad sino que además me has hecho el camino más fácil.
- Curioso es el destino, que desde el primer momento has estado poniendo mi vida patas arriba y complicándomelo todo y sin embargo, ahora... estás aquí para hacerla de algún modo más fácil - y le clavé la mirada de un modo incisivo que finalmente se tornó a una mueca y acabamos riendo - Esto es serio Aaron - me sinceré - Sólo... no me decepciones. He confiado en ti ciegamente de un modo, quizás, precipitado. No es algo que acostumbre a hacer, pero si puedes repetir algo tan bueno como lo que he leído... no me desilusionarás.
- No pienso hacerlo - afirmó con una rotunda seguridad.
- Más te vale...Este es tu despacho.
- Mi...¿despacho? ¡Vaya! No me esperaba en absoluto tener un despacho para mí.
- En Voice nos gusta cuidarnos unos a otros. Mi despacho está justo enfrente, te aconsejo que te aprendas el camino, vamos a tener que trabajar en equipo. Yo voy a seguir con lo mio, que tengas un buen día.
Y me dí la vuelta rumbo al lado opuesto del pasillo. Cuando Aaron me llamó.
- Alison, ¡espera!.
- ¿Si?
- ¿Qué es lo que más impresión te ha causado de todo lo que leíste en ese pen-drive?
- Supongo que me impactó el ímpetu con el que defiendes la indecorosa pomposidad del amor. No hay muchos hombres que aborden ese tema. No de esa manera. Pero basta ya Aaron, demasiados halagos para tan solo dos días, no me gustaría que te acostumbraras a esta adulación continua. A partir de ahora tendré que ser más dura contigo - bromeé mientras retomaba mi camino.
El resto del día lo pasé enclaustrada en mi despacho recuperando el tiempo perdido. Dejé las persianas de las cristaleras que dan al pasillo y a las oficinas abiertas para no sentirme del todo incomunicada. Sólo salí de mi despacho para ir al servicio o estirar las piernas. Para mi dosis de cafeína tenía una bonita cafetera personal con la que me obsequió Catherine - conocedora de mi vicio al café - cuando me incorporé a la revista. Siempre tiene buenos detalles con los grandes fichajes. Me pregunto que le regalará a Aaron.
Cuando me fui de la revista era tarde y ya había oscurecido. Tan sólo unos cuantos editores y periodistas seguían rondando por el edificio. La luz del despacho de Aaron estaba todavía encendida pero le hice caso omiso. Estaba demasiado cansada. Así pues, me despedí de la secretaria que discutía por teléfono sin tapujos sobre temas de su vida personal y llamé al ascensor mientras rebuscaba mi móvil en el bolso.
(Continuará en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com)
Aaron aceptó mi propuesta antes de marcharse y una vez se hubo ido, me senté con cuidado en el alféizar de la ventana y sentí como si el tiempo se paralizara en el mismo instante que una inmensa calma invadía por completo todo mi ser.
Sabía perfectamente que Catherine me había prohibido pensar sobre el trabajo en mi día libre, pero estaba segura por el tono de voz que puso cuando le conté todo lo que me traía entre manos, de que el haberme saltado las reglas no le disgustaba en absoluto.
Decidí aprovechar el resto del día para construir un hogar y mandar todas esas cajas de cartón a freír espárragos de una vez por todas, así que pedí algo de comida china, puse en la minicadena una recopilación de música de los 60, y al ritmo de "The Letter" comencé a desempaquetar mi vida. Fui más eficiente de lo que en un principio imaginaba y me gustaba ver como cogía con firmeza las riendas de mi vida. Cuando terminé de ordenarlo todo coloqué un jarrón con los "pensamientos" - las flores que Aaron me llevó al hospital - en la mesa donde habíamos almorzado y muy a sabiendas de que no me iba a escuchar dije en voz alta "Gracias Aaron".
Debía reconocer que ese chico despistado podía suponer la salvación de la revista y, a pesar de que hacía menos de 24 horas el altercado que provocó era para mí una fuente inagotable que emanaba ira a raudales, en ese momento mi futuro laboral imperaba sobre todo lo demás y en ese campo, había que reconocer que Aaron Brooks fue una oportunidad caída del mismo cielo.
Al día siguiente me puse en marcha bien temprano. Llegué a Voice sobre las 8 y con un riguroso escrutinio revisé el contenido de aquel USB que copié en el disco duro de mi ordenador.
Hice una selección del material que más interesante le pudiera resultar a Catherine Harper y pinché en el botón de imprimir. No mucho más tarde vino su secretaria a avisarme de que la jefa me quería en su despacho.
No se necesitó demasiado tiempo para subir a bordo a Brooks, así que mucho antes de lo previsto nos hallábamos los dos fuera del despacho con la misión de guiarle hacia su nueva "casa".
- Enhorabuena Aaron, te dije que el puesto era tuyo.
- Gracias Alison, no solo me has dado una gran oportunidad sino que además me has hecho el camino más fácil.
- Curioso es el destino, que desde el primer momento has estado poniendo mi vida patas arriba y complicándomelo todo y sin embargo, ahora... estás aquí para hacerla de algún modo más fácil - y le clavé la mirada de un modo incisivo que finalmente se tornó a una mueca y acabamos riendo - Esto es serio Aaron - me sinceré - Sólo... no me decepciones. He confiado en ti ciegamente de un modo, quizás, precipitado. No es algo que acostumbre a hacer, pero si puedes repetir algo tan bueno como lo que he leído... no me desilusionarás.
- No pienso hacerlo - afirmó con una rotunda seguridad.
- Más te vale...Este es tu despacho.
- Mi...¿despacho? ¡Vaya! No me esperaba en absoluto tener un despacho para mí.
- En Voice nos gusta cuidarnos unos a otros. Mi despacho está justo enfrente, te aconsejo que te aprendas el camino, vamos a tener que trabajar en equipo. Yo voy a seguir con lo mio, que tengas un buen día.
Y me dí la vuelta rumbo al lado opuesto del pasillo. Cuando Aaron me llamó.
- Alison, ¡espera!.
- ¿Si?
- ¿Qué es lo que más impresión te ha causado de todo lo que leíste en ese pen-drive?
- Supongo que me impactó el ímpetu con el que defiendes la indecorosa pomposidad del amor. No hay muchos hombres que aborden ese tema. No de esa manera. Pero basta ya Aaron, demasiados halagos para tan solo dos días, no me gustaría que te acostumbraras a esta adulación continua. A partir de ahora tendré que ser más dura contigo - bromeé mientras retomaba mi camino.
El resto del día lo pasé enclaustrada en mi despacho recuperando el tiempo perdido. Dejé las persianas de las cristaleras que dan al pasillo y a las oficinas abiertas para no sentirme del todo incomunicada. Sólo salí de mi despacho para ir al servicio o estirar las piernas. Para mi dosis de cafeína tenía una bonita cafetera personal con la que me obsequió Catherine - conocedora de mi vicio al café - cuando me incorporé a la revista. Siempre tiene buenos detalles con los grandes fichajes. Me pregunto que le regalará a Aaron.
Cuando me fui de la revista era tarde y ya había oscurecido. Tan sólo unos cuantos editores y periodistas seguían rondando por el edificio. La luz del despacho de Aaron estaba todavía encendida pero le hice caso omiso. Estaba demasiado cansada. Así pues, me despedí de la secretaria que discutía por teléfono sin tapujos sobre temas de su vida personal y llamé al ascensor mientras rebuscaba mi móvil en el bolso.
(Continuará en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com)
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