lunes, 25 de abril de 2011

Un pequeño inciso

Llevaba tanto tiempo queriendo escribir aquí... Me resistí a hacerlo para no cortar el hilo de la historia que hacemos en común www.elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com y yo, pero ahora que la próxima parte es la final me tomo el derecho de saltarme la regla que yo misma me impuse y doy rienda suelta a mis deseos.

Dichosas nubes las que han intercedido en los soleados días de los que tanto provecho estaba sacando. Con el cielo encapotado viene el color gris-melancolía que asola hasta a la ciudad más bonita. Hasta a Granada.
Nos vamos. Nos despedimos dentro de nada. Y el concepto recién inventado por mi de "pre-nostalgia" me inunda los sentidos cada noche. Me coge desprevenida y me desgarra por dentro hasta que consigo decir "ya basta". Es imposible eliminar la insana sensación que la distancia tan cercana deja dentro de mi, aceptar el más que sonoro "es ley de vida" y quedarme con el consuelo de que los verdaderos amigos permanecen. Que quien debe estar, estará. Quienes deben permanecer, permacerán a países de distancia.
Una se va a México, otro se vuelve a Sicilia, una que se va a Bolonia y los otros tantos que se quedan.
Parece aun tan lejano. ¡Hasta Septiembre no me voy a Alemania!. Pero las despedidas empiezan en menos de un mes. Y no es solo el hecho de irme yo, sino que ellos también se van. Vosotros también os vais.
Me gustaría que este sentimiento no crispara tanto mis ánimos, que no me pillara por sorpresa y de repente convirtiera en banalidades todos aquellos pensamientos que ocupaban antes mi cabeza. Sin embargo, lo bueno de todo esto es que significa algo. Significa que duele porque me importan. Que nos duele porque nos queremos. Porque ellos son mi todo y mi todo se dispersa durante un año.
Pero ¿sabéis qué? Que cada parte crecerá y cuando vuelva a recomponerse, la estructura inicial será más sólida. Los trastos inservibles e impuros ya no existirán y solo quedará lo verdaderamente importante. El amor y la amistad.

Los pensamientos precarios de que solamente estando en la misma habitación estamos unidos quedaron atrás, junto a nuestra actitud pueril y nuestra adolescencia tardía.

No voy a negar que me de miedo. No quiero decirte adiós en un mes, Elisa. No quiero separarme de ti en Julio, Simón. No quiero vivir lejos de ti a partir de Mayo, Vicino. No quiero no poder disfrutar de vuestra compañía diaria, María y Fátima. No quiero no ver a toda la gente que me importa - vosotros sabéis quienes sois pues a quienes no me importan no les doy nada de mi directamente-. No quiero que llegue Septiembre y decir adiós. Pero no puedo estancarme en ese punto... ¡Cuántas cosas perdemos por el miedo a perder!
Pero la experiencia que está apunto de sucedernos pesa más que todo esto. Estoy segura de que seguiréis estando en la distancia, al igual que yo estaré para vosotros. De que cada uno vivirá un año brutalmente enriquecedor y eso es lo que importa. Que vanidoso por mi parte sería querer tenerlo todo y a todos en todo momento.

La Semana Santa ya ha pasado y con ella la cercanía de la familia, la vuelta a casa por vacaciones, la tranquilidad de mi hogar, la paz de mi pueblo, las caras que se echaban de menos, los compañeros del instituto, los amigos que tanto extrañaba y las procesiones. Todo con esos hilarantes momentos compartidos y ese ligero punto emotivo en cada situación y en cada persona.

Ahora toca volver a clase, volver a Granada...y empezar. Empezar a estudiar, empezar a aprovechar la primavera, empezar a decir hasta luego...
Y ser conscientes de que... "El verdadero amor cambia con el tiempo y crece, y descubre nuevas maneras de expresarse"

Ya os echo de menos. Pero vamos a disfrutar de lo que nos queda ¡aun más de lo que lo hemos hecho hasta ahora!


Foto tomada el Viernes Santo. Paso negro de Pulpí. (Pinchar en ella para verla en grande)

miércoles, 13 de abril de 2011

Mario Benedetti, Hagamos un trato

Compañera
usted sabe
puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo

si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo

si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo

pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted

es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.

domingo, 27 de marzo de 2011

Parte 25

(Continuación de la parte 24, sita en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/2011/03/parte-24.html)

Ni siquiera supe en qué planta estábamos. Había tenido los ojos cerrados todo el trayecto comprendido entre el coche y el interior de su apartamento. No habíamos despegado los labios y mis manos no habían soltado su cuello. Aaron demostró una pasmosa habilidad para desnudarme a la vez que sacaba las llaves y abría la puerta, cerrando tras de sí con un ligero puntapié. Me guió hasta su dormitorio empujando delicadamente con sus manos mi cintura. Todavía de pie frente a su cama, me puso de espaldas a él y besó mi cuello con ternura, mientras el pelo me caía sobre la espalda tras soltarme el moño. El vestido de seda comenzó a deslizarse cuerpo abajo dejando mis pechos al descubierto, entonces me di la vuelta y comencé a desnudarle con deseo mientras lo llevaba a la cama.

Parecía que conocía el mapa de su cuerpo desde mucho tiempo atrás, al igual que Aaron, una vez más, fue acertado en todos sus movimientos, como si ya hubiera imaginado este momento y supiera exactamente qué deseaba hacerme y cómo tenía que hacerlo.
La copa que me ofreció quedó olvidada entre el éxtasis del momento. Las horas pasaron sin que fuéramos conscientes de ellas, envueltos en el frenético devenir del placer que nos procesábamos el uno al otro. No sé en qué momento conseguimos separar nuestros cuerpos al menos lo justo para caer rendidos en un profundo sueño.

El sol que entraba por la ventana me hizo despertar. Me desperecé y mis sentidos se pusieron en marcha. Por la ranura de la puerta se colaba el olor de un exquisito desayuno en potencia. El aroma a beicon frito se entremezclaba con el sonido de la música dando lugar al ambiente lleno de encanto de un domingo por la mañana. Sin embargo, era jueves, y Aaron y yo debíamos estar en la oficina. Miré mi móvil y observé que no tenía ninguna llamada de Catherine lo que me hacía intuir que no nos echaban en falta. Era de esperar dado que nos encontrábamos en la víspera de la gala y todo el trabajo ya estaba hecho.

Como salí desnuda de la cama, abrí el armario de Aaron con total confianza y cogí una camisa con la que cubrirme. Antes de salir de la habitación, entré en su baño, me lavé la cara y me atusé un poco el pelo para intentar darle un aspecto mejorado al look de recién levantada.

En la cocina, que conectaba con el salón con una barra americana, estaba él preparando un zumo de naranja natural mientras canturreaba al son de Franz Ferdinand, que sonaba en la radio con su Do you want to. Me senté en un taburete a observar la escena, y ya de paso sus músculos, esta vez al descubierto ya que no vestía camiseta.

-Buenos días chef- le dije simpática.
- “Oh well I woke up tonight and said I, I'm gonna make somebody love me” –se dio la vuelta todavía canturreando una estrofa con lo que interpreté como un doble sentido- Estoy de acuerdo con lo que has dicho de “buenos días”, pero he de añadir también “Buenas noches”.
- “Muy” buenas noches – contesté devolviéndole una sonrisa.
- Ven aquí, prueba esto.
Me bajé del taburete y me acerqué a él por detrás, abrazando su torso al descubierto. Me tendió con una cuchara una especie de revuelto que me resultó exquisito.
- Mmm, ¡Qué rico! ¿Qué es?
- Aah…secreto del cocinero. Es una receta heredada. Si te lo digo mi madre me mataría.
- Pues si no voy a tener la oportunidad de saber que cómo se cocina, va a recaer sobre ti la responsabilidad de preparármelo siempre…- le dije mientras se daba la vuelta sin que yo dejara de envolverle con mis brazos.
- No me importará correr ese riesgo –contestó justo antes de besarme.

El ladrido de Shawn me hizo dar un respingón que hizo que nos separásemos. Aaron aprovecho para reírse de mí y yo, mientras me hacía la ofendida, me acerqué al perro.

-Está bien chico, vamos a tener que empezar a llevarnos bien –le decía mientras me arrodillaba frente a él- Estoy dispuesta a perdonarte el incidente del hotel, pero a cambio tendrás que dejar de darme esos sustos de muerte y ser un poco más benevolente conmigo, ¿de acuerdo? – Me ofreció un ladrido como respuesta - ¿ha sido eso un sí?- Y volvió a ladrar.
-Ves como es una bestia simpática y comprensible- me dijo Aaron que había observado divertido la escena.
- No está mal como comienzo, no.
- Vente, vamos a desayunar.

Parecía que toda la tensión se había esfumado allá donde hubieran quedado las barreras físicas entre los dos. Estuvimos cómodos y disfrutamos de la naturalidad que nos ofrecía el poder ser nosotros mismos sin intentar seguir los patrones de una jugada preparada, con respuestas y comentarios que pretendieran mostrarnos fuertes y despreocupados ante el otro.

La razón por la que no teníamos llamadas perdidas de Catherine era porque Aaron la había llamado esa misma mañana para decirle que, puesto que no había ningún asunto de urgencia a resolver, nos pasaríamos por la tarde por Voice. Así pues, tuve que poner rumbo a mi apartamento para asearme antes de ir al trabajo, no sin antes despedirnos. Dos veces.

Llegué a la oficina alegre y ligera. Con una sonrisa imborrable dibujada en la cara y con una perspectiva más oxigenada de las "sorpresas” que me traían los días. Observé a Aaron, ya en su despacho, haciendo unas llamadas. El edificio estaba levemente más vacío que por las mañanas, pero aun así había un movimiento incesante de papeles arriba y abajo.
Dejé el bolso sobre mi escritorio y mientras me quitaba la chaqueta puse la radio para escuchar las últimas noticias, estaba segura de que hablarían sobre la gala del viernes y mencionarían algo de Voice y de Monde. Y tal como intuía el locutor dijo así:
“Y a los apasionados de la prensa norteamericana os interesará saber que mañana va a tener lugar una gala en la que revistas de la talla de Monde, Voice, Folks y otras tantas de alcance internacional, se disputan un único puesto en la conocida News Corporation. Durante los últimos meses se ha estado especulando sobre quién podría hacerse con tal galardón y la guerra ha estado muy centrada entre la revista regentada por James Sandler y la de Catherine Harper, siendo esta última la que ha alcanzado los mayores índices de ventas con un novedoso diseño y un renovado contenido. Esta semana se han hecho numerosas acusaciones a Sandler, el cual, ha puesto en marcha a todo un equipo de abogados para que retiren del dominio público todo lo que haya sido escrito al respecto. Aunque todo apuntaba a que Voice se alzaría con la victoria, hoy nos llegan noticias de que Monde tiene todas las papeletas para ser la ganadora, lo cual resulta sospechoso teniendo en cuenta que no tiene a su favor los mejores resultados. News Corporation achacaría su éxito a la trayectoria de la revista Monde sin tener en cuenta los últimos índices de venta. Parece ser que se ha abierto una nueva guerra entre la opinión pública que se sitúa en un elevado 83% a favor de Voice y los grandes poderes que apoyan casi en su totalidad a la revista que lidera Sandler… […]”

Mi imperturbable sonrisa se borró de repente siendo sustituida por un semblante serio. Me dirigí corriendo al despacho de Catherine y por el camino me encontré con Aaron, quien hacía el mismo recorrido que yo tras haber escuchado, seguramente, la misma noticia.

En seguida se notó como el alboroto se extendía en forma de oleada por todas las mesas y oficinas conforme la gente se hacía eco de la noticia. Todo el mundo salía al pasillo y buscaba respuestas. Cómo podía ser que estando Voice tan por delante de Monde, éstos tuvieran a su favor a los grandes poderes. Era imposible. Todo el mundo simpatizaba con nosotros y no se trataba de ser prepotentes. Las estadísticas lo reflejaban.

-Catherine, ¿cómo es posible? – preguntaba Aaron a nuestra jefa.
- No lo sé Aaron…no lo sé.
- Yo creo saber lo que puede haber pasado – contesté de repente tras repasar el historial de mi ex marido – Estamos hablando de James Sandler. Si hay algo que a James no le falta es el dinero. Y si hay algo que James desea con enorme avaricia, es precisamente, tener más dinero. Por lo tanto, gastar unos cuantos millones en comprar a jefazos lo ve como una inversión de futuro. Estar en News Corporation, sus trapicheos y sus negocios le auguran más y más dólares para seguir corrompiendo. Pude estar abstraída el tiempo que estuvimos casados, pero seguía teniendo ojos y oídos, y por supuesto, interés en su trabajo. Creedme, se cómo opera. Es blanco y en botella. ¿Se os ocurre acaso otro modo de que Monde ganara tal y como se han desencadenado los últimos acontecimientos? El juego sucio es su patrón de actuación y James tiene mil maneras de romper las reglas y crearlas a su juicio.
- Para eso habría que tener juicio –puntualizó Catherine.
- Estoy de acuerdo contigo –le contesté yo – Esto va más allá de pertenecer a News’, se ha creado un juego a nivel personal. Una guerra en la que participamos Aaron, la revista, y por supuesto, yo. No tiene ética. James no tiene límites.
- ¿Y qué vamos a hacer? – preguntaba Catherine alterada.
- Encontrar la solución. –Dijo Aaron muy seguro de sí mismo – para eso nos contrataste, ¿no?

Aaron y yo recogimos nuestras cosas y nos dirigimos a mi apartamento para buscar una estrategia que nos salvara el culo una vez más. Ya acomodados en el salón, pedimos algo de cenar en servicio a domicilio y empezamos a discutir sobre el tema.

-Esta vez no nos va a servir ningún teatro del estilo de Kevin/Adam para salirnos con la nuestra.
-Por suerte no vas a tener que exponerte más de esa manera- espetó Aaron.
-¿Qué quieres decir con exponerme? –le pregunté.
- Pues quiero decir que aquí estamos ambos para buscar una solución, pero que eso no significa que tú te vayas a encargar de aplicarla personalmente Alison.
- Aaron, creo que me toca enfrentarme a la situación. Son demasiadas provocaciones por parte de James y no pienso quedarme sentada, cruzada de brazos, viendo cómo se ceba conmigo sin pensárselo dos veces.
- De ningún modo tienes que enfrentarte a él.
- No entiendo por qué dices eso. Tú lo hiciste. ¿Por qué no podría hacerlo yo?
- ¡Porque no quiero Alison!- contestó levantando la voz – No quiero que te haga más daño. No quiero que tenga el placer de cebarse contigo cara a cara. No quiero que vayas sola y por supuesto, no quiero que corras peligro –dijo esta vez con la voz más baja de lo normal.

Tras una larga pausa en la que pupila y pupila se hundían en una mirada que emanaba sentimientos contenidos, el repartidor que traía nuestra cena tocó el interfono. Algo más de 3 minutos estuvimos peleándonos Aaron y yo frente a la puerta para ver quién pagaba, hasta que el joven con la cara repleta de prominente acné nos instó a que le pagáramos y nos dejáramos de discusiones tontas. Finalmente ganó Aaron, que supo conquistar al chico del japonés con una propina más grande de la que yo iba a dar.

-Eres tonto- le dije para darme por satisfecha.
- Y tú una cabezona que no se deja invitar.
- Ya me has hecho el desayuno esta mañana. Esta vez me tocaba a mí.
- No te preocupes, puedes hacerme el desayuno mañana por la mañana – dejó caer Aaron con una sonrisa picarona, que se pronunció más después del pequeño empujón que le di.
- Saca tu cabeza de mi cama señor Brooks, tenemos mucho que pensar.
- Yo no he dicho nada de ninguna cama – me cortó- es más, aquí mismo estoy viendo un maravilloso sofá que…
- ¡¡¡Aaron!!! –reímos los dos.

Pasamos horas y horas discutiendo sobre diferentes alternativas a tomar para subsanar el imprevisto. No contábamos con mucho tiempo por delante pues estábamos a tan solo unas horas de la gala. Tanto Aaron como yo contábamos con numerosos contactos que añadidos a los de Catherine, creaban una gran lista de personas que podían hacernos más de un favor. Prometí que no iría en busca de James y acordamos un pequeño plan de acción para la mañana siguiente. Aaron y yo hablaríamos con un par de colegas, y procuraríamos que la imagen de News Corporation quedara muy manchada si obraban en contra de lo que todo pronóstico y todo ciudadano auguraban. Intentaríamos conseguir las pruebas que constataban que en un principio íbamos a la cabeza y alguna copia de factura o cheque que corroborasen el corrupto ingreso de James. En cuanto a éste último, lo dejaríamos ajeno a todo el barullo para evitar que tomara represalias o que elaborase un contraataque.

Desperté antes que Aaron, que yacía dormido profundamente tapado solo con una sábana. En seguidas me abordó la idea. Pero no, no podía faltar a la promesa que la noche anterior había hecho. No podía ir a buscar a James y arriesgarme a tirar todos nuestros planes por la borda. Arriesgarme a que Aaron desconfiara de mí una vez más. Sin embargo, necesitaba hacerlo, era un asunto demasiado personal. No había vuelto a ver a James desde los juicios que hubo tras el divorcio y necesitaba plantarle cara. Ponerle freno. Me vestí silenciosamente para que Aaron no se despertara y le dejé una nota sobre la mesita de noche, junto a un pequeño desayuno.
“Espero que puedas perdonarme pero tenía que ir a verle. No sé si podrías llegar a entender lo que toda esta situación me hace sentir, pero no puedo ser débil. No con él. No de nuevo. Disfruta de tu desayuno y deséame suerte.”

Firmé la carta y marqué un beso con el carmín de mis labios. Después le di otro a él en la mejilla y le susurré “Perdóname Aaron”.

Continuará en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/

lunes, 28 de febrero de 2011

Parte 23

Continuación de la parte 22, sita en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/2011/02/parte-22.html

-¿Dónde está? –preguntó Aaron dirigiéndose a Sophie y Vince.
-Aquí –contesté con una voz tenue.

Hice acopio de mis escasas fuerzas y procuré disculparme con Aaron. Sin saber muy bien por dónde empezar, me limité a dejar salir las palabras e intentar así arrancar parte de la culpa que sentía. Apenas hube empezado cuando Aaron me hundió en su pecho envolviéndome dulcemente entre sus brazos. Insistió en acompañarme a casa y asegurarse de que me metía en la cama sana y salva. Sophie dejó de explicarle las razones por las cuales eso era innecesario -pues ella venía a casa conmigo-, en cuanto comprobó que Aaron no estaba dispuesto a discutir sobre sus intenciones.
A la mañana siguiente, el impacto seguía presente, la incredulidad latente y la exhaustación palpitando en el aire. Aun así, no había tiempo que perder, no podía permitirme un día libre, por el contrario, necesitaba evolucionar en mi trabajo de un modo más notable del que acostumbraba dado que los últimos altercados habían complicado la situación en la que Voice se hallaba.

Llegué a la oficina intentando aparentar que la noche anterior no existió. De camino me paré a comprar algo de café y aproveché para llevarle también a mi secretaria y a Aaron. Cuando toqué en el despacho de éste último, él no estaba, así que entré y le dejé el vaso encima de su mesa con una nota que decía “Un chute de cafeína siempre ayuda a encarar los días de duro trabajo. Necesitamos hablar.”

La segunda parada fue en la mesa de mi secretaria. Los ojos de Helen albergaban todas las preguntas que contenía en su interior y que, en un intento de ser precavida, no quería realizar. De no haber sido así, seguramente una retahíla de preguntas habría explotado en el ambiente saliendo todas ellas de modo atropellado. Motivos no le faltaban.

-Esto es para ti Helen – le tendí con cariño su café.

Me miró sorprendida y entonces me dijo:
- ¿Cómo sabía que mi favorito es el café Vienés?
- Tu trabajo es soportarme y hacer lo que yo te pido, dicho a grosso modo. A mí también me gusta atenderte a ti, o al menos saber lo que te gusta.

Nada más entrar a mi despacho, recordé que tenía que ponerme contacto con Catherine para darle una solución al tema de las impresoras, así que llamé por la línea interna a Helen pidiéndole que me consiguiera una reunión con mi jefa. Tan pronto como colgué, tras un leve golpe en la puerta con los nudillos, mi secretaria entró algo tímida en el despacho.

- ¡Helen! Dime, ¿en qué puedo ayudarte?
- Señorita Cooper…
-Sabes que puedes llamarme Alison.
-Señorita Alison, - me resigné - no quisiera que me tomaras por cotilla ni indiscreta. Pero me consta después de escuchar tu mensaje que no estás al tanto de los últimos acontecimientos.
- ¿Más acontecimientos? No sé si podré soportarlo…
- Se dice que el Señorito Brooks le dio un susto ayer a James Sandler, y que además ha conseguido unas pruebas sobre algo de unos despidos improcedentes en Monde, ha logrado que se publique la noticia y ahora les está devorando la prensa. En cuanto a la impresión. Ya tenemos la mayoría de los números en nuestra sede. El señorito Brooks consiguió también que unas impresoras se pusieran a nuestra disposición sin decir ni mú. Así que cumpliremos el horario que Voice tiene, y mañana martes se lanzará el siguiente número. No faltará en ningún comercio.

No supe que decir. Mi cara de estupefacción debió servirle como respuesta a Helen porque ella tampoco me instó a contestar. Lejos de alimentarse de mi reacción para la dosis de “radio patio” que había entre secretarias, continuó ayudándome a poner todo al día.

-Señorita Alison, por Dios. No vaya usted a olvidarse de que este viernes es día 23.
- La gala…
-¡Exacto! La gala. ¿Tendrá usted vestido ya, no?
- Oh Helen…no he tenido tiempo de ocuparme de eso, pero descuida. Estaré lista a tiempo.
- El señorito Lévon, François Lévon, me dejó un mensaje para usted a primera hora de la mañana. Me dijo que usted…
-Tutéame Helen…
- Que tú, señorita Alison, te encontrarías indispuesta para organizarte y que no podía permitir que fuera hecha una cualquiera a esa gala. Así que se ha tomado la libertad de contratar a un peluquero y maquillador para que vaya a tu apartamento el mismo viernes y te atienda personalmente. Además… no quiero ser indiscreta ni cruzar mis limites pero… tenía esta revista de moda en mi mesa…y marqué algunos vestidos de esta temporada que me encantaría tener pero no puedo permitirme. Estoy segura de que alguno te gustará para el evento…

Me puse en pie y besé en la mejilla a Helen. Le agradecí de corazón todo el esfuerzo que estaba poniendo y me quedé con la revista para echarle un vistazo.

Estaba todo listo. El resto de la mañana transcurrió, gracias a Dios, sin mayores sobresaltos. Podía haberme ido a casa y descansar, pero las novedades se sucedían una tras de otra y preferí quedarme ahí donde todo ocurría. Empecé así a organizar el trabajo para la siguiente publicación de la revista cuando Sophie me llamó.

- Alison no te lo vas a creer…
- Es posible que sí que lo haga sea lo que sea…me empiezo a acostumbrar a las sorpresas…
- Esta vez es buena…pero dime primero… ¿Cómo estás? ¿Has visto a Aaron?
- Pues la verdad es que no… he ido a dejarle un café en su despacho y supongo que cuando lo vea me avisará… Por cierto Sophie… no sabes todo lo que ha hecho Aaron para…
- Si, si lo sé. Vince me lo ha contado todo. ¿Es increíble verdad?
- Lo es… Por cierto tú y yo no hemos tenido tiempo de hablar del tema, pero te debo una disculpa. Ya sabías que todo esto iba a ocurrir. Quiero decir, sabías que Ad… Kevin, no era de fiar… no te hice caso.
- Alison no seas tonta. Yo habría hecho lo mismo en tu lugar… No te culpes más, no has hecho nada que otra persona no hiciera.
- Gracias Soph…
- Caaaambiando de tema – dijo con tono divertido.
- ¡Dispara!- le insté divertida e intrigada.
- Señorita Cooper… a partir de mañana podrá usted estirarse tanto como quiera en su amplia cama. Lo he encontrado. ¡Lo he encontrado!
- ¡Tienes piso! No puedo creerlo. ¿Cómo es que un piso ha llegado a ser lo suficientemente bueno para ti?-me burlé.
- Pues… siendo un ático, muy amplio, con espacio para mis trabajos, muebles blancos, cocina enorme, una cama para mi sola…
- Caray, esto promete.
- ¡Sí!
- ¿Y cuando me vas a presentar a ese ático que te ha robado el corazón?
- Me gustaría hacer una inauguración el miércoles. Sé que con eso de la gala y con todo lo ocurrido es un momento algo delicado, pero nos vendrá bien a todos para despejarnos y volver a la normalidad. ¿No crees?
- Creo que es una idea genial. Allí estaré contigo.
- Gracias antigua compañera de piso –bromeó.

El café de la mesa de Aaron debió de helarse porque no apareció hasta media mañana. No pude esperar para comprobar si vendría a mi despacho así que yo misma fui en su búsqueda. Estaba atendiendo una llamada de teléfono así que esperé de pie en medio de la habitación mirando a la foto de su mesita. Entonces, de repente, supe cuál sería mi regalo de inauguración para Sophie.
Temía el momento en el que Aaron colgara el teléfono. Cómo empezar a hablar. Qué decirle. Por dónde empezar… Ese momento llegó y no me quedó otra que empezar por donde debía.

- Lo que has hecho es impresionante Aaron. No sé cómo agradecértelo. De hecho, empiezan a acumulárseme todos los motivos por los que tengo que compensarte…
- Bueno…por lo que veo has empezado trayéndome un café… no está mal.
- Está frío. Lleva ya unas cuantas horas sobre tu mesa.
- Lo siento esta vez yo. Tenía unos asuntos que tratar antes de venir.

Parecía frío y distante. Quizás dolido. Tenía motivos.

- Aaron. No me voy a compadecer de mi misma ni te voy a pedir que comprendas porqué me fui al Empire State con un hombre que había visto contadas ocasiones. Ni siquiera yo sé porque incliné mi balanza en ese instante hacia él…
- Alison esto no se trataba de un juego en el que debías de escoger entre dos amantes. Ni soy eso para ti, ni quiero serlo.
Se hizo un silencio y…
- A mí tampoco me gustaría que fueras mi amante… Ese no es el papel que quiero para ti en mi vida.

Interrumpieron la conversación para traer el correo, y tan pronto hubo salido el corresponsal del despacho retomé la conversación.

-En ningún momento pensé que todo esto llegaría tan lejos. Que perjudicaría a la revista, que se burlarían de mí… que James en algún absurdo momento, decidiría que no se había cebado todavía lo suficiente conmigo, y quisiera seguir complicándome la vida. La mayoría de las veces que me he dejado llevar por los sentimientos en temas del amor, me han dado de palos por todos lados, por eso de un tiempo a esta parte he sido cuadriculada, distante y cabezona. Durante meses me he privado de sentir, y he estado totalmente sola. Mi luto terminó y quería retomar mi vida en todos los aspectos, pasión y romanticismo incluidos. Pero no es fácil. No era fácil dejar de ser una desconfiada y deshacer mi coraza, por eso decidí cegar a mi razón y otorgarle todo el poder a mis impulsos.
- A fin de cuentas ese Kevin se llevó la mejor parte… con él fuiste capaz de hacerlo. Con otras personas no derrumbaste las barreras de un modo tan inmediato…
- Tienes razón – agaché la cabeza y di la conversación por terminada, no creí tener fuerzas suficientes en esa ocasión para enfrentarme a Aaron – Mejor me voy. Nos vemos en otro momento.
- No, no. Alison espera…
- Da igual Aaron. No te molestes. Reconozco que la culpa fue mía. Tú ya has hecho suficiente encargándote de enmendar todos mis errores frente a Voice. Que tengas un buen día.

Busqué en internet algún lugar en el que encontrar el regalo de Sophie. Eché las cortinas para que nadie me molestara y hojeé los vestidos que Helen había marcado. Uno de ellos debió de ser su favorito porque estaba lleno de señales con colorines que lo hacían destacar sobre los otros. Llamé a Versace y pedí que me lo enviaran a la oficina esa misma mañana.
Organicé todo el papeleo que tenía amontonado en la mesa y tomé otro café mientras esperaba que llegaran con mi pedido. Helen tocó la puerta inquieta y feliz, le di permiso y entró con el paquete en las manos.

-Señorita Alison, ha llegado esto para ti ¿Es lo que yo creo? ¿Lo es,verdad? ¿Puedo verlo? ¿Es el que yo marqué, si?
- Helen, Helen, Helen… -intenté cortarla mientras ella seguía parafraseándose a sí misma - ¡Helen!
- Perdón, soy una charlatana… ábralo –sonrió nerviosa.
- No Helen, no me corresponde abrirlo a mí. Este vestido es un regalo para ti. Así que te pertenece.
-¿Cómo es eso? ¡Está usted loca!...Digo, ¡Estás tú loca!...Quiero decir…
-No estoy loca, y relájate. Tengo que empezar a demostrar mi gratitud hacia todos aquellos que me hacéis la vida más fácil. Esto es solo un modo de darte las gracias por tu forma de acogerme desde que llegué a la revista. Ahora vete a casa y lúcelo. Aquí no hay nada más que hacer por hoy.

Helen me abrazó hasta que necesité recuperar mi respiración y le pedí que me soltara. De camino a casa llamé y pedí que me mandaran un vestido a casa, esta vez sí que era el mío.
Un poco de vino, algo de Jazz de fondo y una bañera rebosante de agua fue toda la medicación que me receté a mí misma para el resto de la tarde.

Aún envuelta en la toalla y con el pelo desenredado cayendo por la espalda, retomé en mi ordenador la búsqueda del regalo de Sophie. Me estaba costando más de lo que pensaba encontrarlo así que decidí llamar a Aaron y pedirle ayuda.

- Hola Aaron. Necesito tu ayuda… Una vez más…

Continuará en… http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/

martes, 22 de febrero de 2011

Parte 21

(Continuación de la parte 20, mitad 2, sita en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/2011/02/parte-20-mitad-2.html )

¿Os acordáis de ese sentimiento de niña del que os hablé en alguna otra ocasión?
Pues una vez más volvía a visitarme, empezaba a sentirme como una adolescente indecisa entre dos chicos, que hace malabares con uno y otro para evitarlos, cuando realmente lo que desea es llamar su atención. Un sentimiento digno de ser contado en el patio del instituto durante algún recreo.

Parecía que todas las intervenciones masculinas en mi vida me descolocaban por completo, desbancando casi en su totalidad a esa persona con las riendas bien cogidas que me consideraba.

Obviamente no tuve valor para rechazar una cita en la cumbre del Empire State, uno de los edificios más emblemáticos de toda la ciudad de Nueva York. Adam debió haber puesto mucho empeño para conseguir una mesa, ya que la lista de espera podría tenerte esperando durante semanas tachando días de tu calendario.
Por otro lado, no dejaba de sentirme culpable por desobedecer con tal prontitud las estrictas órdenes de Catherine y rechazar, una vez más, una cena con Aaron.

El mal sabor de boca se disipó tan pronto como me vi a mi misma del brazo de un Adam que parecía recién sacado de un catálogo, con su traje inmaculado y tendiéndome una orquídea con su mano. Decía que ni la flor más deslumbrante alcanzaba a irradiar la belleza que yo poseía esa noche.

La velada transcurrió ajena al mundo que se hacía parado a nuestro alrededor. Absorta en su conversación, me empapé de su voz y olvidé la música de fondo. Me deje llevar en su baile de palabras, donde me describía un Adam lleno de características que se hallaban en total consonancia conmigo misma. Una sintonía de personalidades que avanzaban al unísono.
Bebimos el vino más caro, me contó sus secretos más íntimos y me hizo enrojecer numerosas veces. Cuando me vine a dar cuenta, estábamos en su limusina, besándonos como dos seres hambrientos de una noche de amor y dejándonos llevar por las caricias. El traje impecable ya no cubría su cuerpo y pude observar unos brazos fuertes y un trabajado abdomen. Mis medias, se deslizaban piernas abajo. La oxitocina, después de meses de vacaciones, volvía al trabajo y subía intensamente.
Un casto beso en la mejilla, incongruente con el resto de la noche, fue toda la despedida que recibí ante la puerta de mi edificio.

La resaca emocional del día siguiente me mantuvo, hasta que llegué de la oficina a casa, con un mal presentimiento. El pertinente cuestionario que me esperó al llegar a casa por parte de Sophie me sirvió para exteriorizar mis sentimientos, y de paso para mí, ponerlos en orden.

Muchos de mis sentimientos eran incoherentes entre sí y eran tan cambiantes como mi conversación con Sophie. Comenzó con una regañina un tanto forzada. A ella le seguía pareciendo muy extraño ese abanico de coincidencias repentinas entre Adam y yo, y como era de esperar, no le parecía bien en absoluto la ausencia de una interposición de límites por mi parte. Fue solo cuando acepté que mi comportamiento había sido impropio de mí, que me había dejado llevar demasiado rápido por el momento y que la situación no me permitió ser tan racional como acostumbraba, cuando Sophie hizo que me relajara y, dándole la vuelta a la tortilla con la maestría de un chef, me hizo sentir merecedora de una noche de pasión tras tantos meses de absentismo sexual. Eso no fue todo, me hizo prometerle que de ahora en adelante andaría con más ojo con respecto a Adam ya que sus malas intuiciones con respecto a él, no las disipaba ni el Empire State.

Esa misma tarde nos pusimos rumbo al partido de los Knicks. No se trataba de hacerle un favor a Sophie y de acompañarla como amiga solterona a una cita a ciegas. No. Yo sentía pasión por el baloncesto puesto que mi padre me lo inculcó desde bien pequeñita. Así se lo hice saber a Aaron. Sí. Aaron era mi cita a ciegas.

-¿Tú sabías que era él verdad Sophie?- la abordé disimuladamente en un despiste por parte del resto del grupo.
-¡En absoluto! Y recuerda Alison… ¡Las casualidades no existen!

Esta vez me sentí plenamente cómoda. Habló él. Hablé yo. Y entonces me di cuenta de que apenas había participado en la conversación con Adam, era él quien la dirigió, otorgándose a si mismo la autoridad con la misma ligereza que James lo hacía, y con ese absolutismo que mi ex marido se adjudicaba. Así pues, una vez consciente de esto, decidí apartar de mi cabeza todo pensamiento ajeno a aquel momento.
No quería que la noche acabara, y sin embargo, las horas no dejaban de contar con una rapidez pasmosa. Cuando Aaron me besó y una oleada de sensaciones inundó mi cuerpo, todo ese muro que había construido y preservado con sumo cuidado entre él y yo, se derrumbó por completo. Y así lo debió notar él.

Cuando el teléfono sonó creí que fuera el despertador que anunciaba el final de un sueño. Algo parecido fue ya que tuvimos que aplazar nuestros planes colmados de lujuria e ir hasta Voice. Catherine me había avisado de que alguien se había colado en la sala de impresión. Habían saboteado varias máquinas y el empleado de seguridad estaba inconsciente. La policía iba de camino.

Cuando llegamos a las oficinas nos encontramos con cerraduras forzadas y un caos imperante en los despachos más importantes. El de Catherine, Aaron y el mío propio. Como nos habían anunciado las máquinas no funcionaban y una nube de humo invadía toda la sala. No necesitamos decirlo en voz alta porque en la mente de los tres nació de repente el mismo pensamiento. Todo lo que había ocurrido tenía un claro sello. Monde. Y un claro cabeza de turco, James Sandler.
La policía, nos ofreció ver los videos de seguridad al día siguiente, pero primero deberían analizarlos ellos.

A la mañana siguiente, nos citaron en una sala de nuestra misma sede de oficinas. Todos llegamos puntuales. La desesperación se podía leer en el rostro de mi jefa. Cuando el corresponsal de la oficina llegó, abrió su maletín y mientras sacaba un sinfín de papeles y su ordenador, no dejó de hablar ni un instante.

-Hemos identificado al individuo que sale en las cintas de seguridad que a continuación os mostraré. Se trata de Kevin Hoffman. No tiene un claro oficio, pero analizando sus patrones de actuación podemos involucrarlo en otros casos parecidos. Suele trabajar para grandes empresas o personajes muy adinerados, que lo contratan, por su suma discreción y sutileza para la copia de archivos importantes o la filtración de documentos importantes. No le hemos pillado hasta ahora porque pocos se pueden permitir el contratarle así que sus actuaciones son escasas. Apenas tenemos imágenes de él, sin contar con el hecho de que suele cambiar de estado y de aspecto físico continuamente, sin embargo, nuestro equipo ha sido eficaz y ha logrado identificarlo. A pesar de lo dicho le ofrecemos la garantía de que se trata de este tipo. En cuanto a quién lo ha contratado, es un trabajo mucho más difícil y ambiguo, pero teniendo en cuenta los destrozos de que ha causado y los archivos que ha filtrado, además de vuestra participación en la candidatura para ser adquiridos por News Corporation, somos conscientes de que podría ser acertado vaticinar que Monde está detrás de todo esto. Sabemos el poder que maneja James Sandler y su habilidad para cruzar los límites de la ley pasando desapercibido. Sin más dilación, aquí tenéis la grabación correspondiente.

Me pareció muy extraño que me resultara tan familiar el rostro y el aspecto físico de ese ladronzuelo de mala muerte. Tuve que pedir al agente que pausara un video en una escena que se dio justo antes de que el delincuente desconectara la cámara y la imagen desapareciera. De repente mi mano apretó con una fuerza correspondida la de Aaron cuando exclamé:
-¡Adam!
-¿Adam? ¿Lo conoces Alison? – me instó a contestar Catherine.
-Maldito hijo de puta. Tengo que salir…
-Pero Alison…- continuó Catherine.

Dejé con la carga de narrar los escasos detalles que conocía a Aaron, y le mandé un mensaje en el buzón de voz a Sophie donde le pedía que fuera a Voice y le contara a Catherine todo lo que sabía sobre Adam, o mejor dicho, Kevin Hoffman.

Decidí tomar la venganza por mi propia mano. Llamé a mi amigo François y le puse al tanto de todo, le pedí que me prestara uno de sus locales y que creara un escenario hollywoodense, para revivir un conjunto de las escenas de esas películas antiguas con las que supuestamente mi Adam ficticio había crecido. En el medio de todo ese escenario, habría una mesa para cenar y un catering contratado que preparase comida italiana y española, puesto que “Adam” tenía antepasados en esos países. El siguiente paso, comprarme un vestido largo ceñido al cuerpo, negro y con un escote frontal que terminaba encima del ombligo y realzaba mis pechos. Previo paso por la peluquería para hacerme un recogido bajo, dejé un mensaje en el buzón de voz de “Adam” fingiendo con una destreza merecedora de un Oscar: ¡Hola! ¿Qué tal va todo? Espero que mejor que a mi… he tenido un día muy duro en la oficina y necesito desconectar. Me toca a mí devolverte la maravillosa velada de la otra noche así que esta vez te invito yo a cenar. Te mando por email la dirección y la hora. Estoy deseando verte y que me lleves de nuevo a tu limusina... Un beso.

Mi cupo de humillaciones estaba completo. Lo más ruin que me podían hacer era volver a burlarse de mí, con tácticas estudiadas como si yo fuera un tablero de ajedrez. Ahora comprendía todos esos rasgos en común. Ahora sabía cómo había sido tan acertado con sus palabras, sus movimientos, su forma de hacer el amor. Pero lo rastrero no venía de su mano, Kevil Hoffman era solo un peón que hacía su trabajo. Era James el que necesitaba un escarmiento, y lo demoledor era no poder ser yo quien se lo diera. No por ahora.

Llamé a Aaron, a Catherine y les puse al tanto de mis planes. Les pedí que no hicieran nada hasta nueva orden. Ninguno de los dos estuvo de acuerdo con mis maneras pero ambos confiaban en mí. Aaron se mostró reticente y protector, y me atrevería a decir que incluso celoso aun siendo consciente de que todo era una farsa.

Todo estaba apunto cuando Kevin llegó. Me mentalicé de que debía actuar sin vacilar ni dejarme llevar por la rabia contenida, y así procuré hacerlo en todo momento. “Adam” volvió a llegar con otra orquídea que yo acepté con una entremezclada, a la par que fingida, inocencia y dulzura.
La velada transcurrió como siempre, con Adam centrado en sí mismo y procurando parecer perfecto. Se notaba que ya no necesitaba esforzarse tanto en sus mentiras, a partir de ese momento, donde ya tenían prácticamente todo lo que buscaban, yo me había convertido en un buen polvo que sería divertido mantener el poco tiempo que le quedara en esa ciudad.
En uno de los lados de esa preciosa habitación, que como era de esperar, causó una mal actuada sorpresa en él –al cual en realidad las películas de Hollywood se la traían al pairo- había una enorme cama con una colcha de seda roja que contrastaba con el blanco y negro de los cuadros antiguos que colgaban de las paredes. Poco tardó en arrastrarme hasta ella. Tuve que morderme los labios cuando comenzó a deslizar su mano por mi cintura.

-Tengo una idea Adam –le propuse- qué tal si hacemos más excitante este momento…
-¿Más aún? –contestó.
-Toda esta temática del cine me ha dado una idea… podríamos actuar un poco…
-Soy todo oídos…
-He traído esto… -saqué unas esposas y comencé a desabrocharme el vestido por la espalda - ¿me dejarás que las use contigo?
-Soy todo tuyo nena –me dijo mientras me besaba enérgicamente (lo cual me resultaba repugnante).
Cuando le desvestí y lo esposé al cabecero de la cama retomé la palabra…
-Tengo otra sorpresa para ti – su rostro reflejaba lo que sus calzoncillos me constataban- pero antes déjame decirte una cosa…- se hizo una pausa y… - no me gustan las orquídeas Kevin.
En ese momento cuatro policías entraron por la puerta y la cara de Kevin Hoffman dejó de actuar para reflejar la mirada malvada de ese ladrón de clase alta.

Continuará en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/

jueves, 10 de febrero de 2011

Parte 19

(Continuación de la parte 18, sita en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/2011/01/parte-18.html )

Sophie decidió invitarme a cenar para compensar, lo que según ella, suponía la carga de hospedarla mientras encontraba un buen piso donde mudarse. Distaba mucho de ser una molestia el tener de nuevo a Sophie a mi lado. Su sola presencia inundaba cualquier habitación de recuerdos, algunos cargados de dolor, otros ligeramente vergonzosos y la gran mayoría, inmensamente exquisitos. Mientras nos embriagábamos con el sabor del vino y el furor que causaban nuestras conversaciones, los platos desfilaban por delante de nosotras dos, que los engullíamos sin apenas mirarlos.

Partiendo de la premisa de que cualquier nimiedad que hubiéramos vivido era considerada de vital importancia, nos narramos de un modo incansable nuestros últimos ocho años. Habíamos mantenido el contacto pero ninguna de nuestras cartas contaba con demasiados detalles. Sophie me confesó que tenía en una carpeta guardados todos los titulares de prensa en los que salí, y todos los artículos que escribí que llegaron a sus manos. Incluso tenía dos de mis libros que me pidió, les firmara. Había intentado con ahínco seguir mi trayectoria desde la distancia y me había tenido presente en todo momento. Así, no era de extrañar que me sintiera una mala amiga cuando me contó su trayectoria profesional tan destacable, en la cual, yo no había participado de modo alguno.

Empezó estudiando Historia del Arte en la bella París. Los primeros tres años vivió en un hotel de prestigio, frecuentó las boutiques más caras y se hizo con pasmosa facilidad a la vida parisina; pronto dejó salir su parte más bohemia y se mudó a un gran ático que le hacía las veces de estudio, y no tardó en llenarlo de lienzos con su sello personal. Expuso sus obras numerosas veces, consiguió hacerse un nombre y cuando empezó a escalar la montaña del éxito, se dio cuenta de que no tenía nadie a su lado con quien realmente deseara compartir ese triunfo. Así pues, decidió volver a su natal Nueva York y abandonar de nuevo sus raíces, para así estar al lado de aquellas personas que jamás dejaron de estar presentes, a pesar de encontrarse a miles y miles de kilómetros de distancia.

Íbamos en taxi rumbo a mi apartamento cuando mi teléfono empezó a sonar.
-¡Es Aaron! – dijo Sophie dándome un codazo.
Curiosa exploré mi bolso hasta que logré dar con el móvil. Mientras tanto los nervios empezaban a alcanzar mi estómago. Miré la pantalla y…
-Es Adam.
-¿Adam?- dijo extrañada mi amiga.
-Hola Adam – contesté tapándole la boca con la mano mientras ella intentaba zafarse.
-¿Has visto la noche tan mala que hace? – decía su voz al otro lado del teléfono.
-Sí… está cayendo un buen chaparrón – contesté mirando a través de la ventana del Ford amarillo.
-Sería estupendo que la noche de mañana, por el contrario fuera estupenda ¿verdad?
-Mmm… sí… supongo.
-¡Perfecto! Pues que te aparece si te recojo sobre las ocho.
-¿A las ocho? ¿Mañana? – contesté contrariada.

Mientras tanto Sophie, movía enérgicamente su cabeza con un signo de negación.
-A las ocho es perfecto.

Ya estábamos metidas en la cama y Sophie no dejaba de renegar por haber aceptado la invitación. Todo argumento que me daba en defensa a su reticencia era que ese tal Adam, le causaba malas vibraciones.
-Que te lo digo yo Alison… confía en mí.
-Créeme, lo haría si lo conocieras o si tuvieras algo sólido sobre lo que basarte para decirme que no salga con él, pero me temo que lo único que te molesta es que Adam no es Aaron… y eso me lleva a la siguiente cuestión, ¿qué te ha dado a ti con Aaron?
-Que no cambies de tema, no hay nada más sólido que el hecho de que no me dé buena espina. Confía en mi, cabezota. Soy buena con esto de las intuiciones.
-Vale, igualmente voy a quedar con él, puesto que al contrario de lo que piensas, he dejado de ser una cabezota que se aferra a su vieja idea de que no hay que confiar en el primero que se te cruce, pero Adam… ha sido todo muy extraño desde el principio… ¿no te parecen demasiadas casualidades? Igual quiere decir algo…
-Las casualidades no existen, y precisamente ese saco ficticio de cosas en común, el que por primera vez en tu vida te roben y de modo inmediato aparezca tu príncipe azul…todo eso que tú llamas casualidades…yo lo califico de “sospechoso”
-Está bien… y porqué el modo en el que entró Aaron en mi vida no te parecen una serie de casualidades, que una tras otra nos han traido hasta el día de hoy...
-Porque tras un encuentro inesperado en común todo lo que se dio entre vosotros fueron causalidades, ¿entiendes la diferencia? CAUSALIDADES.
-A mí me parece lo mismo dicho con otras palabras…

Y así estuvimos discutiendo hasta que con un almohadazo en la cara de mi amiga, decidí dar por zanjada la conversación.

A la mañana siguiente todos los altos cargos de Voice estábamos en sala de reuniones, frente a Catherine, que nos comunicaba los últimos acontecimientos de la revista.
-Está bien equipo. Quedan menos de tres semanas para la fecha decisiva y Monde nos está pisando los talones. Sin embargo vamos a la cabeza y debemos mantener este puesto.
>> En una semana ocultan los porcentajes de venta para evitar conflictos entre las revistas que compiten por el puesto, así que andaremos a ciegas hasta el día de la gala. No podemos permitirnos despistarnos bajo ningún concepto. Os quiero a todos con los cinco sentidos, que digo con los cinco sentidos, con veinte si hace falta, todos puestos en esta revista. Nos hemos dejado la piel en hacer algo que valga la pena, algo que nuestros ciudadanos disfruten, algo que quieran tener en sus manos y amenice sus vidas cada vez que pasen una página. Algo que enseñe, entretenga, comprenda y anime a nuestros lectores. Es el último empujón… Sé que todos tenemos familia, una pareja, algunos hijos, y toda una vida llena de otras obligaciones a parte de venir a trabajar a estas oficinas cada mañana. Pero merece la pena. Vaya que si merece la pena. En cuatro días quiero todo el material del siguiente número encima de mesa.
>>Aaron. Alison – nos miró – os quiero más juntos que nunca. Comed juntos, escribid juntos, opinad juntos, decidid juntos, respirar el mismo aire si hace falta, y dormir juntos si eso va a hacer que la próxima entrega de Voice ponga los pelos de punta a este país. ¿Lo habéis pillado?
-Por supuesto Catherine, así será – contestó Aaron.

Cuando la reunión terminó y todo el mundo salió de la sala Aaron se acercó a mí.
-Catherine ha sido bastante clara y tajante. Habrá que acatar sus normas… - decía sonriendo- ¿qué te parece si empezamos cenando juntos?
-Me encantaría, de verdad, pero… tengo planes.
-Es cosa mía o parece que evitas cenar conmigo siempre. Te prometo que mastico con la boca cerrada…y créeme…puedo ser bastante educado. Si te hace sentir más cómoda, incluso evitaré poner los codos en la mesa.
-¿Sabes qué? No debería descentrarme, como has dicho, Catherine ha sido bastante clara. Déjame que haga una llamada desde mi despacho y arreglo lo de esta noche, solo tengo que llamar a…
-¿Adam?
-Eh…sí. Adam… Nos vemos en un rato.
-Hecho. – sonrió satisfecho.

Entré en mi despacho para llamar por teléfono a Adam y así cancelar la cita de esa noche cuando vi que tenía dos mensajes en el buzón de voz, los escuché antes de hacer esa llamada.

“Me estoy enamorando de este apartamento, como no encuentre algo pronto voy a tener que quedarme aquí a vivir… ¡Es bromaaa! ¿Qué tal tu reunión? Espero que genial ¿Estaba Aaron? Sí ¿verdad?... vale, vale, voy al grano, ¡que te estoy leyendo la mente! ¿Recuerdas a Vince? El chico del que te hablé… va a comprar entradas para ir a ver a los Knicks, quiere presentarme a sus amigos, ¿has oído eso? ¡Suena a presentación oficial! La cosa es que uno de sus colegas va con pareja y el otro…no, así que he pensado que tú podrías venir conmigo, así me servirás de apoyo. Además es baloncesto…sé que no te puedes negar. No hay más que hablar ¡Gracias! ¡Eres una amiga estupenda!”

-Esta Sophie…-pensé a mí misma sonriendo por tener otra vez esa fuente de vida a mi lado. Y pulsé para escuchar el siguiente mensaje.

“¿Alguna vez has cenado en lo más alto del Empire Ali?...” – ¡Adam!- “…espero que no, así esta noche podrá ser tu primera vez… que tengas un buen día.”

Continuará en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/

viernes, 28 de enero de 2011

Parte 17

(*Continuación de la parte 16, sita en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com/2011/01/parte-16.html )

"Buenos días Manhattan, es día 1 de Abril y estrenamos este nuevo mes con un sol escondido tras las nubes y unas aceras mojadas por la lluvia. Tengan cuidado de no resbalarse, pasen un magnífico día,y por mi parte, os dejo disfrutando al son del mítico Sweet child of mine..."

Como ya había anunciado la radio esa misma mañana, era día 1 de abril y tan solo nos separaban 22 días, 528 horas, 31.680 segundos de la gala donde se anunciaría el nuevo apadrinaje de News Corporation. Los mensajes con infinitas promesas de amor por parte de James, atestaban mi buzón de voz y el vertedero municipal debía estar repoblado por los numerosos ramos de flores que no dejaban de llegar a mi piso por cortesía de mi ex marido. Por eso, cuando la secretaria llamó a mi despacho anunciando que tenía visita y que el caballero que me esperaba llevaba una flor escondida en su chaqueta, creía que era otra maniobra de James con la que despistarme.
Lejos de estar en lo cierto, el hombre que entró por mi puerta era bastante más atractivo y algo más agradable.
- ¡Caray! ¿Adam Parker? –le estreché la mano.
- El mismo.
- Esto sí que no me lo esperaba. ¿Cómo…cómo me has localizado?
- Después de nuestro encuentro fortuito me dije a mi mismo que tenía que volver a verte…así que, bueno, es un poco vergonzoso…-bajó la cabeza- pero introduje tu nombre en un servidor de internet con la esperanza de encontrar algo sobre ti y…
- ¿Y…? – le insté a continuar esperando alguna mención de los artículos hablando sobre mi cornamenta.
- Y me sentí un estúpido por no haber reconocido a la mujer que me puso los pelos de punta en sus tantas publicaciones en Nowadays – contestó clavándome sus enormes iris verdes y con un ligero esbozo de sonrisa que me insinuaba su blanca y perfecta dentadura.
- Vaya… gracias.
- Me he tomado la libertad de traerte una orquídea.
- Gracias de nuevo pues…- sonreí.
A pesar de que Voice no tenía tiempo que perder pasé más de una hora –que luego debería recuperar- charlando con Adam. Resultó ser un arquitecto de Los Ángeles que apenas llevaba un mes en la ciudad. Su lugar de origen justificaba su bronceado y, su éxito, el Rolex que vestía en la muñeca derecha. Creía que yo era la única que llevaba el reloj en esa muñeca.
-Alison, me encantaría continuar la conversación en otro momento, pero ahora debo ir a una cita…
- Entiendo… – dije un poco contrariada mientras la acompañaba fuera de mi despacho.
- Oh…no, nono, no es esa clase de cita – sonrió – soy voluntario en un orfanato de Brooklyn y mi labor es entretener a esos niños un par de horas a la semana. Hoy vamos a enseñar a Charlie a jugar al baloncesto y no puedo hacerle esperar – esos dientes blancos asomaron otra vez.
Me quedé anonadada. De no sé porque en un día no le pudo haber dado tiempo a estudiarse mi vida, hubiera jurado que ese hombre sabía perfectamente lo que quería oír, ya que después de una conversación llena de rasgos en común, resultó que compartía mi debilidad por la ayuda humanitaria, aún si haber escuchado aparentemente, sobre mis sonadas donaciones a distintas asociaciones.

-No hagas esperar a Charlie entonces.
- Ha sido un placer verte de nuevo.
-Igualmente Adam, me alegro de haber estado en esta ocasión sentada en una silla y no tirada en el suelo- reímos ambos.
- Hasta otra Ali – únicamente James me llamaba así…- por cierto, te dejaron muy guapa en ese salón de belleza…

Aaron pasó por nuestro lado.
-Bueno, hasta otra Alison.
-Hasta otra Adam... Ah, hola Aaron.-le dije.
-Alison.-inclinó la cabeza y siguió su camino sin pararse.

Tuve que llamar a Carry, mi íntima amiga, y a François para cancelar nuestra cena de esa noche puesto que iba a tener que recuperar el tiempo perdido y trabajar hasta tarde. Fue entonces, cuando me obligaron a narrarles los últimos acontecimientos ocurridos en una llamada a 3, cuando me di cuenta de que mi vida cada vez se parecía más a la de una adolescente y de que los hombres, definitivamente, volvían a mí.
- Qué le vamos a hacer querida… -decía François- el amor es una enfermedad crónica de la que no hay forma alguna de desvincularse…
- Siempre te acaba encontrando… –apuntó Carry.
- Amén –puntualicé, y todos reímos.
Era tarde, apenas cuatro despachos mantenían las luces encendidas. Uno de ellos era el de Aaron. Lo observé a través de los cristales, parecía descentrado a la par que divertido. No paraba de hacer bolas de papel que más tarde encestaba, con un tiro limpio, en la papelera.
Preparé dos tazas de café y me acerqué a su despacho para ofrecerle una. Toqué a la puerta y tras recibir su permiso entré.
-¿Un día duro? – le pregunté mientras le tendía su taza de café.
-Eso creo… -contestó con un semblante más apagado que de costumbre- No sé, desde luego no tan divertido como tu número de esta mañana con Lily –sonreí- ni tan perfecto como el olor a tostadas y café del desayuno…
- “Cuando pienso que todo cuanto crece, dura en su perfección un breve instante, como de la mañana el sol radiante que, al avanzar la tarde se oscurece…”
-¿Shakespeare?
- El mismo.
Nuestras miradas llena de complicidad sostuvieron unos instantes de silencio.
- Vámonos ya a casa Aaron.
- ¿A la tuya o a la mía? – sonrió esta vez.
- Cada uno a la suya –le contesté devolviéndole la sonrisa.
Cuando llegué a casa, el evidente cansancio físico no era capaz de borrar la sonrisa que se asentó en mi cara. Cada vez se hacía más notable el gran cambio que mi vida había dado. Todo lo que tenía previsto para mi vida se desplomo, los esquemas se resquebrajaron, pero ya no me sentía desdichada. Todo lo que estaba sucediendo era nuevo para mí, o al menos, llevaba desde la universidad sin coquetear con hombres, sin dejarme besar por alguien que no estuviera unido a mí sentimentalmente, sin pensar en mi misma de forma individualista. Ahora definitivamente tenía cogido este barco por el timón y a veces, me sorprendía a mí misma soltando el mando y dejándome llevar por esta marea inestable que la vida resulta ser.
Estaba preparándome para dormir cuando alguien tocó el timbre.
- ¿Si?
- ¿Alison?
- Sí, soy yo.
- Alison, ¡Soy Sophie!
- Sophie… ¿mi pequeña aventurera?
- ¡La misma!
- ¿Pero qué haces ahí abajo enana? ¡Sube ahora mismo y entra en casa!
Sophie, era la hermana pequeña de una íntima amiga de la infancia, de esas que sientes como si llevaran tu propia sangre. Su hermana falleció cuando tan solo teníamos 16 años y desde entonces Sophie extrapoló sus admiraciones propias de la más pequeña de la casa y sus ojos con tendencia a idealizar hasta mí. Me convertí en su mentora, su hermana mayor y su firme defensora. La chica, que tenía antepasados franceses, decidió irse a estudiar a la capital del amor, Paris, y desde entonces, toda la relación que tuvimos fue a través de cartas y correos electrónicos. Cuando me despedí de la pequeña Sophie tenía tan solo 18 años y ahora venía reconvertida en una mujer de 26, con unos ojos marrones que albergaban todavía la sencillez y la ilusión de una niña con ansias de vivir amando todo lo que encontraba a su paso.
Nos pusimos al día muy por encima y dormimos abrazadas como casi 20 años atrás.

(Continuará en http://elcalidorincondelprocrastinante.blogspot.com)