Y cuando pensaba que Granada, que mi vida universitaria, ya no tenía más flechazos guardados para mí llega la Psicología Transpersonal y, no solo me mueve por dentro, sino que además me hace otro gran regalo en forma de "Ella".
Y cuando pensaba que ya no escribía sobre personas que irrumpen en mi mundo llenándolo de luz. Justo cuando no esperaba a nadie más que despertara a todas las mariposas de mi estómago. Llega su amistad como una crisálida apunto de eclosionar, dándole la vida a algo lleno de belleza y corazón.
Que un "gracias" siempre es poco cuando la vida te pone personas así en tu camino. Personas de las que dices "no necesito más de un minuto para saber que eres importante para mí, pero si me lo concedes solo puedo confirmar que algo precioso está naciendo de aquí".
Qué bonito es el comienzo de una amistad tan sana. Qué bonito es cuando no conoces de nada a alguien pero sientes tantas cosas por dentro que no puedes sino confiar a ciegas en ella y abrirle un hueco enorme y cálido en tu vida.
El amor romántico siempre me motivó a escribir, pero pocas amistades han despertado en mí ese sentimiento de "te he encontrado y no te voy a dejar escapar". Quizás sea porque pocas venían acompañadas por la intuición y porque menos aun tenían como celestina a la energía.
Sé que compartimos las sensaciones, las ganas, la ilusión y las mariposas. Sé que esto es algo igual de especial para las dos. Pero sobre todo sé que algo muy grande nos aguarda y que vamos a estar ahí para disfrutarlo de la mano.
En estos casos, me paro a preguntarme cómo tengo tanta suerte. Cómo me pueden pasar estas cosas tan bonitas a mí. Me resulta tan especial que hasta las dudas me asaltan y me dicen... "no puede ser verdad, algo saldrá mal" Pero qué tontería... Si es precisamente todo lo contrario...que cuando las almas se encuentran, los sentimientos implosionan, y poco puedes hacer porque todo ya está escrito.
Gracias vida por cuidarme regalándome personas y momentos como este. Gracias Alicia, por nada, pero a la vez por todo. Seguiremos juntas en el camino.
miércoles, 14 de noviembre de 2012
martes, 16 de octubre de 2012
X.XII #1
Y después de que Marte se fuera, de que las habitaciones se descongestionaran de la oscuridad pastosa y de que los inconfortables se quedaran enganchados en hojas ya pasadas del calendario, vuelve el calor de la noche. El no irme a dormir con la mente en mil lugares salvo en mi cuerpo, el no pasar el frío de una soledad que se me antojaba incluso abandono.
Era absurdo no reconocer Granada. Pero más absurdo fue cuando casi me sorprende que nos reencontráramos. Yo volvía a ser yo, y por consiguiente, ella volvió a ser ella. Y ahora soy otra vez esa loca que se sorprende riendo sola, sin más motivo que canalizar la alegría que se le agolpa en la garganta.
Me gustan las neveras compartidas, los "buenos días cacahuetes", el candor de la cordobesa, los delirios in college que se suceden mientras el pelo de BLANCA, pasa de ser AZUL a ser VERDE. Me gusta estar feliz de camino a casa, porque me espera un hogar y porque me esperan ellas. Me gusta que María esté aquí.
Es cierto que ni mil giros de manta, nórdico o plumón, abrigan mis noches como lo hace su cuerpo tatuado.-Él-. Que el despertar y el soñar, sin que su beso les preceda, caen precipitadamente en la vacuidad. Pero el equilibrio está haciendo su trabajo, y a los días no les queda otra que colmarse de luz. Ahora todo tiene más color. Y me lo merezco. Voy a saborearlo.
Era absurdo no reconocer Granada. Pero más absurdo fue cuando casi me sorprende que nos reencontráramos. Yo volvía a ser yo, y por consiguiente, ella volvió a ser ella. Y ahora soy otra vez esa loca que se sorprende riendo sola, sin más motivo que canalizar la alegría que se le agolpa en la garganta.
Me gustan las neveras compartidas, los "buenos días cacahuetes", el candor de la cordobesa, los delirios in college que se suceden mientras el pelo de BLANCA, pasa de ser AZUL a ser VERDE. Me gusta estar feliz de camino a casa, porque me espera un hogar y porque me esperan ellas. Me gusta que María esté aquí.
Es cierto que ni mil giros de manta, nórdico o plumón, abrigan mis noches como lo hace su cuerpo tatuado.-Él-. Que el despertar y el soñar, sin que su beso les preceda, caen precipitadamente en la vacuidad. Pero el equilibrio está haciendo su trabajo, y a los días no les queda otra que colmarse de luz. Ahora todo tiene más color. Y me lo merezco. Voy a saborearlo.
jueves, 20 de septiembre de 2012
La misma ceremonia
Una vez más. La misma ceremonia. La del empaquetar y desempaquetar. La del limpiar y el ordenar. La de coger carrerilla. La de empezar. El augurio de una nueva etapa. La cuarta. Y esta vez, más que nunca, saber que va a ser especial, que es el principio del final y hay que disfrutarlo. Que los minutos cada vez corren más deprisa y que el tiempo, que de esperar no sabe, a fuerza de lecciones demuestra que es el mejor metrónomo de la vida.
Y si hace tiempo que los "márchate" se fueron y los "quédate" se instalaron, no puedo sino degustar este momento, que es todo lo que tengo. Cerrar los ojos y jugar con mis castillos del aire porque ahora más que nunca, sé que no necesito dormir para vivir un sueño.
Y si hace tiempo que los "márchate" se fueron y los "quédate" se instalaron, no puedo sino degustar este momento, que es todo lo que tengo. Cerrar los ojos y jugar con mis castillos del aire porque ahora más que nunca, sé que no necesito dormir para vivir un sueño.
sábado, 18 de agosto de 2012
Paréntesis
Pudieron ser los aniversarios de una sensación, una avalancha de miedos infundados o sencillamente los días rojos de Audrey Hepburn en Desayuno con Diamantes. Menos mal que El Poder del Ahora es mi almohada y a fuerza de comprender lo absurdo me reorienta continuamente.
jueves, 12 de julio de 2012
Acción de gracias #3
Si yo lo sé. Que en algunas ocasiones necesito que me recuerden dónde está el norte, que cuando se me vuelve la energía espesa, a veces, me enredo en sinsentidos que no llevan a ninguna parte y necesito que vengas a pararme los pies. Pero sé hacerlo enseñando los dientes, sé hacerlo sonriendo a la vez y sin perder la compostura. Por eso irradio color aun cuando las horas son monocromaticamente hostiles. Y cuando hay truenos no corro a guarecerme sino que aplasto la cara en el cristal aguardando, preparada, el próximo relámpago. Pero a veces los pequeños vórtices de mi cuerpo dejan de girar impetuosamente en la dirección de las agujas del reloj, y la luz se quiere engalanar vistiendo de negro. Y yo no la dejo. Por eso doy gracias. Gracias porque tengo todos los flancos de mi bienestar cubiertos. Porque da igual donde caiga, tengo un ángel a cada costado que me ayuda a sacudirme el polvo y seguir mi camino. Gracias.
jueves, 21 de junio de 2012
Balances
Que cuando le decía "¡Cállate, cállate y márchate!" nunca se fue. Permanecia impasible ante sus palabras con la mueca de indiferencia plasmada en su semblante. Y eso a ella le crispaba, le quemaba las ganas y le helaba las ilusiones. Le decía "no te soporto, vete" y el ánimo se le reía. Se le reía tanto que sus músculos se agarrotaban y los hombros se le volvían de acero. Estuvo meses tragando días espesos, y días contando horas inmóviles. Y no se iba. Así que aprendió a escaparse. Aprendió que si ello no se iba, se iría ella. Se zafaba de su tiranía saltando a los brazos pintados que la aislaban de la realidad. Pero había que regresar, y cuando regresaba, ahí seguía estando. Se seguía riendo, y la seguía amenazando. El invierno discurrió sin paciencia y con amargor. Haciendo de fines de semana escapadas astrales y de la compañía del chico de las agujas su abstención de realidad. Pero Marte se fue en febrero y la punzante visita que ponía a prueba sus fuerzas desapaceció con él. Los hombros se volvieron laxos y los músculos se destensaron. La tormenta pasó, se fue con el frío. Los cambios se volvieron rutina y solo quedaron las lecciones aprendidas, la fuerza adquirida y las ganas de que el Sol por fin sentenciara la paz. Aprendió a dejar de escaparse y a enfrentarse con coraje a la perturbación. Los brazos pintados la abrazaron con más fuerza. Y a veces le siguen asaltando las ganas de gritar, pero hace tiempo que los "márchate" se fueron y los "quédate" se instalaron. Hace tiempo que los gritos son por exceso de felicidad y los improperios son la única forma de expresar una maravilla tan obvia.
miércoles, 30 de mayo de 2012
Veganismo y radicalismo.
En más de una ocasión, a lo largo de mi pequeña trayectoria como vegana, e incluyendo el tiempo en que fui vegetariana, se me ha tachado de ser una intransigente radical por escoger esta manera de pensar y de alimentarme. Nunca he sido una persona de extremos ni me he considerado radical en la mayoría de las opciones que he tomado en mi vida. No he defendido demasiadas cosas a capa y espada porque apenas tropecé con nada que tocara de verdad mi fibra más sensible. Por otro lado, si algún adjetivo me define medianamente bien, os aseguro, que no es “intransigente”. Suelo empatizar mucho. Lo hago aun con aquellas personas cuyas ideas me parecen que escapan totalmente de las manos de la lógica y de la moral. Puedo llegar a entender por qué una persona actúa como actúa y piensa como piensa, pero que lo entienda no significa ni mucho menos que lo comparta. Pienso que cada uno de nosotros tiene una historia vital y unas condiciones que le han llevado a ser quien es, incluso aunque sus comportamientos nos resulten inexcusables. El bien y el mal son términos muy relativos que gozan de una subjetividad tan extrema que hace que sus significados se tambaleen y se vuelvan constructos difusos. Todos tenemos una idea hecha sobre lo que es correcto, a veces esas ideas gozan de radicalidad, y otras veces son algo más endebles, pero obcecar en esa idea y pretender hacerla absoluta –ahí es donde entra la intransigencia- es siempre un error, independientemente de la doctrina en la que se apoye y de los fundamentos que contenga, porque cada uno tiene derecho a vivir su vida como decida, siempre que no sea en detrimento del bienestar ajeno –ese es el quid de la cuestión-. Yo he crecido en un entorno cómodo, en un pueblo tan aislado que no he sentido la necesidad de pensar y reflexionar sobre cómo estaba viviendo o sobre lo que ocurría en el mundo, así que durante muchos años me he limitado a vivir mi vida permaneciendo ajena a todo y a pastar del mismo pienso que el resto de los borregos. Abrir los ojos conlleva llevarse un buen bofetón de realidad y exige tener una personalidad muy equilibrada para impedir que el odio te consuma, porque sí, vivimos en un mundo fácilmente odiable y detestable. Ser radical, siempre que no vaya de la mano de la intolerancia, permite aferrarse a los valores que uno tiene y luchar por ellos de verdad. Implica comprometerse con una idea y procurar siempre obrar a favor de ella. Significa saber lo que uno quiere y lo que no quiere a ese respecto, y significa dotar de alma una decisión avalando su prosperidad con tus actos. El ser radical elimina un problema de raíz y no titubea a la hora de actuar. Pero yo comprendo que mi objeto de radicalidad no sea el tuyo, y comprendo que cada uno haya de comportarse acorde con su idea de lo que está bien o lo que está mal, la cual es enormemente subjetiva. Por eso, cuando quiero hacer algo bueno por este mundo, intento quedarme con la idea más sencilla y universal de lo que el bien representa para mí: RESPETAR A TODOS AQUELLOS CON LOS QUE CONVIVO EN ESTE MUNDO, INCLUÍDA YO MISMA, Y NO PERJUDICAR CON MIS ACTOS EGOISTAS EL BIENESTAR DE LOS DEMÁS. Ser vegano es una de las pocas acciones con las que haces algo bueno objetivamente hablando. Por eso, elegir no matar ningún tipo de animal para después comértelo, hacerte un bolso o un champú, sí, es una idea radical, pero no le veo la connotación negativa que le ponen por ningún lado. Y por eso, buscar en internet qué marcas experimentan en animales para no comprarlas es algo extremista, y además es algo correcto, porque estás a favor de la vida, porque apoyas el derecho de vivir y morir de una forma digna y actúas con coherencia haciéndolo. Por eso no me da igual que los rollitos de primavera del chino lleven “muy poquita carne, casi no se nota eh”, porque no necesito comerme un animal para disfrutar de un alimento o para estar nutrida. Y quizás, por primera vez en mi vida, soy radical en algo porque pienso que es bueno no consumir absolutamente nada de origen animal. Pero no insultes al objeto de mi radicalidad, porque yo simplemente he elegido vivir dejando vivir, y eso, es una de las pocas cosas en las que la palabra “correcto” deja de ser subjetiva.
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